Quitando
los paréntesis

 
David Anderson subraya la importancia de la fibra ambiental en la trama del desarrollo sostenible y sugiere maneras para lograr su avance

“Nuestro futuro se encuentra entre vuestros paréntesis”, declaró un delegado juvenil ante los negociadores reunidos en la Cumbre para la Tierra de 1992.

Una década más tarde, estas palabras aún resuenan como un recordatorio del alto propósito que impulsa a la comunidad internacional hacia la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible: ayudar a construir una vida mejor para más habitantes, y convertir el mundo en un lugar más seguro en el proceso.

Para mucha gente, la vida continúa siendo una lucha caótica para la supervivencia, una lucha que miles pierden cada día, millones cada año. Cambiar esta situación significa reemplazar la lucha caótica por un acceso más seguro, más previsible a las necesidades básicas para la vida de las generaciones actuales y futuras.

Esta es la meta del desarrollo sostenible: una estrategia mundial para promocionar condiciones que conduzcan a una mejor calidad de vida para más seres humanos en una manera que pueda conservar la capacidad del planeta a largo plazo.

¿Pero por dónde debemos comenzar? ¿Asegurando el acceso a agua potable? Sí. ¿O acaso por la educación? Sí. ¿O bien por el empleo remunerado? Aquí también, la respuesta es afirmativa. Debemos trabajar en pro del logro de todo ello, y mucho más.

Desarrollo sostenible significa asegurar la presencia de lo que cualquiera de nosotros identificaría como fundamental para nuestra propia capacidad y la de las generaciones futuras de vivir una vida segura, productiva y satisfactoria.

Así pues, al agua, la educación y el empleo debemos agregar la nutrición, vivienda y atención de la salud. Y también es necesario agregar el acceso a energía y a recursos naturales, la productividad agrícola, condiciones de trabajo seguras, un gobierno responsable, un sistema de justicia imparcial y justo, respeto por los derechos humanos, y la libertad de expresión cultural y espiritual.

Pero aún entonces, la lista todavía está lejos de ser completa.

En el curso de los últimos años, a través de las Naciones Unidas, los países del mundo se han reunido y han arribado a acuerdos sobre las maneras de encarar muchos de estos asuntos. Mientras cada uno de estos acuerdos es un componente indispensable de la creciente agenda del desarrollo sostenible, ha sido nuestra tendencia tratarlos en gran medida de forma aislada. Con demasiada frecuencia, nuestra implementación carece de coordinación, en ocasiones hasta como si se tratara de cosas sin conexión, con la consecuencia de arribar a resultados mixtos y quedarnos lejos del progreso previsto en Río de Janeiro diez años atrás.

No obstante, estamos aprendiendo a comprender las interacciones entre los aspectos fundamentales del bienestar humano de forma más holística. Vemos ahora que la generación de riqueza en maneras que perjudican el medio ambiente únicamente crea más pobreza. Comprendemos que proteger el medio ambiente en maneras que debilitan la capacidad de sustento de una comunidad conduce a tensiones sociales y ejerce presiones cada vez más grandes sobre el medio ambiente. Existe ahora un creciente momento para reunir todas las fibras separadas de la agenda del desarrollo sostenible y tejerlas en una estructura de progreso humano. Una “tela” en la cual su mutuo refuerzo las hará más fuertes y más durables. Los hilos de esa trama en los cuales estoy más interesado se encuentran en el terreno del medio ambiente. Está perfectamente claro que el bienestar humano depende en alto grado de la calidad del aire que respiramos, del agua que bebemos, de los alimentos que comemos, y de la munificencia natural del medio ambiente en que vivimos.

Cosa algo más sutil es la forma en que las condiciones medioambientales pueden socavar la salud humana. Cómo la contaminación de plomo reduce la capacidad de nuestros hijos para aprender. Cómo el smog (la niebla tóxica) agrava el asma, la dioxina causa cáncer, y el agotamiento del ozono suprime la inmunidad. Cómo los eventos meteorológicos extremos a mano con el calentamiento de la Tierra son capaces de exterminar una cosecha de alimentos. Cuando empobrecemos el medio ambiente, nos empobrecemos a nosotros mismos. No somos justos con el potencial humano y reducimos las perspectivas de desarrollo.

Lo que está en juego va mucho más allá de la calidad de vida. Nuestra misma oportunidad de existir depende de la capacidad del planeta Tierra de sostener cosas y seres vivientes.

Y no obstante, según documenta Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO-3) del PNUMA, esa capacidad sigue perjudicándose, a menudo más allá de los límites de su capacidad de regenerar, con trágicas consecuencias para la humanidad. Los recursos ecológicos son explotados en exceso, además de ser mal ordenados. El tamaño y la calidad de nuestros bienes naturales se van reduciendo. Todavía estamos perdiendo especies. Los arrecifes de coral están muriendo a un ritmo alarmante. Los impactos de un clima cambiante son cada vez más evidentes. Los recursos hídricos se encuentran bajo creciente presión. Los bosques se están reduciendo y la desertificación está acelerando.

