¿Quién es DUEÑO de la ciudad?

 
Jockin Arputham sugiere maneras en que la gente que vive en los barrios bajos puede escapar del ciclo de pobreza y enfermedad.

En los países en desarrollo, la gente pobre vive en barrios bajos y asentamientos ilegales donde servicios públicos como agua, saneamiento y electricidad faltan por completo o son inadecuados. La gran mayoría de sus viviendas son pequeñas, destartaladas, no aptas para habitación humana – y presa de los elementos. Todo esto tiene implicaciones directas para la salud pública, al fomentar la mala salud y las enfermedades.

La gente pobre paga más para servicios esenciales que sus equivalentes más adinerados. Cuando una familia cae enferma de diarrea en una de estas barriadas y debe hacer uso frecuente de los excusados públicos pagos, literalmente puede ver su jornal del día desaparecer por el desagüe. Las mujeres en los barrios bajos a menudo deben comprar agua a precios que no pueden permitirse pagar o pasar largas horas recolectando agua. La electricidad con frecuencia es provista por intermediarios que cobran varias veces más que el precio de las empresas de servicio público. Todos estos gastos para artículos o servicios públicos, a los cuales todo el mundo debería tener derecho, erosionan el estándar de vida de familias de por sí ya apenas capaces de llegar a fin de mes con sus magros ingresos. Y cuando la gente está enferma y no puede trabajar, sus ingresos se ven afectados y la pobreza aumenta. La muerte de la persona que es el sostén de la familia significa la caída en picada en una crisis económica para todos los miembros del hogar.

Pero después de todo, ¿quién es dueño de la ciudad? Las élites políticas y burocráticas – y las clases medias – dependen del trabajo de los pobres urbanos, pero los consideran a ellos y sus viviendas como una mancha en el paisaje, una monstruosidad que es necesario eliminar.

Los pobres trabajan como recolectores de basura, peones de albañil, vendedores de legumbres, obreros de fábrica, sirvientes domésticos, tiran de carretillas, etc. Proveen mercancías y servicios que la mayoría de los habitantes de la ciudad pueden pagar.

Pero cuando es cuestión de su vivienda, la ciudad les vuelve la espalda. El planeamiento no ofrece suficiente tierra a precios asequibles. En Mumbai, el 55% de la población vive en barrios bajos, ocupando sólo alrededor de un 8% de la tierra habitable. Las barriadas son demolidas, y los habitantes de estos barrios bajos viven en constante inseguridad. Mas es poco lo que se logra con estas demoliciones – la gente simplemente cambia de una parte de la ciudad a otra. ¿Acaso los encargados de formular las políticas que se niegan a reconocer esta realidad sinceramente creen que la gente retornará a sus aldeas o sus pueblos cuando han venido a las ciudades en busca de oportunidades que no existen en su aldea natal?

Las demoliciones obligan a los pobres a gastar dinero en reconstruir sus viviendas, empujándolos aún más a la pobreza. Y también afectan a sus ganancias. Las familias pobres trabajan en su casa para generar ingreso, pero la inseguridad les impide invertir capital en sus minúsculos negocios, y así mejorar las condiciones de su existencia.

Herdinand de Soto explica por qué los pobres en el Sur son incapaces de hipotecar sus casas para obtener préstamos para pequeñas empresas por carecer de un título claro y evidente para su tierra. Arguye que el capital de los pobres excede toda la ayuda proporcionada por el Banco Mundial y otras agencias internacionales – pero sigue improductivo. Los intentos para aliviar la pobreza de los barrios bajos y los asentamientos ilegales en el Sur son elaborados e implementados por agentes externos, expertos y consultores privilegiados, instituciones financieras internacionales, agencias de ayuda multilaterales y bilaterales y gobiernos a todos los niveles.

Un pequeño grupo de personas encargadas de tomar las decisiones deciden el curso de acción y hay pocas consultas con la mayoría de las personas afectadas, y prácticamente ninguna clase de participación de su parte. Se paga jarabe de pico al concepto de la participación del pueblo, pero la democracia “en la raíz” apenas existe en la práctica. En particular, valores patriarcales muy arraigados mantienen a las mujeres confinadas a la domesticidad y no les permiten entrar al mundo público del gobierno y la administración.

¿Cómo podemos invertir radicalmente estas tendencias? En primer lugar, formando las capacidades de las organizaciones de la gente pobre de manera que su voz pueda ser oída allí donde es importante; en segundo lugar, movilizando a las mujeres para permitirles participar activamente en la vida pública; y en tercer lugar, formando alianzas estratégicas con agencias externas tales como organizaciones no gubernamentales, gobiernos, instituciones dominantes y agencias internacionales.

Ninguna política y ningún programa será capaz de obtener éxito a menos que los pobres, sobre todo las mujeres, participen en el diseño y la implementación de aquellas políticas y programas que les afectan directamente. Es necesario influenciar a las políticas y los programas de los actores clave para hacerlos favorables a los pobres. Hace falta realinear los roles y las relaciones de manera que las organizaciones basadas en la comunidad tengan una participación mucho mayor en la gestión y el gobierno – únicamente fortaleciendo semejantes organizaciones en la base será posible lograr que los partidos políticos y los gobiernos den cuenta de sus acciones.

Los planes de urbanización y desarrollo de las ciudades deben tener en cuenta las necesidades de los pobres. La tenencia debe ser asegurada. No debe haber demoliciones sin reasentamiento. Y debe ofrecerse tierra e infraestructura a los pobres a precios asequibles.

Debemos crear espacio para la esperanza construyendo ciudades inclusivas, y esto únicamente sucederá cuando los pobres urbanos se conviertan en autores de su propio destino, más bien que personajes en un guión escrito por otros


Jockin Arputham , residente de un barrio bajo, es Presidente de la Federación Nacional de Barriobajeros de la India, una organización del pueblo formada por personas que viven en la calle y barriobajeros de más de 30 ciudades en la India. Es ganador del premio Magsaysay 2000 para el entendimiento internacional.

PHOTOGRAPH: UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Respuestas a la mala salud | Encarando la pobreza de agua | Todo está relacionado entre sí | Incrementemos el producto natural bruto | Pongamos fin al SIDA | ¿Quién es dueño de la ciudad? | La nutrición | En breve: La pobreza | Concurso | Informe especial del Banco Mundial: Una doble carga | La contaminación no es justa | Humo y fuego | Rompiendo el círculo del veneno | Farmacias para la vida | Opinión: Cambio – o deterioro | El Atlas Mundial de los Arrecifes de Coral




Artículos complementarios:
John Chilton: Dry or drowning? (Fresh water) 1998
Harsha Batra: The planet does not belong to grown-ups only (UNEP 25) 1997
James D. Wolfensohn: Crucibles of development (Human settlements) 1996
Rachel Chatterjee: Designing sustainable solutions (Human settlements) 1996
B.H. Holomisa: Healing past scars (Human settlements) 1996