Informe especial del Banco Mundial:
Una doble carga

 
Ian Johnson y Kseniya Lvovsky
explican por qué es la salud de los pobres que más sufre por los peligros medioambientales, tanto tradicionales como moderno

Ya hace mucho que se ha reconocido que el ambiente en que vive la gente afecta su salud de forma significativa – desde el nivel de su hogar hasta el de la comunidad y al nivel mundial. Se estima que en los países en desarrollo, 3 millones de personas mueren cada año de enfermedades relacionadas con el agua y 2 millones de personas mueren a causa de la exposición al humo de las cocinas en el interior de su casa. La mayor proporción de estas muertes recae sobre los infantes y los niños pequeños, seguidos de las mujeres, de familias rurales pobres que carecen de acceso a agua segura, saneamiento y combustibles modernos para el hogar. Más de 1 millón de personas mueren todos lo años de malaria transmitida por vectores, la vasta mayoría en Africa asolada por la pobreza. Otro millón más mueren de contaminación atmosférica urbana, y hay razón para creer que aquí también son los pobres quienes más sufren.

Impactos desconocidos
Muchas políticas y reglamentos medioambientales fueron motivados por asuntos de salud pública. Sin embargo, hasta hace poco se desconocía la verdadera magnitud de los impactos sobre la salud ejercidos por la exposición a diversos peligros ambientales, y la contribución relativa de estos peligros. Recientes estimados de Murray y López publicados en The Global Burden of Disease (La Carga Mundial de la Enfermedad) (Harvard University Press, 1996) basados en los trabajos sobre la carga mundial de las enfermedades – sugieren que la muerte prematura y la enfermedad debida a grandes peligros medioambientales para la salud da cuenta de una quinta parte de la carga de enfermedad en el mundo en desarrollo – comparable a la desnutrición y mayor que todos los demás factores de riesgo evitables y grupos causales de enfermedad. Por contraste, estos peligros contribuyen menos del 5% de la carga de enfermedad en los países ricos, a pesar de niveles mucho más altos de urbanización, desarrollo industrial y consumo de energía, por lo general asociados con problemas de contaminación ambiental y de salud.

Por otra parte, los habitantes de los países ricos también disfrutan de mejor salud general: la carga total de enfermedad y muerte de todas las causas por millón de habitantes es alrededor de la mitad de la que se encuentra en los países en desarrollo. No obstante, la carga de enfermedad por peligros medioambientales es inferior por un factor de diez. Esto subraya el factor básico, si bien a menudo pasado por alto, de que, si bien la expansión de la industria, la generación de energía, el transporte y otros atributos del desarrollo económico trae nuevos retos medioambientales, las mayores amenazas para la salud humana provienen de las malas condiciones de vida que son resultado de la falta de desarrollo y expansión. Por ende, los peligros medioambientales para la salud pueden agruparse en dos categorías amplias, a saber:

  • Peligros tradicionales, relacionados con la pobreza y la falta de desarrollo, tales como falta de agua segura, escaso saneamiento y eliminación de desechos, contaminación atmosférica en lugares cerrados, y una amplia propagación de vectores de enfermedad (v.gr. malaria).

  • Peligros modernos, causados por un desarrollo carente de medidas preventivas medioambientales, tales como contaminación atmosférica urbana y exposición a productos químicos y desechos agroindustriales, incluso exposición ocupacional.

Los peligros ambientales tradicionales afectan sobre todo a los países en desarrollo y a los pobres en particular. Su impacto excede el de los modernos peligros para la salud en una proporción de 10 a uno para Africa, 5 para los países asiáticos (a excepción de China), y 2,5 para el Medio Oriente. Las enfermedades transmitidas por el agua, causadas por el suministro inadecuado de agua y saneamiento, imponen una carga de salud especialmente pesada en las regiones de Africa, Asia y el Pacífico. En la India solamente, más de 700.000 niños menores de cinco años mueren anualmente de diarrea. Más de la mitad de los hogares del mundo usan combustibles fósiles sin procesar, especialmente biomasa (residuos de cultivos, leña y estiércol) para cocinar y calentar sus casas en cocinas y estufas ineficaces sin ventilación adecuada, exponiendo a los habitantes – principalmente las mujeres y los niños pobres – a altos niveles de contaminación de espacios cerrados (ver recuadro). Alrededor de la mitad de todas estas muertes – casi 1 millón – ocurren en la India y China. Las enfermedades transmitidas por vectores son afectadas por una gama de condiciones y factores ambientales, incluso por agua contaminada y estancada, alcantarillas abiertas y ciertos tipos de saneamiento, desagües de tormenta obstruidos, y por las inundaciones. En Africa solamente, la malaria es responsable de unas 800.000 muertes por año. Un estudio de la salud ambiental en el Estado de Andhra Pradesh en la India halló que la carga de enfermedad debida a riesgos tradicionales recae en forma desproporcionada sobre el 40% más pobre de todos los hogares. Al mismo tiempo, los resultados de la salud ambiental muestran significantes variaciones que no pueden explicarse simplemente por la condición económica de un hogar, y por ende reflejan otros indicadores de desarrollo humano aparte de la mera medida económica.

A la inversa, las modernas amenazas para la salud humana prevalecen en países industrializados que han logrado reducir de forma drástica la exposición de sus ciudadanos a los peligros ambientales tradicionales. Empero, aún mayor causa de preocupación es el hecho de que la contribución de los peligros medioambientales modernos para la carga de enfermedad en la mayoría de los países en desarrollo es similar a la de aquella en los países ricos – y en varios es aún mayor. La contaminación atmosférica urbana, por ejemplo, alcanza sus niveles más altos en China, la India y en un número de ciudades en Asia y América Latina.

Los pobres urbanos son los más afectados por la contaminación atmosférica porque a menudo viven en zonas y barrios densamente poblados que usan combustibles domésticos sucios, queman basura en sitios cercanos, y se encuentran cerca de corredores de tránsito o establecimientos industriales. Viajan en vehículos abiertos o andan a pie, y pasan mucho más tiempo al aire libre. Así, los pobres del mundo están sufriendo cada vez más la “doble carga” tanto de los peligros medioambientales tradicionales como de las amenazas ecológicas modernas para la salud.

Por consiguiente, la salud medioambiental es otra dimensión más de la naturaleza multifacética de la pobreza. Las conexiones entre la mala salud medioambiental y otras dimensiones de la pobreza son complejas y múltiples, y se refuerzan unas a otras en varias maneras. Típicamente, los pobres se enfrentan con mayores peligros medioambientales debido a que viven en lugares insalubres – tales como tierras bajas o marginales – y carecen de servicios de infraestructura básicos como agua limpia y saneamiento. Son más vulnerables debido a que – a resultado de educación e información insuficientes, agotadoras tareas cotidianas y miseria – son menos capaces de adaptar su conducta para moderar su exposición, y son más susceptibles a los efectos de semejantes exposiciones debido al efecto simultáneo de varios factores – tales como la exposición al humo en espacios cerrados y los patógenos transmitidos por el agua – exacerbados por la desnutrición y la inadecuada atención de la salud.

Tendencias futuras
La rápida urbanización, y la incontrolada expansión de los barrios bajos, están cambiando el cuadro de los problemas medioambientales de la salud y planteando importantes nuevos retos en Africa. Aumentan la “doble carga” para los habitantes urbanos y semiurbanos, agregando peligros causados por el transporte moderno y la contaminación industrial a las exposiciones provenientes de combustibles sucios para cocinar, estufas primitivas, hacinamiento, y escaso acceso a agua y saneamiento. La malaria también está convirtiéndose en un problema urbano en ciertas partes del mundo, en parte a resultado de fallas de infraestructura como por ejemplo los sistemas de alcantarillado inadecuados. Es probable que los cambios climáticos habrán de empeorar esta situación, mientras que la mundialización y la liberación del comercio podrían exacerbar la transmisión de ciertas enfermedades.

Los retos medioambientales del desarrollo y la mundialización requieren medidas concertadas – pero los costos medioambientales mucho más altos para la salud resultantes por vivir en la pobreza y carentes de infraestructuras básicas y otros servicios no deben descuidarse. Las mejores políticas se ocuparán de ambos tipos de daño para la salud en una manera sinergística – incluyendo aquellas que fomentan un vigoroso crecimiento y las estructuras para un buen gobierno, y que al mismo tiempo pueden salvaguardar el medio ambiente y responder a las necesidades de los pobres. En ocasiones será inevitable hacer ciertos sacrificios de compensación, pero ellos siempre deberán hacerse con la plena comprensión de todos los efectos sobre la salud.

Una mejor infraestructura y mejores servicios energéticos para los hogares y las comunidades son condiciones clave en la mitigación de los más serios peligros medioambientales para la salud. Y así lo son las intervenciones encaminadas a mejorar las viviendas y controlar los vectores, incluso sistemas de atención de la salud efectivos y políticas de educación equitativa. Por ejemplo, medidas como el mejoramiento del agua y el saneamiento, mejor energía doméstica, el control de los vectores y la gestión de la contaminación podrían prevenir hasta un 29% de la carga total de las enfermedades en Africa Subsahariana. Las intervenciones del sector de la salud dirigidas a los grupos de enfermedades asociadas con estos peligros medioambientales podrían reducir la carga en otro 28% más. Se ha encontrado que la provisión de suministros de agua a los hogares rurales es una de las intervenciones de salud preventiva más rentables en la India. La reducción de los peligros modernos exige medidas encaminadas a evitar y disminuir la contaminación; éstas, a su vez, requieren el establecimiento y el cumplimiento de estándares medioambientales, el desarrollo de una cultura de cumplimiento ecológico, y la creación de incentivos efectivos.

Los recursos de los gobiernos en los países en desarrollo se ven severamente limitados y acosados por una multitud de necesidades sociales apremiantes. La movilización de inversiones e iniciativas del sector privado – para financiar la infraestructura y mejorar la prestación de servicios en zonas urbanas y rurales dentro de un marco de regulación racional que incluya salvaguardias medioambientales – es vital para alcanzar estas metas.

