En Breve: La pobreza


“La pobreza es la peor forma de contaminación,” proclamó Indira Gandhi ante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano en Estocolmo en 1972.

Sus palabras, cuya verdad no ha hecho sino corroborarse con el devenir de los años, conmocionaron entonces sobre todo a los países industrializados, donde se concentra la mayor parte de las emisiones que constituyen un subproducto de la riqueza.

Los pobres de todo el mundo sufren más que nadie los daños medioambientales; padecen en proporción abrumadora las enfermedades y muertes causadas por la contaminación; son las mayores víctimas de la degradación de la naturaleza; viven cerca de fábricas contaminantes, de enclaves con residuos tóxicos; sufren de modo extremo la desertificación y la deforestación, y soportarán de forma desproporcionada los efectos del calentamiento mundial.

Sin embargo, comparados con los ricos, los pobres contribuyen poco a la contaminación y al cambio climático. Con frecuencia actúan como agentes directos de la excesiva utilización de las tierras y de la tala de bosques, pero lo hacen empujados por su pobreza y por el desigual acceso a los terrenos. Así comienza para ellos un círculo vicioso que les obliga a destruir los recursos naturales de los cuales dependen y empeorar su miseria. De este modo, tanto el crecimiento de la riqueza como de la pobreza infligen un gran perjuicio a nuestro planeta. En ambos casos, los pobres resultan las víctimas. Un mundo más equitativo sería más sostenible para el medio ambiente, y viceversa. Así pues, podríamos completar el pensamiento de la señora Gandhi, afirmando que “eliminar la pobreza sería una de las mejores formas de protección medioambiental”.

Geoffrey Lean



Más de cuatro de cada cinco personas de los 3 millones que mueren anualmente por la contaminación del aire se encuentran entre los más pobres de la Tierra. Paradójicamente, la gran mayoría de ellas no vive en pueblos ni en ciudades contaminadas, sino en el campo. Son víctimas de uno de los peligros medioambientales más letales y menos conocidos: la contaminación del aire provocada por la quema en lugares cerrados de estiércol, leña y residuos de cosechas. Este humo envenenado con cientos de productos químicos tóxicos perjudica a niños, ancianos y a los individuos más sanos. Como resultado, cada año mueren por ello unos 2 millones de personas (1,8 millones en las áreas rurales).

Las aguas insalubres constituyen el contaminante más mortal del mundo. Según el Banco Mundial, cada año mueren por enfermedades diarreicas unos 3 millones de personas (la mayoría niños). Aquí también, la mayor parte de las víctimas se concentra entre los pobres de los países en desarrollo. Desde principios de los años 1980 se ha progresado enormemente: unos 2.000 millones de personas de países en desarrollo han podido beber agua potable por primera vez y unos 400 millones tienen acceso a servicios de saneamiento básico. Pero muchas veces los más pobres no logran beneficiarse, de ahí que más de 1.000 millones de individuos continúen sin agua potable y más de 2.000 millones carezcan de saneamiento.

Los pesticidas representan una grave amenaza para los granjeros y agricultores pobres que carecen de ropa protectora y de conocimientos sobre cómo utilizar los productos químicos; con frecuencia ni siquiera pueden leer las instrucciones de uso. Se cree que unos 25 millones de personas se envenenan cada año con pesticidas, y cientos de miles mueren.

La gasolina con plomo – prohibida en la mayor parte de los países desarrollados y utilizada ampliamente ahora en los países en desarrollo – representa una amenaza para el cerebro de los niños. Los estudios realizados en ciudades de países en desarrollo han revelado que la mayoría de los niños menores de dos años presentan concentraciones de este metal tóxico que podrían perjudicar sus habilidades mentales. Los más pobres son los más vulnerables, pues ya sufren de malnutrición y suelen vivir junto a carreteras muy transitadas.

Los pobres, tanto de los países desarrollados como en desarrollo, están expuestos a mayores riesgos procedentes de fábricas, carreteras, vertederos y otros peligros contaminantes porque suelen vivir cerca de estos lugares. Más de 71% de los afroamericanos de Los Angeles habitan en áreas muy contaminadas, frente a sólo un 24% de las personas de raza blanca. En las grandes ciudades estadounidenses, los niños de raza negra corren tres veces el peligro que los blancos de contener en su sangre niveles peligrosos de plomo. En Gran Bretaña, un 86% de los incapacitados por asma proceden de las clases sociales más bajas. En la India, los efectos del desastre de Bhopal se multiplicaron debido al asentamiento de chabolas ubicado a sólo 5 metros de la fábrica.

La desertificación amenaza el sustento de 1.000 millones de las personas más desfavorecidas de la Tierra. Casi la mitad de los más pobres del mundo vive en tierras marginales y se les está empujando hacia terrenos incluso más frágiles a medida que cosechas rentables acaparan las zonas fértiles, creando un círculo vicioso de desertificación y pobreza.

El calentamiento mundial golpeará más duro a los más pobres y profundizará las desigualdades. Muchas teorías vaticinan un descenso de las precipitaciones en áreas donde la lluvia ya escasea y donde habitan muchos de los más pobres. La sequía perjudicará las cosechas y aumentará la falta de agua en muchos países en desarrollo de Asia, Africa y América Latina. Los pobres que viven en zonas propensas a sufrir inundaciones serán los primeros en padecer la elevación del nivel del mar. Se prevé que un aumento de 1 metro inundará un 17% de la superficie de Bangladesh.

Los pobres dependen de la biodiversidad natural para su alimentación, medicinas y combustible; unos 3.000 millones de personas, la mitad de la población de la Tierra, dependen de la medicina tradicional para curar sus enfermedades. Por ello les perjudica especialmente la pérdida de biodiversidad provocada por la tala de bosques, la sequía de los humedales y la destrucción de otros habitats.

PHOTOGRAPHS: UNEP/Topham, Lorraine Adams/UNEP/Topham, UNEP/Topham, L. Abou-Zeid/UNEP/Topham, Jovanovic Zovan/UNEP/Still Pictures, Zhui Yi/UNEP/Still Pictures, UNEP/Topham, Betty Press/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Respuestas a la mala salud | Encarando la pobreza de agua | Todo está relacionado entre sí | Incrementemos el producto natural bruto | Pongamos fin al SIDA | ¿Quién es dueño de la ciudad? | La nutrición | En breve: La pobreza | Concurso | Informe especial del Banco Mundial: Una doble carga | La contaminación no es justa | Humo y fuego | Rompiendo el círculo del veneno | Farmacias para la vida | Opinión: Cambio – o deterioro | El Atlas Mundial de los Arrecifes de Coral



Artículos complementarios:
Kristalina Georgieva: Disproportionate effects (Beyond 2000) 2000
Mark Malloch Brown: Empowering the poor (The environment millennium) 2000