Desarrollo con
rostro humano

 
Vicente Fox Quesada
hace un llamado a una gran alianza mundial en favor de un desarrollo sostenido, sustentable y justo

En la era de la globalización, el libre intercambio juega un papel de enorme importancia en el desarrollo de las naciones. Hoy, ningún país que quiera crecer económicamente y acceder a mayores niveles de bienestar puede mantener una política de fronteras cerradas: es necesario abrirse al intercambio de bienes, servicios y tecnología y, sobre todo, al libre flujo de las ideas. Es necesario, también, compartir las responsabilidades del cuidado global de nuestro planeta.

Sin duda, el tiempo del aislamiento ha terminado. En esta nueva era, es necesaria la más amplia participación de todos y cada uno de los seres humanos para alcanzar el desarrollo sostenido, sustentable y justo al que aspira la humanidad. Si bien es cierto que cada país requiere construir su propia estrategia de crecimiento y desarrollo, ninguna nación puede ya dejar de tomar en cuenta que sólo a través de la más amplia cooperación internacional se podrá construir un futuro de prosperidad compartida.

México considera que, en un mundo caracterizado por la interdependencia, los problemas comunes a todas las sociedades requieren también soluciones compartidas. Por ello, el mayor desafío de los gobiernos en la actualidad consiste en hacer un frente unido contra los problemas comunes.

Los libres flujos de comercio, inversión, ciencia y tecnología, entre otros, deben desarrollarse bajo contextos que aseguren una competencia realmente equitativa, dentro de un sistema internacional en el que ya no existan barreras ni obstáculos al encuentro y al intercambio, a fin de que el beneficio del crecimiento económico alcance a todos los grupos humanos. En la medida en que estos beneficios se traduzcan en mayores niveles de bienestar para todas y cada una de las personas, éstas no sólo superarán las condiciones de pobreza que enfrentan en la actualidad, sino que también tendrán nuevas oportunidades de desarrollar su talento y sus capacidades; podrán así, a su vez, contribuir a mejorar el mundo en que vivimos.

Por ello, el desarrollo firme al que aspiramos pasa necesariamente por una decidida lucha contra la pobreza. Un crecimiento económico logrado a costa del abuso de los recursos naturales del planeta o de la exclusión social no puede sostenerse, ni económica ni socialmente. Sólo con la más amplia participación social, con la inclusión de individuos, pueblos y comunidades en el esfuerzo económico, en el cuidado de nuestro entorno y en el mejoramiento de los índices de educación, salud y vivienda, por ejemplo, lograremos tomar el camino hacia un desarrollo sostenido, sustentable y compartido.

El Gobierno de México ya ha puesto en marcha una nueva estrategia integral, no asistencialista, para la lucha en contra de la pobreza en el territorio nacional. Se trata de una estrategia que privilegia la corresponsabilidad y es ajena al paternalismo; está destinada a dar nuevas oportunidades a las familias en condiciones de pobreza para que superen esa situación. A través de su acceso a mayor educación, mejor salud y condiciones de vivienda dignas, queremos que estas mexicanas y mexicanos tengan la oportunidad de desarrollar su talento y sus capacidades en beneficio de sus familias, de sus comunidades y de su nación.

En México estamos convencidos de que es posible erradicar la pobreza extrema, aminorar la desigualdad social y mejorar las condiciones de vida de nuestra sociedad. Esta es una obligación ética y política en todas las regiones del orbe, especialmente en los países menos desarrollados.

Para alcanzar nuevos y más amplios niveles de bienestar, se requiere la más amplia participación social posible. El avance de la democracia y el empuje de la sociedad civil en todas las naciones, para tomar parte en el diseño y la instrumentación de las decisiones gubernamentales, no son ajenos a los retos planteados por la globalización.

Sin duda, la democratización y la demanda de una mayor participación social en las decisiones que a todos nos afectan se han convertido en el proceso global más relevante de nuestra época. Sin embargo, este avance democrático no se ha reflejado aún en las instituciones multilaterales, especialmente en las de tipo financiero. La renovación y el fortalecimiento de las instituciones internacionales de carácter multilateral debe basarse en el desarrollo de valores universales, que hagan posible la promoción y defensa de los derechos humanos, incluyendo los derechos civiles, políticos, económicos, ambientales, sociales y culturales.

En este siglo, será necesario buscar con creatividad y con el mayor espíritu de conciliación que los asuntos de interés global, aun los más controvertidos, sean tratados en el marco de un nuevo multilateralismo que nos permita lograr un desarrollo sostenido, sustentable y justo. La atención adecuada de los problemas mundiales exige una cooperación internacional fortalecida, que evite la dispersión de esfuerzos.

Ello implica compromisos concretos no sólo de parte de los gobiernos y los organismos multilaterales, sino también del sector privado, de las organizaciones no gubernamentales y de la sociedad en general de cada una de las naciones. Con la inestimable ayuda de organizaciones civiles interesadas en la protección y defensa del medio ambiente, los gobiernos han logrado analizar en los principales foros internacionales los más graves retos en esta materia y establecer metas concretas para hacerles frente. Sin embargo, se requiere el más amplio apoyo interno y externo para alcanzarlas.