Un enfoque holístico
El vínculo entre el medio ambiente y la salud pone de relieve que las mejoras en la salud de la gente requiere un enfoque holístico, multisectoral para mitigar riesgos importantes mediante la integración de operaciones rentables en las áreas de infraestructura y desarrollo humano, y la formación de instituciones efectivas a todos los niveles del gobierno, incluso en las comunidades mismas. Un enfoque holístico es particularmente importante para mejorar la salud de los pobres, quienes son los más vulnerables tanto a los principales peligros medioambientales como a las deficiencias en la prestación de atención de la salud. La Estrategia para el Medio Ambiente del Banco Mundial – elaborada en extensa consulta con diversos interesados directos en países clientes, otros donantes y organizaciones no gubernamentales internacionales – considera a la salud medioambiental como una prioridad capital y llama a un mayor enfoque en este resultado principal del desarrollo en las operaciones del Banco a través de todos los sectores relevantes


Ian Johnson es Vicepresidente del Banco Mundial, y Kseniya Lvovsky es Economista Medioambiental Superior en la Región de Asia del Sur del Banco Mundial.

PHOTOGRAPH: I. Ahamed/UNEP/Topham



La falta de energía doméstica moderna amenaza la salud de las mujeres y los niños pobres

La biomasa es la fuente de energía de los pobres. Cuando se queman combustibles de biomasa tradicionales – principalmente leña, paja y estiércol – en cocinas, el aire dentro de la casa es contaminado con humo tóxico. La exposición a este humo de biomasa aumenta el riesgo de infección respiratoria aguda (IRA) en los niños menores de cinco años.

En Gambia, los niños atados a la espalda de su madre mientras cocinaban inclinadas sobre cocinas humeantes desarrollaban IRA con seis veces mayor probabilidad que los niños no expuestos a esta atmósfera. En Nepal, la incidencia de casos moderados y severos entre niños de dos años de edad aumentaba a medida que pasaban más horas cerca del fuego. Un estudio en la República Unida de Tanzanía halló que niños menores de cinco años que morían de IRA con tres veces mayor probabilidad dormían en una habitación con una estufa abierta que niños sanos en el mismo grupo de edad. Estudios realizados en América del Sur y en la India han demostrado que la exposición a la contaminación atmosférica en lugares cerrados reduce severamente la función de los pulmones en los niños. La exposición a altos niveles de humo en lugares cerrados está asociada con problemas relacionados con el embarazo tales como mortinatos y niños de bajo peso al nacer. Estudios llevados a cabo en Colombia, la India, México y Papua Nueva Guinea revelan que mujeres no fumadoras que han cocinado en cocinas de biomasa durante muchos años exhiben una más alta preponderancia de enfermedad pulmonar crónica (asma y bronquitis crónica). Alrededor de un 18% de la ceguera en la India es atribuible al uso de combustibles de biomasa.

Los efectos dañinos de la energía de biomasa tradicional ejercidos sobre la salud van más allá de la exposición al humo perjudicial. En Nepal, las mujeres rurales están tan ocupadas con sus tareas cotidianas que se ven forzadas a dar de beber cerveza local a sus niños para mantenrlos tranquilos mientras llevan a cabo sus tareas relacionadas con el combustible. Las mujeres nepalesas sufren una alta incidencia de prolapso uterino, debido probablemente a acarrear pesadas cargas de leña después del parto. En las zonas rurales de la India, las mujeres están ocupadas durante seis horas por día en recolectar leña y forraje y en cocinar las comidas. En algunas regiones, la extrema carga física de estas tareas domésticas causa serios problemas de salud reproductiva y trastornos mentales.

Fuente: Indoor Air Pollution: Energy and Health for the Poor. Banco Mundial/ESMAP Newsletter. Número 1, septiembre 2000; Número 3, febrero 20012001





Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Respuestas a la mala salud | Encarando la pobreza de agua | Todo está relacionado entre sí | Incrementemos el producto natural bruto | Pongamos fin al SIDA | ¿Quién es dueño de la ciudad? | La nutrición | En breve: La pobreza | Concurso | Informe especial del Banco Mundial: Una doble carga | La contaminación no es justa | Humo y fuego | Rompiendo el círculo del veneno | Farmacias para la vida | Opinión: Cambio – o deterioro | El Atlas Mundial de los Arrecifes de Coral




Artículos complementarios:
Didier J. Cherpital: Breaking the cycle (Disasters) 2001
Alcira Kreimer and Margaret Arnold: The poor suffer most (Disasters) 2001
Kristalina Georgieva: Disproportionate effects (Beyond 2000) 2000
David Wheeler, David Shaman, Susmita Dasgupta, Benoit Laplante and Hua Wang:
New millennium, new regulation (Beyond 2000) 2000
Mark Malloch Brown: Empowering the poor (The environment millennium) 2000
Leslie Roberts: Focus: Environmental degradation (Oceans) 1998

AAAS Atlas of Population and Environment:
Forest products,
Energy,
Air pollution