Hora de
cumplir promesas

 
Hilde Johnson
dice que la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible provee una base para la acción y insta a los países ricos a cumplir con sus responsabilidades

Han pasado tres meses desde que concluimos la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible. Es hora de cumplir nuestras promesas.

En 1992, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en Río de Janeiro logró colocar el desarrollo sostenible a la vanguardia de la agenda política. Se había hecho un progreso importante. Desde entonces, mucha agua sucia ha pasado bajo el puente. Y lo mismo pasó con muchas de nuestras promesas. Nosotros, la comunidad internacional, hemos faltado a nuestras promesas hechas en Río. Y la falta reside ante todo en los países ricos.

Al entrar en un nuevo milenio se nos dio la oportunidad de declarar nuevamente nuestras obligaciones y nuestra intención de promover el desarrollo y mitigar la pobreza.

En la Cumbre del Milenio, la comunidad internacional adoptó los ocho Objetivos de desarrollo para el milenio. Nos hemos comprometido a reducir la pobreza a la mitad para 2015. En Monterrey, la comunidad internacional tuvo la oportunidad de acompañar sus palabras con dinero. Se había hecho un progreso importante, si bien no suficiente, en asegurar financiamiento para el desarrollo.

Luego llegamos a Johannesburgo. El trayecto desde Río había llevado diez años, y era mucho lo que al parecer se había perdido por el camino. Diez años después, la tarea de proteger el medio ambiente resultó ser una lucha mucho más difícil. Se habían hecho progresos en reforzar los compromisos y en llegar a un acuerdo en las convenciones. No obstante, faltaba la acción de seguimiento. En la cuestión de la mitigación de la pobreza, lo que necesitábamos era avanzar, pero la sociedad internacional dio varios pasos hacia atrás. La brecha entre ricos y pobres aumentó, y la ayuda oficial para el desarrollo en el exterior disminuyó considerablemente.

En parte, ésta es la razón por la cual la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible difirió de Río. Johannesburgo colocó la mitigación de la pobreza en el centro de las metas. Según se declara en el Plan de Implementación de Johannesburgo, erradicar la pobreza no sólo es el reto más grande que enfrenta al mundo hoy día, sino un requisito para el desarrollo sostenible.

Una base para la acción
A pesar del resultado menos que ideal de la Cumbre, nos provee, junto con los Objetivos de desarrollo para el milenio y Río, nuestra base para la acción. Es sobre esta base que hemos avanzado. Es sobre esta base que debemos seguir actuando. Nuestro compromiso de luchar contra la pobreza, de promover el desarrollo social y económico, y de proteger el medio ambiente sigue en pie. Es hora de honrar nuestras promesas, y de cumplir nuestras obligaciones. Ya basta de palabras. Es hora para hechos concretos.

La lucha contra la pobreza debe estar en el centro de nuestros esfuerzos. Para ganarla, esta lucha debe basarse en una fuerte alianza entre los países en desarrollo y las naciones ricas. En Monterrey se acordó un trato de alianza, un acuerdo. Los países ricos se comprometen a conceder alivio de la deuda, aumentar su ayuda y abrir sus mercados para incrementar el comercio de los países en desarrollo. Los países en desarrollo se comprometen a mejorar su gobierno y fortalecer sus políticas. El principal vehículo para esta alianza son las Ponencias de la Estrategia de Mitigación de la Pobreza, a ser elaboradas por las autoridades nacionales y apoyadas por la comunidad internacional.

Noruega insiste en cumplir su parte del trato. La línea de base para nuestro esfuerzo queda esbozada en el Plan de Acción para la Lucha Contra la Pobreza en el Sur hacia 2015, lanzado por el Gobierno noruego en marzo de 2002.

Estamos aumentando constantemente nuestro presupuesto para la ayuda, y nos hemos comprometido a canalizar 1% de nuestro ingreso nacional bruto hacia la ayuda para 2005.

Estamos haciendo esfuerzos continuos en favor de un alivio más amplio, más profundo y más rápido de la deuda, no sólo para los países pobres altamente endeudados, sino también para países de posconflicto y países de ingreso mediano. Noruega seguirá a la vanguardia en este asunto.

Estamos participando activamente en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) con un enfoque en el desarrollo. Tratamos de incrementar el acceso al mercado y alinear de esta forma nuestra política de comercio con nuestra política de desarrollo general. Noruega provee acceso libre de impuestos y libre de cuotas para todas las mercancías provenientes de países menos desarrollados.

