Las grandes empresas
deben dar cuentas

 
Martin Khor llama a la Cumbre de Johannesburgo a rectificar la falta de la Cumbre de Río de imponer obligaciones vinculantes a las empresas transnacionales

Más que ningún otro asunto en los recientes debates sobre el desarrollo sostenible, la actuación de las grandes empresas, y la necesidad de hacerlas más responsables, ha sido objeto de la atención y el interés público. Muchos grupos de ciudadanos han convertido la responsabilidad de las corporaciones en su preocupación primordial en el proceso preparatorio para la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (CMDS). Han expresado su deseo de que la Cumbre establezca un sistema mundial encaminado a reglamentar las prácticas de las grandes empresas, para impedirles seguir perjudicando el medio ambiente, manipulando divisas, ganancias y mercados, y violando los derechos humanos de sus trabajadores o comunidades locales.

En estos últimos meses, el tema ha estado muy presente en la consciencia pública debido a las revelaciones, una tras otra, de prácticas de contabilidad fraudulentas o engañosas en compañías de renombre mundial. Está claro ahora que varias compañías habían estado “disfrazando” su balance final para demostrar sanas ganancias cuando en realidad estaban haciendo pérdidas. Al quedar revelada la verdadera posición, la confianza se desplomó, tanto en estas compañías como en los mercados de valores en general. Los inversores dudan de la veracidad de las cuentas de las corporaciones, socavando la base de la inversión en acciones. Miles, hasta millones de trabajadores e inversores perdieron gran parte de sus ahorros con la baja de las acciones. De la noche a la mañana, el renombre de muchos directores bajó a niveles récord. Alabados otrora como iconos y modelos, son considerados ahora como escandalosamente pagados en exceso, manipuladores y hasta lisa y llanamente deshonestos.

Esto tiene implicaciones muy importantes para el desarrollo sostenible. La maximización de las ganancias a corto plazo había sido el principio de operación más importante de las corporaciones en muchos países desarrollados. Anuncios de las empresas causaban la subida o la baja del precio de sus acciones de forma dramática, y, para evitar ser absorbidas, tenían que mostrar altas ganancias. Pero el surgimiento del “capitalismo de accionistas”, y su obsesión con el desempeño a corto plazo juzgado por la rentabilidad, ha llevado el sistema de mercado entero al borde de una ralentización económica mundial. Algunos analistas hasta pronostican un meltdaun financiero.

Los recientes escándalos financieros no son sino una faceta de la crisis en la responsabilidad de rendición de cuentas de las corporaciones. La tendencia dominante de desregulación y liberalización ha permitido a las compañías hacer las cosas a su albedrío, a medida que muchos controles inadecuados ya se han abolido. Tal vez el principal error de la Cumbre de Río de Janeiro fue su decisión de no crear un mecanismo para reglamentar las grandes corporaciones o sociedades anónimas. Ya por aquel entonces, organizaciones no gubernamentales (ONG) como la Red del Tercer Mundo y Greenpeace habían identificado el rol puntero de las compañías transnacionales (CTN) en el daño causado al medio ambiente, destacando que:

  • Sus actividades generan más de la mitad de los gases de efecto invernadero emitidos por los sectores industriales con el mayor impacto sobre el calentamiento de la Tierra.

  • Ellas dominan el comercio – y con frecuencia también la extracción – de recursos y mercancías naturales, afectando de esta forma bosques, suelos, recursos hídricos y marinos. Por ejemplo, las CTN dominan la minería, y controlan alrededor de una quinta parte de las tierras de cultivos para exportación en todo el mundo.

  • De modo similar, dominan la industria y el transporte mundial y nacional, y sus actividades resultan en contaminación, peligros industriales y del trabajo, desechos tóxicos y productos peligrosos.

  • Son grandes transmisores de sistemas de producción ecológicamente poco racionales y materiales peligrosos al Sur, incluso plaguicidas peligrosos, industrias contaminantes y desechos peligrosos. Y además fomentan pautas de consumo insostenibles, tanto en el Norte como en el Sur.

No obstante, la Cumbre para la Tierra decidió que podía confiarse en que estas empresas cambiarían sus prácticas y por ende no se impusieron obligaciones a las CTN de comportarse en una forma ecológica y socialmente responsable. Desde entonces, la tendencia de tratar las CTN con guantes de seda ha acelerado. La Secretaría de las Naciones Unidas las ve no como poderosas fuerzas que es necesario controlar sino como socios responsables que en efecto conducirán al mundo a la sostenibilidad. Actualmente, la ONU trata las empresas como parte de la “sociedad civil”, como socios en un “compacto mundial” con la ONU misma, y como un componente vital en las así llamadas Alianzas Categoría Dos, que se pretende forman una parte mayor de la CMDS. Estos vínculos cada vez más estrechos inevitablemente traerán bochorno a la ONU, por ejemplo, si resultara que muchos de estos “socios” han estado involucrados en auditoría fraudulenta y otras prácticas no éticas.

