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Claire Short evalúa los éxitos del FMAM y sugiere prioridades para su segundo decenio |
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El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) es una asociación única, que reúne al Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el PNUMA. Es una amalgama de lo mejor de las instituciones Bretton Wood y el sistema de las Naciones Unidas. Desde el comienzo, las organizaciones no gubernamentales (ONG) han jugado un papel activo en la tarea de configurar el FMAM y trabajar con el Fondo en una variedad de maneras, convirtiéndolo en probablemente la organización pública más abierta y transparente. Por otra parte, el Fondo también ha demostrado su capacidad de mostrar flexibilidad, atrayendo nuevas agencias a la asociación, tales como bancos de desarrollo regionales y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Su estructura de gobierno de 32 socios constituyentes en el Consejo con igual participación para naciones desarrolladas y países en desarrollo permite tomar las decisiones con el mínimo de alboroto y sin largos discursos. Su valor ha sido reconocido por la comunidad internacional a través de tres reaprovisionamientos exitosos, así como por una expansión de sus actividades tradicionales, de modo que actualmente también se ocupa de los problemas de los contaminantes orgánicos persistentes y los impactos mundiales de la degradación de tierras. Así pues, ¿qué ha logrado el FMAM en el terreno? Las estadísticas financieras revelan una historia notable. Desde su formación en 1991, el FMAM ha comprometido (para fines de junio de 2002) 4.000 millones de dólares, y desembolsado unos 1.400 millones. La mayor parte del financiamiento se destinó para la lucha contra el cambio climático y la protección de la biodiversidad, con compromisos financieros de 1.400 millones y 1.500 millones de dólares, respectivamente. En términos de compromisos financieros regionales, se han asignado 770 millones (20%) a Africa, 1.100 millones (28%) a Asia y 900 millones (23%) a Latinoamérica. Pero estos compromisos directos son sino una pequeña parte de la historia. La evidencia independiente sugiere que por cada dólar invertido por el FMAM, apalanca tres veces otro tanto de otras fuentes. El último estimado de esta recaudación se eleva a 12.400 millones de dólares extra en cofinanciación. Si bien esta cifra es impresionante, aún queda mucho más que hacer en este área, particularmente en lo que concierne a la tarea de profundizar la cooperación con el sector privado. Por importante que sean las cifras financieras, ellas son menos importantes que la comprensión de la institución en sus primeras etapas de que no sería posible tratar los problemas y asuntos medioambientales en forma aislada. Las causas subyacentes de la degradación ecológica a menudo están relacionadas con políticas económicas y sociales poco apropiadas, un marco legal inapropiado, debilidad institucional y pobre conciencia pública. Por lo tanto, el FMAM se apartó de la práctica de financiar proyectos aislados, y ha iniciado un diálogo de política constructivo con un número de importantes socios, de modo que los préstamos se conceden por etapas, según el cumplimiento de criterios de desempeño acordados. Con el tiempo, esto mejorará la sostenibilidad de las operaciones del FMAM y su impacto sobre el medio ambiente.
Uno de los enfoques más innovadores del FMAM ha consistido en promocionar la energía renovable y el uso energético eficiente aumentando la demanda, haciendo con ello más atrayente para el sector privado desarrollar y vender tales tecnologías. Pueden encontrarse ejemplos en el desarrollo de sistemas fotovoltaicos solares fuera de la red para electrificación rural en Kenia, Sri Lanka, Viet Nam y Perú, en energía de biogás obtenida de plantas de depuración de aguas residuales o vertederos en la India y Jordania, energía eólica en la India, y energía en base a desechos de caña de azúcar en Mauricio. Digno de mencionar es el ejemplo de Brasil, donde la comercialización de una eficiente nueva tecnología de energía de biomasa obtenida de caña de azúcar y astillas de plantaciones de árboles de rápido crecimiento inspiró el desarrollo de una planta similar en el condado de Yorkshire en Inglaterra. Desde luego, el objetivo final de todas estas nuevas tecnologías es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, aminorando con ello el ritmo del cambio climático.
Según se observa más arriba, el FMAM siempre ha alentado la amplia participación en sus proyectos. Un instrumento efectivo en este empeño ha sido el Programa de Pequeños Subsidios, en el cual pequeños proyectos, dirigidos estratégicamente, pueden contribuir a solucionar problemas ecológicos mundiales al mismo tiempo de mejorar la seguridad de los medios de vida de la gente pobre. El programa ha recibido el fuerte apoyo de agencias gubernamentales relevantes, instituciones académicas, ONG, gobiernos locales y grupos comunitarios. Dado que una de las claves para un desempeño ecológico más efectivo es el nivel de conciencia pública dentro de la comunidad, el programa ofrece valiosos ejemplos de lo que es posible lograr, y mejora las posibilidades de que tales actividades puedan ser sostenibles. ¿Cuáles son las prioridades para la actividad del FMAM al entrar en su segundo decenio de existencia? Yo sugiero que son tres, a saber:
El Reino Unido siempre ha prestado su fuerte apoyo al FMAM. Desde su inicio hemos proporcionado 215 millones de libras esterlinas ($330 millones) al Fondo. Durante el tercer reaprovisionamiento del Fondo planeamos proveer otros 118 millones de libras ($180 millones), incluso una contribución voluntaria de 15 millones de libras ($23 millones), en adición a los arreglos normales de nuestra participación en la carga internacional. Continuaremos trabajando con la Secretaría y nuestros colegas en el Consejo para alentar las prioridades que aquí expongo
Claire Short es Secretaria de Estado para Desarrollo Internacional del Reino Unido. Foto: Silvana Tarelho/UNEP/Topham |
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