Opinión:
Cambio – o deterioro

 
Charles Secrett dice que los grupos verdes del Norte deben salir de sus “guetos blancos de clase media" para ocuparse de las desigualdades que impulsan la destrucción del medio ambiente.

Falta menos de un año para la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible – la Cumbre para la Tierra 3. Los problemas ecológicos mundiales – emisiones de gases de efecto invernadero, el saqueo de los océanos, la pérdida de bosques antiguos y selvas vírgenes, recursos derrochados – sacuden al mundo de mal en peor. Los ricos y poderosos se vuelven cada vez más ricos y más poderosos; los pobres, más pobres y más débiles. El desarrollo sostenible parece excelente sobre el papel, pero en realidad no es más que una quimera trabalenguas. El movimiento ambientalista mundial debe preguntarse si acaso ha llegado la hora de evolucionar para lograr éxito.

La respuesta es: sí. El movimiento carece de la fuerza política para invertir estas tendencias. Norteamérica tiene el movimiento ambientalista más antiguo, más acaudalado y más diverso de cualquier país. La mayoría de los norteamericanos creen que el cambio climático es una realidad, y que los Estados Unidos deben emprender medidas para poner freno a sus emisiones. No obstante, el poderío combinado del Instituto de los Recursos Mundiales, el Sierra Club, el Consejo Nacional de Defensa de los Recursos, el Fondo para la Defensa del Medio Ambiente, el WWF, Greenpeace, Amigos de la Tierra, y otros, no fue capaz de impedir que los Estados Unidos incrementaran considerablemente sus emisiones de gases de efecto invernadero en los años 1990 y luego rechazaran el Protocolo de Kioto este año.

En el meollo de toda opción medioambiental significativa reside una lucha de poder, desde el uso energético a la ordenación de los bosques y las pesquerías al consumo de recursos. ¿Quién ganará? ¿Quién perderá? ¿Quién ejerce el control? ¿Quién sacará provecho? Los frentes de batalla cambian incesantemente entre comunidades, empresas y países, entre quienes demandan la reforma, y quienes defienden el status quo. En la escena mundial, los países del Sur están determinados a asegurar la autoridad política y los recursos económicos para satisfacer sus necesidades de desarrollo. Las naciones del Norte se mantienen igualmente inflexibles en su determinación de no perder lo que poseen. Es la desigualdad – desigualdades en la toma de decisiones políticas, del uso de recursos económicos, de condiciones de vida – entre y dentro de las naciones que los grupos ambientalistas deben encarar de forma convincente. Estos son los motores de la degradación del medio ambiente y las pautas del desarrollo insostenible.

Predominantemente, los gobiernos creen que la conservación socava el desarrollo, y compite con el mismo – no importa el jarabe de pico que prestan a la integración de las políticas y la teoría de sostenibilidad. Su abrumadora prioridad es generar riqueza para mantener estándares de vida para las clases medias y sacar a la gente de la pobreza. Los regímenes fiscales, los subsidios y la regulación se dirigen al crecimiento económico y su participación en el mercado – no a las generaciones futuras o la protección del medio ambiente.

Cambio de estrategias
La mayoría de las organizaciones no gubernamentales (ONG) verdes están mal equipadas para esta arena, a menos que asuman una nueva posición y cambien su agenda y sus estrategias. Desde el nacimiento del movimiento entre las comunidades de la clase media blanca y acaudalada de los Estados Unidos y Europa en los años 1960 han surgido ONG verdes de tendencias distintas. Están los grupos de conservación, como el WWF, cuya identidad está marcada por la educación, la recaudación de fondos y el cabildeo en pro de la protección de especies amenazadas. Están los grupos de bienestar de los animales, como el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales, que adoptan un enfoque similar. Los grupos ambientalistas como Greenpeace son conocidos para un análisis sectoral más amplio (energía, transporte, productos químicos, etc.), y eligen de entre una gama de tácticas de campaña, incluso la acción pacífica directa. Uno o dos grupos, como Amigos de la Tierra, se han convertido en defensores de la sostenibilidad, resueltos a asegurar la justicia social y un mayor bienestar económico a través del mejoramiento del medio ambiente, principalmente mediante el uso de acción política y exposición en los medios de comunicación.

La gran mayoría de las así llamadas organizaciones ambientalistas – incluso casi todos los grupos de afiliación masiva – están preocupados con prioridades de conservación de la naturaleza y bienestar de la fauna. El desarrollo y la pobreza son incumbencia de otras organizaciones totalmente distintas – tales como Oxfam, el World Development Movement y Christian Aid en Gran Bretaña. Aquí reside la debilidad política del movimiento: su posición, su apoyo público y su influencia son definidos por asuntos blandos.

La Real Sociedad para la Protección de las Aves es la más grande ONG verde de Gran Bretaña, con más de un millón de miembros, que realizan un excelente trabajo de conservación. Los miembros de su personal son expertos, que producen ponencias de política autorizadas sobre asuntos de conservación duros como la equidad de recursos, comercio equitativo, reforma fiscal y mitigación de la pobreza. Pero no es aquí donde reside su reputación, su atracción y su impacto estratégico. Se ocupan de aves, pájaros y sus hábitats. Cuando los gobiernos consideran opciones energéticas o de comercio mundial, por ejemplo, los funcionarios y comités de parlamentarios reflejan sus ponencias de posición. Pero aquel millón de defensores de butaca no son lo mismo que 1 millón de electores agitados – y los Ministros lo saben.

Los políticos responden más rápidamente a aquellos que pueden lastimarlos o ayudarlos donde importa: en columnas editoriales, encuestas de opinión y en las urnas. Las ONG que danzan a la par con los encargados de formular las políticas en los corredores del poder, o exhiben sus pancartas con pasión pero poca intención estratégica ante las puertas cerradas de conferencias cumbre y salas de junta, caen en el vacío con sus esfuerzos. En estos momentos, ganar alguna que otra mejora de política verde es más o menos tan útil como cambiar el color de las cortinas mientras la casa se está incendiando.

Quince años de amargas negociaciones en torno al clima con seguridad hubiesen concluido antes si otras organizaciones internacionales – junto con Amigos de la Tierra y el Global Commons Institute – hubiesen incorporado consideraciones de equidad y participación equitativa de recursos en sus campañas desde el primer día. Las naciones del Sur se mostraron recelosas porque veían las limitaciones medioambientales como la última encarnación del imperialismo de los países industriales. Mientras las emisiones de los países del Norte aumentaron, a pesar de su obligación de ser los primeros en reducirlas, las promesas respecto a flujos y transferencias de tecnología para ayudar a las naciones pobres a modernizar sus eonomías se rompieron. La insistencia de las ONG del Norte en los límites del medio ambiente mundial y los habitats de la vida silvestre en peligro no hicieron sino agravar la situación.

La Cumbre para la Tierra 3 no logrará solucionar otros conflictos sustanciales de medio ambiente-desarrollo – tales como la ordenación de los bosques, el uso de los océanos, el acceso a minerales o la conservación de las aguas – hasta que sus decisiones se basen en una participación equitativa de los recursos de la Tierra, en la cual cada economía reduzca estratégicamente los impactos medioambientales para adecuarse a las tolerancias de los ecosistemas. El reto para el movimiento ambientalista mundial consiste en reconocerse a sí mismo a fin de generar la demanda popular para unas reformas fundamentales. Existen tres prioridades inmediatas, a saber:

  • En primer lugar, los grupos verdes deben encontrar una causa común con otros movimientos. Las coaliciones mundiales de asuntos múltiples, vinculando a ambientalistas, defensores de la pobreza, agricultores de subsistencia y otros, lograron bloquear propuestas de comercio libre mundial como el Acuerdo Multilateral sobre Inversión o la nueva rueda de la Organización Mundial del Comercio en Seattle. Trabajando junto con gobiernos progresistas, hemos generado la voluntad política que impedirá a las naciones industriales y las corporaciones mundiales avasallar a los demás para imponer tratados que ignoran prioridades de medio ambiente y pobreza.

  • En segundo lugar, las ONG dominantes deben volver a conectarse con los activistas en la base. La energía de los defensores contrarios a la mundialización y el apoyo masivo de los ciudadanos en favor de la campaña “Anule la Deuda” son modelos admirables. Esto es particularmente crítico en los Estados Unidos, donde largos años de cabildeo en Capitol Hill han atrofiado el músculo de las campañas, el apoyo de los activistas y el sentido estratégico del movimiento ambientalista establecido. El dinamismo de la acción pacífica directa y las políticas comunitarias verdes está tan vivo como siempre en los Estados Unidos. Pero la Ruckus Society y Earth First simplemente no se identifican con los miembros muy bien pagados de los grupos de presión, no importa de qué lado se encuentren.

  • En tercer lugar, la agenda verde debe englobar derechos ecológicos, justicia ecológica y modernización económica medioambientalista. Son los pobres quienes sufren los peores efectos de la contaminación, el derroche de recursos y la calidad del medio ambiente en deterioro. Ellos no tienen los medios financieros para escapar a estos problemas. Es necesario satisfacer sus necesidades. Es hora de que los ambientalistas salgan de sus blancos guetos de clase media. El movimiento de justicia ambiental de raza mixta basado en la comunidad en los Estados Unidos, y Amigos de la Tierra en Gran Bretaña demuestran qué es posible hacer.

Desarrollo sostenible significa satisfacer las necesidades de todas los seres humanos, ahora y en el futuro, al mismo tiempo de asegurar que la biosfera pueda mantenerse a sí misma y a la diversidad de la vida. Encarando sus propias debilidades, el movimiento ambientalista puede jugar un papel vital como catalizador en la transformación del orden económico y político mundial para convertir en realidad el sueño tangible


Charles Secrett es Director de Friends of the Earth – Amigos de la Tierra (Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte).

PHOTOGRAPH: Chris Hellier/UNEP/Still Pictures


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Respuestas a la mala salud | Encarando la pobreza de agua | Todo está relacionado entre sí | Incrementemos el producto natural bruto | Pongamos fin al SIDA | ¿Quién es dueño de la ciudad? | La nutrición | En breve: La pobreza | Concurso | Informe especial del Banco Mundial: Una doble carga | La contaminación no es justa | Humo y fuego | Rompiendo el círculo del veneno | Farmacias para la vida | Opinión: Cambio – o deterioro | El Atlas Mundial de los Arrecifes de Coral




Artículos complementarios:
Thilo Bode: Sea changes (The environment millennium) 2000
Ricardo A. Navarro: Unfair trade (Beyond 2000) 2000
Chee Yoke Ling: No sleeping after Seattle (Beyond 2000) 2000
Marcelo Furtado and Kevin Stairs: Not on planet Earth! (Hazardous waste) 1999