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Mucho ya hecho y mucho por hacer |
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Jim Willis presenta un informe sobre la integración del programa internacional para los productos químicos con el desarrollo sostenible |
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Los productos químicos son esenciales para el desarrollo y la vida diaria. Los fertilizantes y plaguicidas modernos han sido un boom para la agricultura y nos han ayudado a alimentar a nuestros pueblos en continuo crecimiento. Los productos químicos han sido de utilidad para la medicina en muchas maneras, desde los productos farmacéuticos hasta el equipo y los materiales utilizados en los hospitales. Desde el transporte hasta la tecnología informática y las actividades de esparcimiento, la calidad de nuestra vida no sería la misma sin una sana industria química y muchos productos manufacturados.
La industria química mundial está creciendo a una velocidad pasmosa. Hoy día existen unos 70.000 productos químicos diferentes en el mercado, con 1.500 productos nuevos introducidos cada año. Sin embargo, como ahora sabemos, no todos los productos son buenos. Algunos han estado implicados en enfermedades y afecciones de toda índole, incluso cáncer, trastornos y defectos reproductivos, defectos de nacimiento, trastornos de comportamiento neurológico y funciones inmunológicas deficientes. Muchos miles de casos de envenenamiento accidental son resultado del uso inapropiado de formulaciones de plaguicidas altamente tóxicas, o su aplicación en lugares que carecen de equipo protector o donde el equipo no se usa. Los productos químicos agotan la capa de ozono, causan cambios en el clima, y afectan la diversidad biológica del mundo. Se acumulan en reservas almacenadas y sitios de eliminación de desechos mal manejados. Muchos de ellos persisten en el medio ambiente y se bioacumulan, conduciendo a niveles en constante aumento en seres humanos y en la fauna silvestre. Empero, éstos no son sino unos pocos de los cuales tenemos conocimiento. No disponemos de suficientes datos estadísticos sobre la mayoría de los productos químicos en uso hoy día para comprender totalmente sus riesgos. Y con harta frecuencia faltan las protecciones básicas para el consumidor, los trabajadores y el medio ambiente.
Si bien los problemas a menudo habían sido reconocidos a nivel nacional o regional, la primera respuesta política integrada a los mismos comenzó con la Cumbre para la Tierra de 1992. El Capítulo 19 del Programa 21 identificó varias áreas clave que necesitaban mayor atención. Se crearon mecanismos políticos y de coordinación para reunir a los actores clave. El Programa Interorganizacional para el Ordenamiento Racional de los Productos Químicos (IOMC) que involucra al unep, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, el Instituto de las Naciones Unidas para la Formación Profesional y la Investigación, y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) reunió a importantes programas intergubernamentales sobre la seguridad química. El Foro Intergubernamental sobre Seguridad Química (FISQ) proporcionó un foro en el cual interesados gubernamentales y no gubernamentales podían tratar tales asuntos. Dentro de estas asociaciones, el unep ofrece liderazgo y guía para la ordenación mundial ambientalmente racional de los productos químicos, en tanto que otras organizaciones proveen liderazgo dentro de sus áreas de pericia particulares.
En 2001 fue adoptada la Convención de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes (COP). La misma tiene como objetivo proteger la salud humana y el medio ambiente de este grupo de productos químicos particularmente peligrosos. Provee los medios para prohibir su producción y su uso, y para reducir y donde es factible en última instancia eliminar su emisión al medio ambiente. En la actualidad cubre 12 productos químicos, pero incorpora un proceso para ir agregando otros COP. Además, la Convención también contiene un mecanismo financiero. Estos nuevos tratados se unen al Convenio de Basilea sobre desechos peligrosos, las Convenciones #170 y #174 de la OIT, dirigidas a proteger a los trabajadores, y varios acuerdos regionales, en una serie de poderosos instrumentos para proteger a las personas y al medio ambiente de los productos químicos tóxicos. Más allá de estos instrumentos legalmente vinculantes se han producido numerosos desarrollos recientes que nos ayudan a comprender y protegernos mejor contra las sustancias tóxicas, a nosotros y a la fauna y flora silvestres. Dichos instrumentos comprenden los siguientes:
El camino adelante A pesar del excelente trabajo llevado a cabo desde la Cumbre para la Tierra de Río de Janeiro, es mucho lo que queda por hacer. La creciente mundialización, y el enorme mercado para los productos químicos y los productos que los contienen significan que es necesario reforzar los programas de seguridad y emprender medidas para integrarlos más efectivamente con el desarrollo sostenible. Un primer paso de crucial importancia será que los países ratifiquen el Convenio de Rotterdam y la Convención de Estocolmo, entre otros, a fin de que estos instrumentos puedan implementarse con eficacia. Están llevándose a cabo discusiones dentro del contexto de la gobernancia internacional del medio ambiente sobre posibles maneras en que las diversas actividades internacionales vinculadas con los productos químicos podrían colaborar más estrechamente para nuestro común beneficio. Inicialmente, se encuentran bajo discusión el Convenio de Rotterdam y la Convención de Estocolmo. Se anticipa obtener muchas ventajas de este proceso, no sólo en términos de mejoramiento del desempeño de las convenciones mundialmente, sino en el fortalecimiento de las operaciones e impactos de las actividades a niveles regional y nacional, tales como los centros regionales de Basilea, centros nacionales de producción menos contaminante, y programas para asistencia en el cumplimiento y la conformidad. Este proceso de agrupamiento también podría ayudar a integrar mejor el ordenamiento del "ciclo de vida" de los productos y desechos químicos al establecimiento de prioridades nacionales, así como para apalancar escasos recursos para la formación de capacidades para los programas de productos y desechos químicos.
Gracias a nuestros esfuerzos concertados para proteger la salud humana y ambiental, se hallan en progreso muchas actividades internacionalmente, encaminadas a producir mayor efecto debido a nuestros esfuerzos concertados para proteger la salud humana y ambiental. Su éxito dependerá del involucramiento de todos los interesados, y el reflejo de sus intereses, aspiraciones y preocupaciones. Un posible mecanismo para reunir a todos ellos sería mediante el desarrollo de un Enfoque estratégico para la gestión de los productos químicos a nivel internacional. Esta posibilidad será discutida en el Foro Ambiental Mundial a Nivel Ministerial, a celebrarse en 2002 en Cartagena (Colombia). Entre otras cosas, tal enfoque podría ofrecer un marco de política y procedimiento para tratar asuntos de interés internacional tanto actuales como emergentes. Y por otra parte, podría ser más útil para entretejer la necesaria política, la coordinación y los vínculos con el desarrollo sostenible. En caso de emprenderse, deberá ser diseñado en una manera abierta, transparente e inclusiva, en cooperación con el IOMC y el FISQ, y en asociación con la gama completa de interesados. Tal mecanismo no deberá tratar de invalidar las contribuciones ya hechas por otros organismos, sino más vale hacer el mejor uso posible de las mismas. A falta de esto, es probable que el programa para los productos químicos quedaría inconexa, respondiendo a presiones inmediatas y intereses creados, y no nos permitirá cosechar los beneficios más importantes que los productos químicos potenciales podrían ofrecer al desarrollo sostenible
Jim Willis es Director de unep Sustancias Químicas. Foto: Wenren Yang/PNUMA/Topham |
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