La trayectoria de los últimos años ha confirmado que el desarrollo sostenible sale perdiendo cuando los gobiernos abandonan su tarea de regular las empresas. Los escándalos de contaduría han explotado una vez más el mito de que las medidas voluntarias o la autoregulación por parte de la industria se harán cargo de la responsabilidad corporativa. Los estudios de caso del desempeño de muchas CTN muestran que se ha producido muy poco cambio – a pesar de las pretensiones de relaciones públicas de una mayor responsabilidad corporativa, y una mayor cantidad de códigos de conducta industrial – mientras continúan con sus actividades perjudiciales para el medio ambiente. Los asuntos ecológicos han bajado por muchos grados de prioridad en las agendas nacionales e internacionales a medida que la mundialización ha ido colocando a cada país y cada compañía bajo creciente presión de competir.

Así, incumbe a la CMDS la urgente tarea de volver a colocar la regulación de las corporaciones en la agenda nacional. En las actuales circunstancias económicas altamente competitivas es imposible esperar la autoregulación de las empresas. Hace falta reglamentación pública, mediante el establecimiento de normas vinculantes a través de todos los ámbitos de la industria, respaldadas por ley y su cumplimiento efectivo.

Sin embargo, no es dable esperar que los gobiernos individuales asuman el control de las CTN ellos solos. Confrontados con la feroz competencia entre países, los gobiernos se mostrarán renuentes a legislar estándares más altos que aquellos de sus competidores. Por otra parte, las CTN son ahora tan gigantescas en términos de activos, rotación, empleo e inversión que eclipsan a muchos países. Los gobiernos, por sí solos, son incapaces de empezar siquiera a monitorear – sin hablar de controlar – las CTN que operan dentro de sus propios territorios, debido a la falta de información, ausencia de revelación corporativa o revelación inadecuada, y su falta total de peso o influencia frente al inmenso poder de las compañías transnacionales.

Por ende, la tarea de monitoreo y la regulación de las CTN es por lo menos tan importante al nivel internacional o multilateral como al de los gobiernos individuales. Sin tal vigilancia y regulación, no existirían medios adecuados o efectivos de monitorear y verificar las actividades ecológicamente perjudiciales de los más grandes agentes económicos del mundo, y no habría movimiento alguno hacia soluciones efectivas para la crisis del medio ambiente mundial y el desarrollo.

Así pues, la CMDS deberá iniciar un proceso hacia la elaboración de un documento marco vinculante sobre la responsabilidad corporativa. Este marco debe incluir provisiones para la regulación pública y monitoreo de asuntos como la revelación pública de información, salud y seguridad, efectos sobre el medio ambiente, e implicaciones sociales y de desarrollo. Debe establecer actividades para vigilar, analizar, desarrollar criterios y principios para una conducta ética y ecológicamente racional, y para regular las actividades de las CTN. Entre los campos a cubrir se cuentan los siguientes: aspectos ambientales, de salud y seguridad; aspectos sociales y de desarrollo; y prácticas de comercio y negocio restrictivas que privan a estados y al público de obtener sus plenos beneficios. Por otra parte, también deberá hacerse responsables a las CTN para la compensación para los efectos perjudiciales de sus operaciones sobre el medio ambiente, la seguridad y la salud.

La CMDS y el proceso post-CMDS deberá reafirmar el principio de que los Estados tienen el derecho de regular la entrada, el establecimiento y las operaciones de las CTN, y que las CTN tienen la obligación de respetar la soberanía nacional, respetar los derechos de salud pública y los derechos ecológicos, y de abstenerse de actividades financieras, de fijación de precios o tecnológicas que causan problemas para los países anfitriones.

La CMDS debe enviar un mensaje claro: que los derechos y las libertades de las CTN y otros negocios deben ocupar segundo lugar ante los derechos del público y los Estados a someterlas a regulaciones, leyes y directrices encaminadas a reducir los problemas de medio ambiente y desarrollo que amenazan con envolver a la Tierra y a la humanidad entera 


Martin Khor es Director de la Red del Tercer Mundo.

Foto: T. Mukai/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Una agenda de esperanza | Cambiando el paradigma | Una sola Tierra | Quitando los paréntesis | Renacimiento africano| Una oportunidad que no podemos perder | GEO-3 de un vistazo | Lo que piensa la gente | Recuperar el impulso | Midiendo la insostenibilidad | Renovando la red | Programa de transformación | Las grandes empresas deben dar cuentas| Salir al terreno | Carta a los Delegados| Necesitamos un sueño| Dos caras de una misma moneda: el antes y el después de Johannesburgo


Artículos complementarios:
En el número: Transport and Communications, 2001
En el número:
Disasters, 2000
En el número: Energía, 2001

AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and Land Use

AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources