¿Disneylandia o
diversidad?

 
Wendy Brewer Lama y Nikhat Sattar explican cómo el daño ocasionado a la diversidad biológica y cultural de las montañas por la industria de más rápido crecimiento del mundo está despertando creciente interés en el ecoturismo

Las montañas, morada de los dioses, fuentes de aguas esenciales para la vida, gigantescos monumentos de hielo y roca que por siglos han constituido fronteras impenetrables, ahora se están volviendo cada vez más vulnerables a la proeza deportiva de los seres humanos, a la avalancha de viajeros que buscan escapar de su atascada vida, y a las demandas hechas a los recursos naturales y las instituciones culturales que de con mucho exceden sus capacidades.

El turismo de montaña constituye el 15-20% de la industria en todo el mundo, dando cuenta de un valor de 70.000-90.000 millones de dólares por año. Es vital para la conservación y el desarrollo de las regiones montañosas, y ha ofrecido oportunidades económicas loables a estas zonas antaño aisladas y escasamente desarrolladas. Mas también está convirtiéndolas en los “más grandes basurales del mundo”, Disneylandias en las alturas que tergiversan y explotan las culturas montañeses con escasa ganancia para sus habitantes. Caminos, aeropuertos, hoteles, comunicaciones y otros desarrollos de infraestructura están abriendo estas zonas al turismo masivo antes de que pueda tener lugar cualquier tipo de planeamiento racional o buena ordenación.

Los impactos del turismo sobre los ecosistemas y los recursos biológicos de la montaña son motivo de gran preocupación. Inmensos cambios en altitud y condiciones climáticas asociadas resultan en enormes variaciones en las temperaturas, los suelos y la vegetación, creando una rica diversidad de ecosistemas. Pero estas condiciones también imponen tensiones desmesuradas sobre los recursos naturales, exacerbadas por actividades humanas y desarrollo incontrolados.

El turismo no-ordenado puede ejercer un enorme impacto sobre medio ambientes montañosos sensibles, protegidos en el pasado de los efectos de alteración y disturbio por su misma lejanía y aislamiento. Puede conducir a la eliminación de su vegetación, la degradación de los bosques, disturbios para la fauna y flora silvestres, a la reducción de hábitats, y a una mayor incidencia de incendios de bosques y praderas. El turismo genera un alto volumen de desechos y basura, y las comunidades montañesas no están preparadas para procesarlos. Y las prácticas agrícolas sostenibles que solían fomentar la agrobiodiversidad, en vez de ello se dirigen hacia la satisfacción de las demandas del mercado turístico, creando un efecto en cadena de las pautas de cultivo, pérdida de productividad de los suelos y erosión del suelo, acabando en la destrucción de hábitats y ecosistemas.

Las regiones montañosas son depositarias de altas concentraciones de especies endémicas y depósitos vitales de diversidad genética. Son corredores críticos para animales migrantes y santuarios para plantas y animales cuyos hábitats naturales se han visto comprimidos o modificados por actividades naturales y humanas. La pérdida de tal diversidad biológica conlleva implicaciones ambientales, éticas, económicas y relacionadas con la salud. Muchas plantas que crecen a gran altitud, por ejemplo, poseen propiedades medicinales importantes para el bienestar de los habitantes de la montaña, y/o un valor económico potencial capaz de contribuir a mejorar las economías montañesas.

Por otra parte, las identidades y la diversidad cultural en las regiones montañosas también se hallan amenazadas por fuerzas económicas, sociales y medioambientales asociadas con el turismo de montaña. Culturas aisladas durante largo tiempo por terrenos accidentados de pronto son “materia de motivos” para turistas-fotógrafos. Conocimientos y habilidades refinadas a través de generaciones pierden valor frente a los deportes de montaña de alta tecnología y la demanda de hoteles con estándares de cinco estrellas. La pérdida de identidad cultural lleva al aumento de crimen y uso de drogas, y la degradación de los valores comunitarios y prácticas religiosas que antaño solían mantener unida la sociedad.

Es necesario que los habitantes de la montaña tengan voz y voto y puedan participar en la condición y el futuro de sus culturas. El turismo puede ofrecerles esto, dándoles el valor y el ingreso para mantener auténticas características culturales tales como arquitectura, danzas y canciones, alimentos, vestimenta, conocimientos históricos y artesanías. Las culturas montañesas bien conservadas pueden ser una atracción única para turistas, y la atención de personas de fuera puede fomentar el orgullo cultural y el deseo de restaurar el auténtico patrimonio cultural. Mas existe una línea divisoria muy tenue entre turismo cultural sostenible y explotación excesiva de la cultura. Equilibrarla con éxito exige la participación local y el compromiso hacia la autenticidad, equidad y manejo cuidadoso.

Debido a su aislamiento y limitado acceso, muchos habitantes que viven en zonas de montaña carecen de habilidades y recursos suficientes para poder hacer inversiones en el turismo o sacar importante beneficio de ellos. El turismo proporciona empleos y oportunidades de inversión, pero tiende a beneficiar hogares e inversores que ya poseen importantes bienes. Los beneficios que se derivan a las familias más pobres, sin educación, por lo general se limitan a empleos manuales de baja categoría, cierta producción agrícola y alimentaria, y ganancias mínimas obtenidas por laborioso trabajo artesanal. Las poblaciones locales que viven dentro y alrededor de las zonas de parques montañeses a menudo soportan las cargas del turismo, tales como el aumento de desperdicios, riesgos de seguridad e inflación, pero a cambio reciben muy poco beneficio del precio de entrada pagado por los turistas para muy necesario desarrollo local y conservación.

