Una senda
al descubrimiento

 
Catherine Nixon Cooke explora la importancia espiritual de las montañas y describe algunos intentos exitosos para proteger y restaurar lugares sagrados

Desde el majestuoso Himalaya de Asia a la Cordillera Blanca en los Andes, desde los legendarios picos sagrados de Olmolungring, supuestamente escondidos tras una imponente muralla de montañas nevadas al Norte de Tibet, hasta el soberano Monte Olimpo, donde los dioses griegos solían beber ambrosía y planear sus escapadas, desde el Kilimanjaro, el techo de Africa, hasta las mágicas promesas de perfección de Shangri-La – las montañas han cautivado nuestra imaginación por siglos. Ellas han sido poderosas barreras de hielo y roca, que han protegido a civilizaciones de los guerreros invasores. Sus picos han ejercido irresistible atracción para los exploradores. Las montañas proveen agua dulce a más de la mitad de la humanidad. Y son patria y morada de alrededor de una décima parte de la población del mundo.

Las montañas merecen la designación especial de las Naciones Unidas de “Año Internacional” por muchas razones. Empero, dado el actual estado precario del mundo, lo que los convierte en una bienvenida cumbre de celebración tal vez sea su capacidad de estar por encima, literalmente, de las preocupaciones del planeta, y de unirnos a todos en su atractivo universal.

En las enseñanzas de la Biblia, en los antiguos rollos budistas, y en las prácticas tradicionales de los Incas, la gente ha dirigido la mirada a las montañas, hallando inspiración y esclarecimiento en los picos que parecen elevarse hacia el cielo, y la morada del sol.

Las lecciones del pasado
Durante el Año, el Instituto de las Montañas está trabajando con el Servicio Nacional de Parques de los Estados Unidos, la Fundación Ford, y la Fundación Nathan B. Cummings para compartir con los visitantes historias de las montañas, incluso importantes tradiciones autóctonas de América que habrán de enriquecer su experiencia y enseñar a la cultura moderna algunas de las sagradas lecciones del pasado.

“Mi abuela me decía que si no hacemos uso sabio de las montañas y los manantiales y los árboles y los minerales en las montañas, ocurrirán cosas trágicas,” dijo Jim Enote, un miembro del Pueblo Zumi, en la Asamblea General de las Naciones Unidas de diciembre pasado. “Ella conocía el mundo como ninguna otra persona que conocí jamás. Solía decir que, al provocar los puntos de presión de ciertos lugares en ciertos momentos en el paisaje o en otra parte del universo, podríamos – ya sea intencionalmente o sin querer – controlar la creación de seres vivientes, la fertilidad, o hasta el clima. Si no se lo respeta, este tipo de conocimiento es poderoso y hasta peligroso.

“Gracias a las palabras de mi abuela, abrigo un agradecimiento y un respeto muy especial para el sagrado poder de las montañas, ya que son tántas y tan variadas las rugosidades, las superficies y caracteres en las montañas y por ende son tan numerosos los puntos de presión para proteger o perturbar.”

Algunos de estos “puntos de presión” comprenden aspectos del progreso moderno tales como el turismo, el crecimiento de la población, conflictos entre grupos que compiten por los recursos, y la llegada de ideas y grupos de afuera. Y dado que los lugares de peregrinación en las montañas tienden a ser más ecológicamente frágiles, y su regeneración es más lenta que la de aquéllos en las tierras bajas, el creciente número de peregrinos está ejerciendo un serio impacto negativo sobre muchos lugares sagrados. El Parque Nacional de Periya en el sur de la India, por ejemplo, recibe más de 30 millones de peregrinos durante una semana particular todos los años. Del lado más positivo, el problema de los desperdicios en el Everest está ahora en vías de solución, justo a tiempo para celebrar el cincuentenario de la gran escalada a la cumbre de Edmund Hillary y el Sherpa Tenzing en 1953.

Muchas organizaciones basadas en la conservación y culturalmente concientes ya están trabajando en las montañas. El Año ofrece la oportunidad para destacar algunos de sus proyectos, así como para compartir las amenazas y oportunidades que desafían a los sitios sagrados.

