Enemigos
invisibles

 
Jack Weinberg explica por qué los contaminantes orgánicos persistentes son un problema mundial, y describe los esfuerzos para reducir y eliminarlos

La Convención de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, que se espera entrará en vigor el año próximo, demuestra que el mundo reconoce ahora que la contaminación de productos químicos tóxicos constituye un problema crítico. El apoyo para la Convención es amplio y profundo. Las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en los campos de salud pública, medio ambiente y desarrollo en todas partes del mundo la ven con gran entusiasmo, en tanto que el comercio de las asociaciones de la industria química también se declaran en su favor.

Con anterioridad a los años 1980 y durante su transcurso, varios científicos que estaban estudiando los Grandes Lagos de Norteamérica, el Mar Báltico y el Mar del Norte observaron anomalías relacionadas con la salud en los peces y la vida silvestre. Dichas anormalidades incluían defectos reproductivos y disminución de las poblaciones, glándulas tiroides de función anormal y otras disfunciones del sistema hormonal, la feminización de los machos y la masculinización de las hembras, sistemas inmunes en peligro, anormalidades de conducta, tumores y cánceres. Los científicos también concluyeron que estos fenómenos eran causados por contaminantes químicos tóxicos persistentes, sumamente extendidos en estos ecosistemas.

Los científicos y los investigadores médicos se dieron cuenta entonces de que estos mismos contaminantes químicos tóxicos también se encuentran en los alimentos consumidos por la gente, planteando con ello la importante pregunta de si la salud humana igualmente podría hallarse afectada. Los estudios confirmaron que, en efecto, tal era el caso. Muchos trastornos y déficits en la salud humana se han asociado ahora con la exposición a estos contaminantes. Entre ellos cabe mencionar cánceres y tumores, dificultades de aprendizaje, déficits en la concentración y otros problemas del sistema nervioso, cambios en el sistema inmune que pueden debilitar la capacidad de una persona de luchar contra enfermedades, pérdida reproductiva y disminuciones en nacimientos masculinos, períodos de lactancia más cortos en madres que amamantan a sus bebés, y una mayor incidencia de enfermedades tales como diabetes y endometriosis (una afección ginecológica dolorosa y debilitante).

Se introdujo un nuevo término: “contaminantes orgánicos persistentes” o “COP” para describir el tipo de productos químicos causantes de estos problemas. Su característica notable es que se trasladan a largas distancias a través del aire para luego precipitarse en los sistemas hídricos o sobre la vegetación en cantidades suficientes para causar daño. Los COP se concentran en los peces, en la carne y en la leche, y en las personas que los consumen. Plantean un problema particularmente serio en la región del Artico, dado que se concentran especialmente en su vida silvestre y dañan a los pobladores árticos autóctonos que dependen de ella para su dieta. Por otra parte, el clima frío de las regiones norteñas también aumenta la tasa de precipitación de los COP.

Amenazas bien documentadas
Sólo pequeñas cantidades de COP se han producido o usado jamás en el Artico, pero los productos químicos se trasladan allí de fuentes distantes para plantear sus serias y bien documentadas amenazas para sus habitantes y sus ecosistemas. Esto asegura que ni las personas ni el medio ambiente puedan protegerse contra los COP mediante acción y medidas locales, nacionales o regionales únicamente. Plantean un problema mundial, y requieren acción y medidas mundiales, como los defensores y gobiernos de las regiones del Norte a menudo fueron los primeros en señalar.

En 1995, los gobiernos del Norte llevaron la cuestión de los COP ante el Consejo de Administración del PNUMA y aseguraron una decisión de evaluar la necesidad de medidas mundiales. Más adelante ese año, en la Conferencia patrocinada por el PNUMA sobre la Protección del Medio Ambiente Marino de Actividades Terrestres, los gobiernos expresaron su acuerdo sobre la necesidad de contar con un instrumento legalmente vinculante para reducir y/o eliminar las emisiones y descargas de COP.

Los COP son producidos y utilizados ampliamente en otras partes del mundo. Son generados como subproductos químicos superfluos en muchos procesos, son almacenados como desechos y contaminan suelos y sedimentos. Plantean serias amenazas a los ambientes locales y causan graves daños para la salud de los habitantes y trabajadores locales. Por lo tanto, constituyen un problema local así como un problema mundial. La contaminación con COP en los países en desarrollo con frecuencia es poco o mal documentada, pero las exposiciones pueden ser tan severas, o más severas que en el Artico, y posiblemente muchas más personas podrían estar afectadas. A medida que la información sobre el daño causado por los COP y otros contaminantes químicos a la salud y el medio ambiente fue haciéndose más ampliamente difundida y accesible, exacerbó las preocupaciones ya crecientes respecto a la seguridad de los productos químicos en muchos países en desarrollo y naciones en transición. Pero con frecuencia era imposible traducir la creciente conciencia sobre su efecto perjudicial en programas coherentes y significativos. Por lo general resultaba difícil asegurar los recursos o la atención política requerida para la implementación de medidas nacionales y locales efectivas. Los funcionarios del gobierno, los académicos y las organizaciones no gubernamentales (ONG) en países en desarrollo más conscientes del problema a menudo se vieron frustrados por su incapacidad de actuar en base a su conocimiento.

