Nadar a
contracorriente

 
Maritta Koch-Weser explica que la crisis del agua dulce debe ser abordada desde las fuentes y detalla las prioridades para la ordenación de las montañas de dominio público.

Las montañas constituyen la fuente de entre el 60% y el 90% del agua dulce de nuestro planeta, dependiendo de donde vivamos. A medida que la población mundial se triplicaba en menos de un siglo y que las economías se desarrollaban, se acometieron obras gigantescas, sin precedentes, con el objetivo de aprovechar y almacenar agua destinada al riego y a la producción de energía, y controlar las crecidas.

Hemos heredado más de 45.000 grandes embalses del siglo xx, así como una miríada de diques y presas más pequeños. También somos herederos de los sacrificios sociales y medioambientales que se hicieron para su construcción. La sociedad actual prefiere mantener al mínimo la demanda de nuevos embalses para poner el acento en el mantenimiento de la infraestructura que ya poseemos y en optimizar los resultados de los diques y represas ya construidos.

El cuidado de nuestras aguas pasa ineludiblemente por la protección del medio ambiente de la montaña. El Año Internacional de las Montañas nos brinda la ocasión oportuna de comprender el alcance y el ritmo de la degradación de las cuencas hidrográficas altas: si comparamos imágenes por satélite de las últimas dos décadas, observaremos cambios alarmantes en la mayoría de las regiones montañosas.

Se trata de un desarrollo insostenible y ante la urgente necesidad de recuperar el medio ambiente. La desforestación desmedida está descarnando visiblemente el suelo desde los Andes al Himalaya. Se trata también de un exceso de avaricia que ha impulsado un desbordamiento de la construcción dirigida al desarrollo turístico y a las infraestructuras, incluso en los Alpes.

La degradación de las cuencas hidrográficas altas desencadena un síndrome de problemas aguas abajo caracterizado por un encenegamiento de las ecologías fluviales y por la reducción de capacidad de los embalses, lo cual implica un elevado coste económico. La rampante escasez de agua está dejando la mayor parte de las represas vacías o por debajo de su capacidad. El embalse de Sobradinho, en Brasil, uno de los mayores del mundo, perdió un 5% de su capacidad en el 2001. Los embalses para riego se encuentran casi vacíos en Rajastán y en una interminable lista de lugares secos. La bajada del nivel de los embalses representa un elevado coste económico y social. Las plantas de energía eléctrica y los sistemas de irrigación no cumplen sus objetivos de producción y merman la rentabilidad de las inversiones. La escasez de agua es tan grave en muchas partes del mundo que llega a amenazar las buenas relaciones entre países vecinos, y en consecuencia, la paz.

A la inversa, las crecidas cada vez ocurren con mayor frecuencia y abundancia - desde China a Mozambique, desde Argentina a Polonia -, porque ha disminuido la función reguladora que desempeñaba la vegetación de las cuencas fluviales aguas arriba. Las compañías de seguros calculan que los daños anuales causados por los desastres naturales ascienden a 100.000 millones de dólares, y gran parte de ellos los provocan las inundaciones.

En interés del desarrollo sostenible tenemos el deber de resolver la dicotomía entre la construcción de más estructuras de hormigón aguas abajo y la disminución de las fuentes de agua que las nutren. Y, sin embargo, la mayor parte de las conferencias internacionales sobre recursos hídricos solo se quedan en “los valles”, deliberando sobre tecnologías inteligentes y determinación de precios. Poco se habla sobre las montañas, consideradas algo más inabordable, que plantean complejos problemas sociales, políticos y económicos, más difíciles de resolver.

Las cuestiones que afectan a las zonas elevadas deben ser abordadas mediante una estrategia holística al desarrollo sostenible que contemple, entre otros: la ordenación medioambiental, la disminución de la pobreza de la población, la tenencia de tierras, la educación, programas dirigidos a las mujeres, técnicas forestales y agrícolas adecuadas, el control de la erosión. Estos retos suelen plantearse en los lugares más pobres del mundo. Las comunidades de las montañas reciben salarios de subsistencia, si acaso, a no ser que vivan y trabajen en destinos turísticos.

En contraste, los inversores perciben de forma más directa y controlable las cuestiones referidas a las zonas bajas. Los fondos públicos y las inversiones privadas se asignan más fácilmente a los valles y reportan jugosos contratos que mantienen viva la industria (y a veces los sobornos).