Así por ejemplo, la UNESCO, en alianza con la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de Ghana y el Ministerio Federal para Desarrollo Económico de Alemania, ha establecido “zonas amortiguadoras” alrededor de las “arboledas sagradas” de Ghana en su ecosistema de sabana, con enfoque en la protección y restablecimiento de las creencias y los valores culturales tradicionales de la comunidad local. El Instituto de las Montañas, en colaboración con la Organización para el Desarrollo de los Países Bajos y el Departamento de Parques Nacionales y Conservación de la Flora y Fauna Silvestres de Nepal, ha creado zonas amortiguadoras similares en la remota región de Makalu-Barun al noreste de Nepal. Tras ambos proyectos está el concepto de que incumbe a los interesados locales determinar qué es importante, y hasta sagrado, en sus paisajes y para su vida – y a ellos incumbe también desarrollar mecanismos locales para restablecer y protegerlos.

Podría decirse que el centro mismo de la sostenibilidad está contenido en este concepto. Se hace eco de las palabras de la abuela de Jim Enote, y se halla ejemplificado por un proyecto en Badrinath, el más grande lugar de peregrinación hindú en el Himalaya de la India. Aproximadamente 450.000 peregrinos viajan a este santo lugar todos los años. Llegan por caminos construidos al principio de los años 1960, recorriendo bosques antaño densos, y destruyendo el paisaje meramente con sus grandes números.

Autoridad religiosa
En 1993 – a sugerencia de los científicos del Instituto G.B. Pant para el Medio Ambiente y Desarrollo del Himalaya -, el sacerdote en jefe de Badrinath acordó emplear su autoridad religiosa para ayudar a restablecer el sitio. En una ceremonia especial, bendijo los árboles de semillero suministrados por los científicos y los repartió entre los peregrinos y los habitantes locales para plantarlos como un acto de devoción.

También describió cómo, según la leyenda, un antiguo sabio llamado Bhagiratha rogó a Ganga, la diosa del sagrado río Ganges, que descendiera de los Cielos. Renuente a abandonar su confortable morada, la diosa protestó que la fuerza de su caída sacudiría y rompería la Tierra. Shiva, una de las tres formas de la deidad suprema, ofreció amortiguar su descenso con su larga cabellera. Observando que los textos sagrados hindúes consideran los árboles del Himalaya como “el cabello de Shiva”, y recordando que todos los veranos el Ganges en efecto “cae del cielo” en forma de lluvias monzónicas, la comunidad local reconoció que, si los bosques del Himalaya son despojados, la Tierra se sacudiría y sería destrozada por deslizamientos de tierra y crecidas.

El sacerdote y los científicos se unieron para replantar árboles. El programa ha tenido gran éxito. Se hallan en camino planes para restablecer la antigua selva sagrada de la región, y el enfoque también se ha extendido al centro de peregrinaje sij. ¿Acaso modelos similares podrían tener éxito en otras partes del mundo?

Las montañas pueden proveernos una senda al descubrimiento de importante terreno común. La gente venera las montañas de muchas maneras diferentes – como centros del universo, moradas de los dioses, fuentes de vida, tumbas de los muertos, como lugares de inspiración, magníficas oportunidades de esparcimiento, y misteriosos recipientes de sabiduría y poder. Pero todos experimentamos la misma reverencia y sobrecogimiento al ver una alta cumbre nevada, tal vez con el bosque convertido en oro con el primer asomo del sol.

Montañeses y comerciantes, poetas y filósofos, campesinos, pastores, transportistas de bambú, y viajeros de aventura – todos se reúnen en este sendero de la montaña, descubriendo un viaje universal que trasciende idiomas, profesiones, educación y economías. Los pueblos de todos los Continentes han elevado la mirada a sus propios picos imponentes – y al cielo detrás ellos – en busca de renovación e inspiración.

Y así es que todos nos encontramos en un sendero montañés este año con esperanza. El poema adaptado del escritor chino Lu Xun capta el espíritu del Año Internacional de las Montañas 2002 en estas palabras:

La esperanza es como una senda en la ladera de la montaña.

Al principio no hay senda alguna.

Mas luego hay gente que pasa por el lugar,

Y al poco existe un sendero


Catherine Nixon Cooke es Presidenta y Oficial Ejecutiva en Jefe del Instituto de las Montañas, basado en Washington, DC.

Foto: UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mensaje para el Día Mundial del Medio Ambiente: Salvando nuestra Tierra común | Apuntando alto | Majestuosas pero frágiles | Hacia el equilibrio | Reverdeciendo las laderas | Para el pueblo | Altas prioridades | Belleza natural | Perspectivas para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible: Hacia Johannesburgo | Por un sendero empinado | Las cumbres del problema | ¿Disneylandia o diversidad? | Una senda al descubrimiento | La cima de las actividades | Panorama desde la cúspide | Nadar a contracorriente | Futuro nublado


Artículos complementarios:
En el número: La pobreza, la salud y el medio ambiente 2001


Report complementario:
Mountain Watch Report