A medida que el turismo ha crecido, y otras fuentes de sustento y demandas de mercado han disminuido, algunas economías montañesas – incluso comunidades agrícolas – dependen en demasía del turismo. Y cuando el turismo disminuye, las economías, la estructura social y los esfuerzos de conservación cultural sufren en forma desmesurada. El caso siguiente es un ejemplo de ello: debido a la actual inestabilidad política en Nepal, la llegada de turistas ha mermado en forma significante este año, y los operadores de los pabellones u hoteles de aldea están riñendo por el negocio que traen los visitantes. La falta de ingreso y la mayor competencia han contribuido al debilitamiento del compromiso de los operadores en cuanto concierne a la conservación (por ejemplo los planes de gestión de desechos), poniendo en peligro el apoyo de las comunidades y presentando un desafío a las instituciones culturales y religiosas.

Los roles y las relaciones de género con frecuencia cambian cuando el turismo se introduce a la economía montañesa local. El trabajo de guías o de transporte causa la ausencia de los hombres por largos períodos, aumentando considerablemente las cargas ya pesadas de las mujeres de las tareas del hogar, el cuidado de los niños, trabajos agrícolas y recolección de recursos. Las responsabilidades adicionales combinadas con el status socio-económico relativamente bajo de las mujeres y su falta de “valor económico” mediante ganancia de salarios son otros factores contribuyentes que les impiden perseguir su educación, carreras e involucramiento político, y pueden afectar su salud, su longevidad y el bienestar de sus hijos.

Evidentemente, el turismo continuará siendo una de las industrias de más rápido desarrollo del mundo, con impactos importantes, directos y crecientes sobre los sensibles valores ecológicos y culturales de las zonas montañesas. Estas preocupaciones están impulsando un creciente interés en los conceptos y prácticas de un turismo sostenible – y en el ecoturismo.

El Capítulo 13 del Programa 21 reconoció el turismo como un importante componente en el desarrollo sostenible y la conservación de las montañas, reconociendo el rol del Foro para las Montaña y otros en destacar la posición de las montañas en la agenda mundial para el medio ambiente. El año 2002 ha sido designado el Año Internacional del Ecoturismo así como el Año Internacional de las Montañas. A lo largo del Año, los planeadores de ecoturismo se reunirán en todas partes del mundo para compartir experiencias y elaborar recomendaciones tanto sobre problemas como sobre posibles maneras de medir y mitigar los impactos del turismo sobre la biodiversidad y las culturas autóctonas, la equidad en la participación de los beneficios, el desarrollo en los estándares de la industria, los roles de diversos interesados en la ordenación del turismo, y la importancia del enfoque participativo en la formación de sostenibilidad. El Programa de Apoyo para el Planeamiento de la Sostenibilidad del PNUMA, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, provee asistencia a los planeadores nacionales de conservación de la diversidad biológica, y está emprendiendo un estudio sobre “mejores prácticas” para integrar la biodiversidad y el turismo.

La falta de cualesquiera planes de turismo o desarrollo para las regiones montañesas es común a casi todos los lugares y culturas. Es necesario que el planeamiento para el turismo de montaña establezca los impactos ambientales a corto y largo plazo del desarrollo y dé prioridad a actividades turísticas que beneficien a los habitantes locales, al mismo tiempo de generar rendimientos sostenibles y apoyo para la conservación.

Algunas de las mismas características que impiden el desarrollo y la conservación, tales como aislamiento, acceso limitado, lo escarpado de su paisaje, la altitud y el clima también hacen que las montañas sean lugares atractivos para el turismo, y ayudan a proteger la diversidad biológica y cultural. Una manera de mantener las actividades de turismo de montaña dentro de una escala y un nivel de impacto adecuados consiste en aprovechar las fuerzas y bienes naturales de la zona y sus habitantes. Aprender a valorar tales bienes es la base para una economía de turismo montañés – los interesados llegan a reconocer la importancia de conservarlos y el adecuado manejo del turismo. De esta forma, el turismo sirve a modo de “instrumento” para la conservación y el desarrollo.

Una fuerte participación de los interesados, particularmente de los habitantes montañeses, pero asimismo la de los encargados de formular las políticas del gobierno, organizaciones no gubernamentales, el sector privado – e idealmente la participación del mismo turista – es importante durante todo el planeamiento, la implementación y el manejo del turismo de montaña. La experiencia ha demostrado que esto, junto con la participación equitable de los beneficios, producirá prácticas más sostenibles, y recursos biológicos y culturales mejor conservados. Es necesario involucrar a los habitantes locales en el turismo de montaña y habilitarles para conservar los recursos de los cuales su vida depende


Wendy Brewer Lama, Consultora para Planeamiento del Ecoturismo, trabaja con comunidades, gerentes de zonas protegidas y con el sector privado en el Himalaya y partes de China para planear y fomentar el ecoturismo basado en la comunidad. Nikhat Sattar es Director de Programas en UICN-Asia, y Coordinador de UICN-Asia para el Año Internacional de las Montañas.

Foto: Jack D. Ives


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mensaje para el Día Mundial del Medio Ambiente: Salvando nuestra Tierra común | Apuntando alto | Majestuosas pero frágiles | Hacia el equilibrio | Reverdeciendo las laderas | Para el pueblo | Altas prioridades | Belleza natural | Perspectivas para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible: Hacia Johannesburgo | Por un sendero empinado | Las cumbres del problema | ¿Disneylandia o diversidad? | Una senda al descubrimiento | La cima de las actividades | Panorama desde la cúspide | Nadar a contracorriente | Futuro nublado


Artículos complementarios:
En el número: Tourism 1999
AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and ecosystems: Mountains
AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and landuse: Migration and tourism


Report complementario:
Mountain Watch Report