Panorama desde
la cuspide

 
Sir Edmund Hillary

Vi la nieve por primera vez a los 16 años, durante una excursión escolar al Parque Nacional Tongariro de Nueva Zelanda. Durante 10 días practiqué el esquí, el alpinismo, y la experiencia transformó mi vida para siempre. Desde entonces he amado las montañas, su belleza y he disfrutado afrontando sus desafíos.

He pasado todos los días que me ha sido posible en las grandes cimas. En cuanto adquirí los conocimientos suficientes me lancé a mis primeros ascensos a lomas y crestas. Escalé tanto en los Alpes de Nueva Zelanda como en los Alpes europeos, antes de aventurarme a las cumbres superiores del Himalaya. Siempre me han deleitado los amaneceres y atardeceres sobre las hermosas montañas. Acurrucado en mi saco de dormir, he contemplado desde el umbral de mi tienda cómo el sol desaparecía dejando una luz carmesí sobre las cumbres del Himalaya.

En 1953 fui invitado a participar en la expedición británica al Everest. Luchando contra las innumerables grietas y muros de hielo ascendimos por el Cwm Occidental y tallamos una escalera por la escarpada cara Lotse. Montamos nuestro campamento final a unos 8.000 metros sobre el gélido y ventoso Collado Sur y, desde allí, avanzamos hacia la cima. El sherpa Tenzing y yo pasamos una fría y desapacible noche en nuestro último campamento, en la cresta de la Arista Sureste. Al día siguiente, ascendimos arduamente a través de la nieve blanda hasta alcanzar la Cumbre Sur y atravesamos la estrecha cornisa de la cumbre. A continuación tallé con mi piolet una línea de peldaños en la nieve firme y superé el Escalón Hillary, desde donde Tenzing y yo emergimos sobre la cima del mundo. ¡Qué momento extraordinario!

Más adelante he vivido muchas aventuras, conduciendo tractores en el Polo Sur, navegando por el caudaloso río Ganges desde la Bahía de Bengala al Himalaya, aterrizando en avioneta sobre el hielo del Polo Norte. Pero mi atención se dirigía cada vez más hacia las condiciones de mis amigos sherpa. Su vida, ardua y remota, carecía de todo tipo de servicios médicos y educativos. No sentía lástima por ellos – nada más lejos de mis intenciones – ya que ellos no sentían lástima de sí mismos. Pero admiraba enormemente su rudeza y sentido del humor.

Los sherpa sabían que fundamentalmente necesitaban educación, y eso es lo que pedían. Construimos nuestra primera escuela en el pueblo de Khumjung, a la sombra de las espectaculares cimas de Amadablam y Kangtega, que más adelante escalé con mi equipo. Esto se convirtió en nuestro proceder habitual: escalar una montaña y construir una escuela. Hoy, los sherpa y nosotros hemos erigido más de 30 escuelas. Intentamos llevar a cabo aquéllo que la gente del lugar desea, en la medida de nuestras posibilidades. No queremos interferir, ni pretendemos dictar nada.

Inicialmente nuestros suministros llegaban desde Katmandú transportados por porteadores durante 17 días, a través de las escarpadas laderas. Por esa razón adquirimos en el pueblo de Lukla una porción de tierra en pendiente, con la intención de construir un aeródromo. Los sherpa se encargaron de aplanar la inclinación de esta tierra con picos y palas y de apelmazar su superficie hasta que adquirió la firmeza suficiente para que el primer avión Pilatus pudiera aterrizar con éxito. Así fue posible transportar por vía aérea todo lo necesario para construir un hospital.

En poco tiempo Lukla se transformó en el aeropuerto de montaña con mayor volumen de tráfico de Nepal. El turismo se ha convertido en la principal fuente de ingreso para la comunidad local. Su efecto ha sido importante para su vida y ciertamente ha mejorado su economía. No creo que el impacto sobre la cultura sherpa haya resultado devastador: ellos continúan manteniendo unos lazos muy estrechos tanto con su cultura como con el budismo. En efecto, yo diría que sus creencias tradicionales se están afianzando.

Las cuestiones medioambientales sí deben abordarse de forma prioritaria. El enorme volumen de turistas ha infligido un impacto grave sobre los bosques. En la década de los 1970 los viajeros casi devastaron la zona. Hace muchos años que iniciamos su reforestación, plantando variedades locales de árboles que, aunque de desarrollo lento, han despuntado con gran esfuerzo hasta repoblar el bosque. Abrigamos la esperanza de que los bosques vuelvan a ser tal como la primera vez que los vi, hace ya 50 años


Sir Edmund Hillary es Presidente del Himalayan Trust.

Foto: Michael Welninski/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mensaje para el Día Mundial del Medio Ambiente: Salvando nuestra Tierra común | Apuntando alto | Majestuosas pero frágiles | Hacia el equilibrio | Reverdeciendo las laderas | Para el pueblo | Altas prioridades | Belleza natural | Perspectivas para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible: Hacia Johannesburgo | Por un sendero empinado | Las cumbres del problema | ¿Disneylandia o diversidad? | Una senda al descubrimiento | La cima de las actividades | Panorama desde la cúspide | Nadar a contracorriente | Futuro nublado


Artículos complementarios:
AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and ecosystems: Mountains


Report complementario:
Mountain Watch Report