Mientras que los diferentes cuerpos legislativos deben elaborar leyes adecuadas, o modificar las existentes para defender adecuadamente nuestro entorno ambiental, las empresas deben contar con la voluntad y los recursos necesarios –tecnológicos, financieros, etcétera– para cumplirlas. Los gobiernos no sólo deben velar por el respeto a esas leyes, sino también por que existan mecanismos que permitan al sector productivo funcionar como una “industria limpia”. En México no sólo existen estímulos fiscales e incentivos sociales para ello; también nos preocupamos por que la industria tenga acceso, a través de una mayor cooperación internacional, a nuevas tecnologías y recursos.

Por supuesto, la contribución de cada ciudadano es esencial en este objetivo. Una mayor conciencia ecológica, una mejor educación en favor de un desarrollo integral –que implica un crecimiento económico sostenido, pero también sustentable– nos ayudará a lograr mayores niveles de bienestar y, al mismo tiempo, una adecuada protección de nuestro planeta y de sus habitantes.

La amenaza a la supervivencia de la rica diversidad biológica y de la calidad ambiental del planeta ha propiciado el surgimiento de una respuesta concertada a este problema, con una creciente participación social en el mundo. Sin duda, el cambio climático, la contaminación de las aguas y suelos, la sobreexplotación de recursos hídricos y forestales, la desertificación y la acelerada pérdida de nuestra biodiversidad, así como las desigualdades crecientes tanto en el interior de las naciones como entre ellas, junto a la violación frecuente de derechos humanos, han obligado a la humanidad a tomar conciencia de estos graves problemas y a iniciar el trayecto para su solución.

Hoy, el desarrollo sustentable y justo se presenta no sólo como una oportunidad excepcional, sino como la única vía para la humanidad. En efecto, requerimos un desarrollo con rostro humano, basado en la lucha contra la pobreza. Debemos lograr una gran alianza mundial en favor del desarrollo sustentable y el financiamiento para ese propósito.

México, además de ser signatario de los convenios internacionales más importantes en el tema, ha desarrollado un gran esfuerzo en su implementación y cumplimiento ampliando las Areas Naturales Protegidas y mejorando las acciones de inspección y vigilancia. Mediante nuestra participación en programas globales y transfronterizos de protección y conservación de especies y ecosistemas, nos hemos ubicado como uno de los países impulsores del tema a nivel regional. Con la iniciativa de unión de los Países Megadiversos –15 naciones que sumamos el 70 por ciento de la diversidad natural planetaria– hemos tomado también compromisos concretos para asegurar la protección de la biodiversidad.

La única manera de proteger y salvaguardar la diversidad biológica del mundo es beneficiando directamente a las comunidades locales e indígenas que, a pesar de habitar en zonas de gran riqueza natural y de haberla preservado por miles de años en beneficio de toda la humanidad, hoy resultan los habitantes más pobres y marginados del planeta. Es responsabilidad de los gobiernos y de la sociedad asegurar para los pueblos y comunidades indígenas que los conocimientos tradicionales sean justamente valorados y tomados en cuenta en la evaluación y el otorgamiento de derechos de propiedad intelectual. Sin duda, ya no podemos permitirnos un crecimiento económico a costa del abuso de los recursos naturales del planeta o de la exclusión social.

La estabilidad y la permanencia de un equilibrio económico mundial dependerán de que cada país pueda tener integrados, como protagonistas y beneficiarios del desarrollo, a los segmentos de la población hasta ahora excluidos. El bienestar debe ser el bien que más circule en el mundo, la expresión más palpable de las bondades de la globalización.

Las mujeres y los hombres de cada nación tenemos una responsabilidad compartida en la construcción de un desarrollo sostenido y sustentable. Justo es que los beneficios de este desarrollo sean también compartidos. Un bienestar que alcance a todos será la mejor garantía de paz y estabilidad en la comunidad mundial de este nuevo siglo


Vicente Fox Quesada es Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

FOTO: Sandra Helena Vribe/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mirando a través de lentes nuevos | Desarrollo con rostro humano | El poder de transformar | Triple ganancia | Gente | Hora de cumplir promesas | Tan precioso como el oro | Expandiendo el círculo | En breve: La globalización, la pobreza, el comercio y el medio ambiente | Haciendo las cosas localmente | La cooperación es contagiosa | Publicaciones y productos | Pasando por el cuello de botella | Inversiones en el medio ambiente | La Plataforma para las Montañas de Bishkek | El dinero no se puede respirar | ¡Lograremos éxito! | ¿Comercio equitativo? Pregunta justa

 
Artículos complementarios:
En el número: La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
En el número: Production and Consumption, 1996
Colin L. Powell: Una sola Tierra (Cumbre Mundial sobre el Desarrollo) 2002
James D. Wolfensohn: Prioridad mundial (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) 2002


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