Respuestas a la mala salud

 
Gro Harlem Brundtland describe los vínculos entre la pobreza, la salud y el medio ambiente y recomienda medidas prácticas.

Veinticuatro años atrás, como joven ministro para el medio ambiente en Noruega, recibí un llamado a medianoche informándome que había ocurrido un escape en el yacimiento Ekofisk en el Mar del Norte. Tras una semana de intensa gestión de crisis, se logró tapar el pozo, y por fortuna el daño ambiental fue menor de lo que se había temido.

El escape de Ekofisk en Noruega fue un momento crucial para el pueblo de Noruega y para sus políticos. Por primera vez se reconoció el medio ambiente como un asunto que debía asumir un lugar en el centro del desarrollo económico del país. El escape no sólo presentaba una amenaza para las aves y para la costa – si bien esto era suficientemente serio. Era una amenaza para nuestro desarrollo entero como una nación.

Todo cambio societal importante comienza cuando el impacto de algún asunto es reconocido y comprendido. Durante los años 1980, el reconocimiento mundial del impacto económico ejercido por el cambio medioambiental significó que el problema se convirtiera en un asunto de interés para los líderes del mundo y los encargados de tomar las decisiones.

A través de la creación de consciencia entre la sociedad civil y los medios de comunicación, la importancia económica, política y social de la degradación del medio ambiente se ha convertido en un asunto para votantes, políticos y gobiernos por igual.

Desde los años 1980 a esta parte se han hecho importantes progresos en los asuntos ambientales: nuevas convenciones mundiales, reducción de la contaminación en muchos países, y viva consciencia del valor y la importancia de las políticas racionales relativas al medio ambiente.

Pero al mismo tiempo se han producido desarrollos menos bienvenidos. Las emisiones de dióxido de carbono están aumentando y las actuales medidas internacionales no son suficientes para prevenir importantes cambios en el clima y el nivel de los mares.

En el curso de los últimos tres años, también hemos visto un “despertar” de consciencia pública respecto a la importancia de la salud para el desarrollo.

Alarma mundial
Lamentablemente, hizo falta la aparición de la epidemia del VIH/SIDA para crear la consciencia mundial del vínculo entre el desarrollo económico y la salud. El Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan afirma que: “el SIDA ya no puede continuar su mortal trabajo en la oscuridad. El mundo ha empezado a despertarse.” Aterra pensar que llevó 22 millones de muertes y más de 13 millones de niños huérfanos para actuar como despertador mundial. Hoy, 36 millones de personas en el mundo viven con el VIH/SIDA.

Uno de los líderes en la guerra contra el VIH/SIDA fue un chico de Sudáfrica llamado Nkosi Johnson. Complicaciones relacionadas con el SIDA se llevó la vida de Nikosi en junio de este año, apenas cumplidos los 12 años, pero no antes de que había dado un rostro humano a la tragedia que es la pandemia del SIDA. Nkosi fue una cara, una imagen – un pobre niño que sufría de SIDA. Cada una de los 36 millones de personas que sufren de VIH/SIDA es un ser humano que merece nuestra compasión, nuestro compromiso y nuestra acción.

Más allá del sufrimiento, enfermedades como el SIDA, la malaria, la tuberculosis y muchas enfermedades infantiles tienen una conexión directa con la pobreza. Al nivel individual, caer enfermo puede significar la ruina económica para 3.000 millones de personas que ya tratan de sobrevivir a duras penas con menos de 2 dólares por día. Al nivel nacional, las nuevas investigaciones revelan que las enfermedades consumen miles de millones de dólares del producto interno bruto (PIB) de los países en desarrollo.

Hace ya casi dos años, con el objeto de incrementar el entendimiento de la relación entre salud y desarrollo formé la Comisión de Macroeconomía y Salud. La Comisión publicará su reporte a fin de año, pero ya ha reunido poderosas pruebas que demuestran el papel sustancial que juega la salud en determinar las perspectivas económicas de las comunidades pobres del mundo.

La carga del VIH es muy pesada. Las tasas de 10 a 15% de preponderancia del VIH – que ya han dejado de ser poco comunes y se consideran bajas para algunas regiones – pueden traducirse en una reducción del PIB de hasta 1% por año. La tuberculosis, que es exacerbada por el VIH, da cuenta de pérdidas equivalentes a 12.000 millones de dólares del ingreso de las comunidades pobres.

