Cambiando
el paradigma

 
Fernando Henrique Cardoso dice que en muchas maneras, la Tierra ha dado un paso atrás desde la Cumbre de Río, y promete su ayuda para reavivar su espíritu en Johannesburgo

El mundo ha cambiado desde la Cumbre para la Tierra de Río de Janeiro en 1992. Mas desgraciadamente, en muchos aspectos, no ha sido un cambio para mejor.

Algunos países se muestran renuentes a incorporar el concepto de desarrollo sostenible al planeamiento estratégico de su gobierno, o a cumplir los compromisos contraídos en el Programa 21, a tal punto que hasta están retardando su contribución a los esfuerzos por mitigar el impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente.

Los resultados alcanzados en el curso de los últimos diez años despiertan preocupación. La Convención sobre la Diversidad Biológica, que abrió nuevo terreno al contemplar un sistema de acceso universal a los recursos genéticos, aún no ha logrado materializar una repartición justa y equitativa de los beneficios devengados de la explotación de la biodiversidad.

El Protocolo de Kioto, que esperamos finalmente entrará en vigor este año, todavía no ha sido ratificado por países importantes, los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero.

No se ha producido cambio estructural en los modelos de producción y consumo insostenibles en el mundo desarrollado. Todavía prevalece la cultura de “usar y tirar”, produciendo insostenibles niveles de residuos y desperdicio.

El principio establecido en Río de que todas las naciones tienen responsabilidades colectivas, pero diferenciadas, para preservar las condiciones de vida sobre el planeta no ha sido traducido en recursos adicionales, ni ha conducido a la transferencia de tecnologías limpias a los países en desarrollo.

Por el contrario, estamos viendo la supremacía de ideas más conservadoras que aquéllas de diez años atrás. Preocupaciones sobre el “precio” a pagar por la sostenibilidad, y acerca de los sacrificios que podría ser necesario hacer en términos de crecimiento económico a fin de garantizar las condiciones de vida futuras, actualmente determinan las actitudes hacia los asuntos de índole ambiental. ¡Como si fuera posible medir el bienestar de una sociedad únicamente según criterios como los ingresos nacionales o el producto doméstico bruto!

Un aumento en los ingresos o en el PDB de un país no siempre se traduce automáticamente en una mejor calidad de vida para sus habitantes. Muchos campos del desarrollo dependen de políticas públicas adecuadas, de prácticas empresariales y éticas responsables, de una mayor consciencia social, de trabajo voluntario y filantropía. En efecto, el desarrollo depende de que todos los sectores de la sociedad trabajen en participación con la finalidad de lograr la sostenibilidad.

Esta clase de desarrollo forma parte de lo que suele llamarse “gobierno progresista”. Este tipo de gobierno trata de presentar una alternativa al desarrollo rapaz, que destruye la naturaleza y hasta llega a poner en peligro la supervivencia de la raza humana. Hablando en términos generales, depende de la democracia y de la participación de la población en el proceso de la toma de sus decisiones.

Sabemos que no es fácil llevar adelante un paradigma de cambio de esta magnitud. Hace falta una movilización de gran escala para contrarrestar las posiciones insensibilizadas de algunos actores y la timidez de otros.

Esto es lo que esperamos sucederá en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo en agosto, en la cual se hará un balance de la década transcurrida desde la Cumbre de Río y se tratará de superar los obstáculos que impiden la plena implementación de sus decisiones.

Será una oportunidad única para las naciones que más progresos han hecho en los asuntos medioambientales de hacer oír su voz para crear la conciencia entre la comunidad internacional. Por otra parte, también hace falta una numerosa presencia en Johannesburgo de las organizaciones que representan a la sociedad civil. La opinión pública ha avanzado más que la de los gobiernos conservadores o las empresas ambientalmente irresponsables y puede jugar un papel para llevar adelante las cosas.

Necesitamos asegurar que la Cumbre de Johannesburgo lanzará nuevas iniciativas para el desarrollo sostenible. Sin perder de vista las preocupaciones tradicionalmente asociadas con la lucha para salvar el medio ambiente – tales como conservar los bosques de lluvia -, es imprescindible que respondamos a los nuevos retos de nuestra era. Es necesario que promovamos el uso sostenible del agua, que encontremos nuevas fuentes de energía renovable, y que desmitifiquemos el vínculo entre la pobreza y el agotamiento de los recursos naturales.

Africa, un Continente caro para todos nosotros, simboliza cuánto puede sufrir la gente debido a que el mundo ha fracasado en encontrar una manera alternativa de lograr el desarrollo.

Me satisface poder afirmar que el Brasil ha hecho algún progreso en esta dirección en el curso de los últimos diez años. En parte debido a que fuimos anfitriones de la Cumbre de 1992, los brasileros somos ahora muy conscientes de la importancia de un desarrollo sostenible para nuestro futuro.

Fue grato ver recientemente que, en respuesta a la fuerte demanda del público brasilero, el Protocolo de Kioto recibió la aprobación de nuestro Congreso Nacional.

Brasil ha hecho un enorme esfuerzo para combatir la pobreza. Esto ya se halla reflejado en cambios en indicadores sociales como la mortalidad infantil y la tasa de escolaridad y, dentro de poco, sin duda también se verá reflejado en los indicadores económicos.

El Brasil no se encuentra en condiciones de proveer recursos económicos para ayudar a otros países en su lucha contra la pobreza, pero podemos contribuir nuestra experiencia, a través de ejemplos de programas de bienestar social o capacitación de personal que han resultado exitosos, o hasta mediante la participación de empresas brasileras en sectores como infraestructura y saneamiento. Comprendemos que una población más sana, mejor educada, significa una mejor y más alta producción dentro de un círculo virtuoso de desarrollo sostenible.

El Brasil es consciente de su responsabilidad de preservar “el legado de Río” y aportará un enfoque constructivo a la Cumbre de Johannesburgo. El nuestro es el enfoque de una nación que comprende que desarrollo sostenible significa incluir e integrar aspectos mundiales, nacionales y locales. Ante todo, es el enfoque de una nación comprometida a la visión de toda la humanidad unida en solidaridad universal como ciudadanos de nuestro planeta 


Fernando Henrique Cardoso es Presidente del Brasil.

Foto: Rafael I. Costa/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Una agenda de esperanza | Cambiando el paradigma| Una sola Tierra | Quitando los paréntesis | Renacimiento africano| Una oportunidad que no podemos perder | GEO-3 de un vistazo | Lo que piensa la gente | Recuperar el impulso | Midiendo la insostenibilidad | Renovando la red | Programa de transformación | Las grandes empresas deben dar cuentas | Salir al terreno | Carta a los Delegados| Necesitamos un sueño| Dos caras de una misma moneda: el antes y el después de Johannesburgo


Artículos complementarios:
Klaus Toepfer: Perspectivas para la cumbre: Hacia Johannesburgo
(Las montañas y el ecoturismo) 2002
Mohammed Valli Moosa: Enfrentando el reto (Las sustancias quimicas) 2002
Juan Mayr Maldonado: Puertas abiertas (Las sustancias quimicas) 2002

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