Si bien el impulso para convertir los COP en un asunto de preocupación mundial fue iniciado en países del Norte, halló un público fuerte y abierto en el Sur. Esto coincidió con otros desarrollos. Hacía tiempo que muchos funcionarios del gobierno con responsabilidades para la ordenación de los productos químicos habían observado la falta de apoyo político a alto nivel. Muchos también se habían sentido frustrados por la fragmentación de la responsabilidad para el ordenamiento de los productos químicos a través de los ministerios, a menudo con pobre coordinación y sin una estructura adecuada, recursos o autoridad. Esto fue discutido en la Cumbre para la Tierra de Río de Janeiro en 1992, y reflejado en el Capítulo 19 del Programa 21.

En 1994, el Foro Intergubernamental sobre Seguridad Química (FISQ) fue fundado para promocionar la implementación del Capítulo 19 y para proporcionar un foro y una voz para los funcionarios del gobierno con responsabilidades para la ordenación de los productos químicos. El Foro se convirtió en un lugar en el cual funcionarios de países altamente industrializados y de países en desarrollo se reunieron para conocerse, y les ofreció oportunidades para empezar a formular visiones y estrategias para mejorar la seguridad de los riesgos químicos. Asimismo se convirtió en un vehículo para fomentar un status político más alto para las preocupaciones relacionadas con los riesgos químicos, y alentar una mejor integración y mayor eficiencia en los regímenes de ordenación nacional de los productos químicos. Los esfuerzos del Foro ayudaron a alentar y capacitar a los funcionarios de algunos países en desarrollo a avanzar esfuerzos para fortalecer su capacidad nacional y su infraestructura para la prevención de los riesgos químicos.

En 1996, a invitación del PNUMA, el FISQ formó un Grupo de Trabajo ad hoc encargado de formular y examinar recomendaciones para medidas mundiales relacionadas con los COP. Basándose en las anteriores experiencias del Foro, el Grupo de Trabajo promocionó un enfoque equilibrado entre los intereses del Norte y del Sur. Proporcionó oportunidades para el pleno involucramiento tanto de ONG ambientales como de las asociaciones de la industria química. El resultado de esta actividad fue un enfoque de consenso y un marco para crear un tratado legalmente vinculante para los COP que reflejara los intereses del Norte y del Sur, y las preocupaciones de la industria así como las de la sociedad civil.

El Consejo de Administración del PNUMA adoptó las recomendaciones del FISQ en 1997, proveyendo con ello un marco estable y exitoso para un proceso de negociación intergubernamental. Todos los intereses siguieron participando en este empeño: intereses del Norte y del Sur, intereses de la industria y de la sociedad civil. Todos siguieron activos en crear conciencia sobre los esfuerzos relacionados con los COP, todo lo cual resultó en el amplio y profundo apoyo para la Convención de Estocolmo.

Prioridades absolutas
La Convención reconoce explícitamente que: “el desarrollo económico y social sostenible y la erradicación de la pobreza son las primeras y absolutas prioridades de países en desarrollo Partes”. Todas sus provisiones toman esto en cuenta. No crea expectativa de la posibilidad de que los recursos que los países en desarrollo deben usar para cumplir con sus obligaciones serán desviados de sus prioridades nacionales. En vez de ello, promete movilizar recursos nuevos y adicionales para permitir a los países en desarrollo y en transición cumplir obligaciones que de otro modo estarían más allá de su capacidad.

Sin embargo, las actividades que los países emprendan para cumplir con las obligaciones bajo la Convención también proporcionan importantes beneficios domésticos. La plena implementación de sus provisiones protegería la salud doméstica y tanto los entornos locales como los mundiales. La plena implementación efectiva de la Convención eliminará los contaminantes orgánicos persistentes del medio ambiente mundial y avanzará la prevención de los riesgos químicos en todos los países. La historia lo registrará como un momento decisivo en la evolución del desarrollo sostenible y en el reconocimiento de la prevención de los riesgos químicos como una cuestión mundial y local crítica


Jack Weinberg dirige el Programa Mundial de Prevención de los Riesgos Químicos del Fondo de Salud Ambiental, una ONG basada en los Estados Unidos. Es el Copresidente del Norte de la Red Internacional para la Eliminación de los COP (IPEN).

Foto: Leslie A. Harrison/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Oportunidades sin igual | Prioridad mundial | Alianzas para el cambio | Aceptando los nuevos retos | Muchos logros, más por hacer | Mensaje a la Segunda Asamblea del FMAM | Perspectivas del Medio Ambiente Africano | Energía crítica | Un mapa de la salud del mundo | Recuperando terreno | El tango se baila a dos | Uniendo el conocimiento a la acción | Mundialización de los beneficios | Enemigos invisibles | Mensaje a la Segunda Asamblea del FMAM

Artículos complementarios:
En el número: Las sustancias quimicas, 2002
En el número: Disasters, 2001
En el número: Chemicals, 1997

AAAS Atlas of Population and Environment:
Population, waste and chemicals

AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and atmosphere: air pollution