Es probable que el PIB de Africa sería alrededor de 100.000 millones de dólares más alto en la actualidad si se hubiese encarado el problema de la malaria 30 años atrás, cuando se disponía por primera vez de medidas de control efectivas para detener su propagación. Hoy día, 500 millones de casos de malaria por año llevan a la pérdida de varios miles de millones de días de trabajo productivo.

Los asuntos relacionados con la salud y con el medio ambiente se combinan en una demanda unificada de políticas de desarrollo sostenible. A menos que emprendamos medidas drásticas en el curso de los próximos dos o tres años, las tendencias negativas ambientales y de salud, juntas, amenazarán la vida de miles de millones de habitantes sobre la Tierra con enfermedad, degradación del medio ambiente y catástrofes naturales.

Mirando hacia el futuro se nos presentan dos situaciones posibles, radicalmente diferentes. La elección de cuál de estas posibilidades habrá de convertirse en realidad depende del nivel del compromiso y la acción política mundial.

La primera de estas dos posibilidades presenta un escenario de pesadilla. Podríamos ver la extensa propagación del VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria y un aumento de la resistencia antibiótica a los tratamientos existentes. Los cambios climáticos podrían llevar a la difusión de enfermedades como la malaria fuera de su dominio tropical, y un aumento en las condiciones de tiempo extremas y los desastres naturales causarían muerte y enfermedad. Además, podríamos enfrentarnos con creciente inseguridad alimentaria.

Lamentablemente, esta es la dirección en que estamos yendo si no emprendemos medidas inmediatas y radicales.

Una alternativa positiva
La segunda situación es una alternativa auténtica y positiva. Es una alternativa en la cual la mortalidad asociada con las principales enfermedades infecciosas, incluso la malaria, la tuberculosis y el VIH/SIDA, es drásticamente reducida mediante una inversión mundial concertada en la salud, en la cual asuntos como el calentamiento de la Tierra y la contaminación grave se combaten mediante vigorosas medidas internacionales, en la cual negativas globales, tales como el uso, venta y marketing de tabaco y otras sustancias o productos peligrosos, se manejan a través de una regulación negociada internacionalmente.

Yo me siento optimista de que podemos elegir este segundo camino, y que decidiremos seguirlo. El cambio de pensamiento fundamental entre los líderes mundiales y los encargados de tomar las decisiones hacia el reconocimiento de la conexión causal entre la pobreza, la salud y el medio ambiente ya ha llevado a medidas positivas emprendidas a los más altos niveles de la toma de decisiones.

Los líderes de países en desarrollo y naciones industrializadas se han unido para hacer un llamado a una mayor inversión en la salud para los más pobres del mundo. La Organización de las Naciones Unidas es la punta de lanza de la creación de un fondo dedicado a combatir el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis. La meta es recaudar entre 7.000 y 10.000 millones de dólares en moneda nueva cada año durante diez años por lo menos.

El nuevo Fondo Mundial SIDA y Salud no tardará en canalizar nuevos recursos, sin excesiva burocracia, para proyectos que han demostrado ser efectivos. El enfoque es revolucionario y habrá de reformar la manera en que utilizamos la ayuda al desarrollo.

Pese a los recientes reveses sufridos en el esfuerzo mundial para proteger nuestro medio ambiente, soy optimista de que los hechos – y la comprensión cada vez mayor del impacto ejercido por la degradación ecológica mundial – acabarán por convencer a nuestros líderes de tomar las difíciles decisiones necesarias para asegurar que las generaciones que seguirán a la nuestra puedan disfrutar de una vida rica y buena en las décadas y los siglos venideros


Dr. Gro Harlem Brundtland es Directora General de la Organización Mundial de la Salud.

PHOTOGRAPH: Zambelli Renato/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Respuestas a la mala salud | Encarando la pobreza de agua | Todo está relacionado entre sí | Incrementemos el producto natural bruto | Pongamos fin al SIDA | ¿Quién es dueño de la ciudad? | La nutrición | En breve: La pobreza | Concurso | Informe especial del Banco Mundial: Una doble carga | La contaminación no es justa | Humo y fuego | Rompiendo el círculo del veneno | Farmacias para la vida | Opinión: Cambio – o deterioro | El Atlas Mundial de los Arrecifes de Coral




Artículos complementarios:
Oral A. Ataniyazova: Ask us, involve us (Disasters) 2001
Kristalina Georgieva: Disproportionate effects (Beyond 2000) 2000
Madeleine K. Albright: Changing course (The environment millennium) 2000
Mark Malloch Brown: Empowering the poor (The environment millennium) 2000
Leslie Roberts: Focus: Environmental degradation (Oceans) 1998