El Año Internacional de las Montañas deberá avanzar en la consecución de siete facetas concretas del desarrollo sostenible, a saber:

1. Trazar un marco para las “montañas de dominio público”. Las montañas, como los océanos, constituyen espacios de dominio público que ofrecen servicios medioambientales a muchos, sin caer bajo la responsabilidad directa de nadie. Esta falta de estructura de responsabilidades suele ocasionar negligencias. La gestión de las montañas precisa la asociación de las partes interesadas, la asignación de responsabilidades y el pago a las instancias que ofrecen servicios medioambientales.

2. Visión a largo plazo: muchas zonas montañosas han sobrepasado el nivel de sostenibilidad. La naturaleza necesita ser restaurada en las áreas que han padecido una degradación severa. De ahí la urgencia de acometer una labor a largo plazo basada en un “plan de acción decenal para las montañas”.

3. Organización social - aguas abajo: los múltiples intereses de las organizaciones aguas abajo han complicado la posibilidad de colaboración entre las partes interesadas a lo largo de las cuencas fluviales. Ello ha quedado patente en las grandes asociaciones fluviales, desde el Mekong hasta el Rin, el Támesis o el Loira. Resulta necesario calibrar los intereses a fin de brindar una base a los acuerdos de servicio medioambiental con las comunidades aguas arriba. La necesidad de suscribir acuerdos operativos resulta acuciante, sobre todo allí donde peligra la eficacia de los embalses aguas abajo o en áreas propensas a inundaciones y corrimientos de tierra.

4. Organización social - aguas arriba: la coordinación entre las partes interesadas presentes en los valles adyacentes a las montañas reviste la misma importancia. Los tramos superiores de los ríos se alimentan de varias fuentes. Para alcanzar mejoras tangibles aguas abajo (por ejemplo, erradicar el atarquinamiento o la contaminación) los valles tendrán que sincronizar su estrategia de mejoras de la ordenación medioambiental.

5. Pactos de carácter económico y jurídico: existen pocos precedentes y sólo un puñado de modelos de cooperación aguas arriba-abajo. Aún están por desarrollar las metodologías aplicables a los acuerdos de servicio medioambiental. Los casos reales constituyen la única guía para perfilar unas herramientas de evaluación de los servicios medioambientales aguas arriba, que eventualmente servirán de modelo en otros casos.

6. Programas piloto de ámbito regional: El Año Internacional de las Montañas debe superar la esfera de las teorías y de las conferencias para avanzar en las buenas prácticas locales. Deberían intentar establecer varios programas piloto de ordenación de las montañas de dominio público en América Latina, Africa, Asia y Europa Oriental. Se deberá otorgar prioridad a los casos que revistan mayor urgencia económica, en función de su vulnerabilidad frente a los desastres y/o del mantenimiento de embalses y diques.

Abordar la gestión de las montañas de dominio público resultará más fácil en regiones pequeñas, limitadas a un único país. Pero a largo plazo esto no bastará. Más de 120 de los ríos más caudalosos atraviesan dos o más países. Esto plantea un desafío a la colaboración entre los ciudadanos que comparten espacios ecológicos, en interés del desarrollo sostenible desde el punto de vista medioambiental y social.

7. Avance metodológico - La Cumbre Global de las Montañas en Bishkek: los temas mencionados en el presente artículo serán analizados con mayor detalle en la cumbre global de las montañas que tendrá lugar en Bishkek, Kirguistán, país que propuso la celebración de este año internacional. La cumbre será coordinada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, conjuntamente con un grupo de trabajo entre organismos y con la participación destacada del PNUMA.

Los acuerdos hidrográficos, como los del Indus y del Mekong, constituyen una tarea de generaciones. Los pactos para la ordenación de las montañas de dominio público aguas arriba y aguas abajo necesitan el mismo tiempo. La colaboración y la confianza para la protección de las aguas deben afianzarse a lo largo de los años.

El Año Internacional de las Montañas puede tan sólo empezar a abordar el desafío que presentan las montañas de dominio público. Atar todos los cabos sueltos precisa esfuerzos sin pausa durante al menos una década


Maritta R. von Bieberstein Koch-Weser es Presidenta de Earth 3000.

Foto: Boesch/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mensaje para el Día Mundial del Medio Ambiente: Salvando nuestra Tierra común | Apuntando alto | Majestuosas pero frágiles | Hacia el equilibrio | Reverdeciendo las laderas | Para el pueblo | Altas prioridades | Belleza natural | Perspectivas para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible: Hacia Johannesburgo | Por un sendero empinado | Las cumbres del problema | ¿Disneylandia o diversidad? | Una senda al descubrimiento | La cima de las actividades | Panorama desde la cúspide | Nadar a contracorriente | Futuro nublado


Artículos complementarios:
AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources: Freshwater
Maritta Koch-Weser: Getting it together (Biological diversity) 2000


Report complementario:
Mountain Watch Report