A las claras, la importancia del medio ambiente en la ecuación del desarrollo sostenible es fundamental. La sugerencia del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, de que la Cumbre enfoque sus esfuerzos en particular en los problemas del agua, la energía, la salud, la agricultura y la biodiversidad ilumina este punto.

Desde luego, una cosa es que nosotros aceptemos esto, pero otra muy distinta es emprender las medidas correspondientes.

En el curso de los 30 años desde la Conferencia de Estocolmo en 1972, es innegable que la comunidad internacional ha hecho enormes avances en la tarea de encarar numerosos problemas ambientales.

El PNUMA, como la principal autoridad ambiental dentro de la Organización de las Naciones Unidas, jugó un papel decisivo en el desarrollo de una amplia variedad de acuerdos y convenciones internacionales para avanzar la protección de la diversidad biológica del mundo y de la capa de ozono, así como el ordenamiento racional de los productos químicos y los contaminantes orgánicos persistentes. El PNUMA continúa facilitando la acción coordinada mediante instrumentos prácticos tales como las directrices del PNUMA, recientemente publicadas, sobre la conformidad con los acuerdos ambientales multilaterales, y su cumplimiento obligatorio.

En la década transcurrida desde Río, los gobiernos también han logrado importantes éxitos en reconocer la integración de los tres pilares del desarrollo sostenible. No obstante, la implementación de esta visión sigue confrontando a la comunidad internacional con enormes desafíos.

Las raíces de los problemas que estamos tratando pueden encontrarse a través de toda la sociedad, y por ende, la sociedad toda debe participar en su solución. Los gobiernos no pueden hacerlo ellos solos, ni deberían hacerlo. El desarrollo sostenible es responsabilidad de todos.

Debemos trabajar en alianza con la sociedad civil, incluso el sector privado, que en muchos casos se halla en la mejor posición para ofrecer los talentos y recursos adecuados y necesarios. En ese sentido, hemos aprendido que la franqueza, la transparencia y la confianza entre todos los socios son factores clave.

Debemos esforzarnos por establecer los vínculos apropiados entre los aspectos ambientales, sociales y económicos, así como para coordinar mejor los diversos acuerdos multilaterales.

Esto nos lleva a la cuestión de cómo convendrá organizarnos para garantizar una acción intergubernamental efectiva y coordinada. Los ministros del medio ambiente han reconocido la necesidad de un sistema de gobierno ambiental internacional más fuerte, que concentre nuestra atención en la coherencia institucional y la formación de capacidades para prestar apoyo a la implementación de los acuerdos internacionales existentes.

Un mejor gobierno ambiental nos ayudará a producir resultados, no simplemente para sus propios fines ambientales obvios e importantes, sino porque esos resultados ejercen otros impactos beneficiosos sobre las economías, las sociedades, y sobre la salud de las poblaciones.

Este es un paso clave hacia la realización del desarrollo sostenible. Necesitamos un gobierno efectivo que emprenda medidas en asuntos ambientales, económicos, sociales y de la salud, y provea paz y mejoras duraderas para la calidad de vida de su pueblo.

Sobre este pequeño planeta nuestro, el destino de todos los habitantes está ligado. Al mejorar el bienestar de cualquiera en particular se mejora el bienestar de todos.

Por lo tanto, en última instancia, el desarrollo sostenible es cosa de nuestras relaciones unos con otros y con el planeta en el cual vivimos. El progreso futuro no provendrá de expresiones de intención sino de los cambios que se hagan en las estructuras subyacentes que gobiernan esas relaciones.

Al comenzar a “desempacar” nuestros paréntesis en Johannesburgo, se plantean las siguientes preguntas: ¿Cuán cerca nos hallamos ahora de ese día? ¿Y cuánto más cerca podemos llegar?


David Anderson es Ministro para el Medio Ambiente de Canadá y Presidente del Consejo de Administración del PNUMA.

Foto: Frances Broome/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Una agenda de esperanza | Cambiando el paradigma | Una sola Tierra | Quitando los paréntesis| Renacimiento africano| Una oportunidad que no podemos perder | GEO-3 de un vistazo | Lo que piensa la gente | Recuperar el impulso | Midiendo la insostenibilidad | Renovando la red | Programa de transformación | Las grandes empresas deben dar cuentas | Salir al terreno | Carta a los Delegados| Necesitamos un sueño| Dos caras de una misma moneda: el antes y el después de Johannesburgo


Artículos complementarios:
David Anderson: Progreso y posibilidades (Las sustancias quimicas) 2002
Sheila Watt-Cloutier: Una llamada para despertar al mundo (Las sustancias quimicas) 2002
En el número: Fresh Water, 1998
Gerhard Berz: Insuring against catastrophe (Disasters) 2001
En el número: Biological diversity, 2000

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