Recordando a Río de Janeiro, sabemos que es necesario que tanto la ayuda como el alivio de la deuda y el comercio deben aumentar dentro de un marco ecológicamente sostenible.

Sabemos que los pobres del mundo con frecuencia dependen directamente de recursos naturales y sistemas ecológicos para cubrir sus necesidades de subsistencia. Sabemos que dependen de la naturaleza para salir de la pobreza. Sabemos que las tierras fértiles aseguran alimentos e ingreso. Sabemos que el agua limpia y segura y el saneamiento adecuado tienen claras implicaciones para la salud. Y también sabemos que 1.100 millones de habitantes en el mundo carecen de acceso a agua segura. No necesito más que referirme a la declaración del Secretario General de la ONU Kofi Annan en el Informe del Milenio: “Ninguna medida singular podría hacer más para reducir las enfermedades y salvar vidas en el mundo en desarrollo que llevar agua segura y saneamiento adecuado a todos.” Resulta muy oportuno que 2003 se haya declarado el Año Internacional del Agua Dulce.

También sabemos que cuando ocurre un desastre ecológico, los pobres son los primeros en sufrir las consecuencias. La degradación del suelo, la desertificación y las sequías están amenazando el sustento y la vida de más de 1.000 millones de habitantes en más de 100 países. Nada más que en Africa, más de 38 millones de personas viven amenazadas de inanición. Las sequías y las inundaciones han contribuido en gran medida a esta situación. Y no es sólo el medio ambiente que se ve afectado por los desastres, es la humanidad.

Acabamos de enterarnos, por medio de recientes estudios de la Universidad de Oslo, que el desastre humanitario en el Sahel en los años 1970 y 1980 fueron desencadenados por las emisiones industriales en Europa y América del Norte, que alcanzaron su punto máximo en los años 1980. En estos días, nosotros tenemos una nueva crisis humanitaria entre manos. El Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, James T. Morris, afirma que la crisis en Africa es parte de un alarmante nuevo fenómeno mundial de cambios en las características meteorológicas, que han llevado a desastres naturales sin precedentes. Personalmente afirmo que, si estos cambios son fabricados por el hombre, fueron creados por los países ricos. Somos nosotros, los países ricos, quienes tenemos la principal responsabilidad para los problemas ecológicos mundiales. Y en nosotros reside la principal responsabilidad para asegurar un desarrollo sostenible. Esta responsabilidad no quedó reflejada debidamente en el resultado de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible.

Necesidad de actuar
Pero esto no es excusa para dejar de actuar. Tenemos que ofrecer nuestro apoyo a nuestros países-socios sobre una base actual, e implementar medidas medioambientales en nuestros propios países en base a esta situación. No podemos colocarnos en una situación en la cual los ricos no hacen nada, dejando a los países en desarrollo pagar la cuenta.

En Johannesburgo dimos un primer paso en la buena dirección, cuando llegamos a la importante conclusión de que los acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente se tratarán en pie de igualdad con las normas de la OMC. Esta conclusión refleja la realidad de que dos regímenes legales sirven a dos propósitos igualmente importantes. Debemos asegurar ahora que esta igualdad y apoyo mutuos se retengan en las negociaciones de la OMC.

Empero, esto no es suficiente. A fin de asegurar la implementación efectiva de los tratados ecológicos internacionales, necesitamos una arquitectura institucional internacional más adecuada en el campo del medio ambiente. Por otra parte, necesitamos asegurar que se tomen en cuenta las preocupaciones ecológicas, y se las considere tan serias como los asuntos financieros y otras preocupaciones.

Un acuerdo de alianza
También hace falta que trabajemos con nuestros países-socios. A tal efecto, Noruega ha concertado un acuerdo de alianza con el PNUMA para tratar los vínculos entre la pobreza, el medio ambiente y el comercio en países africanos. Esta alianza tiene dos objetivos principales. En primer lugar, nos proponemos fortalecer la capacidad para la gestión ecológica al nivel nacional y al nivel local. Esto nuevamente servirá de base para la mitigación de la pobreza. En segundo lugar, tratamos de mejorar la comprensión de los vínculos existentes entre la pobreza, el medio ambiente y el comercio, y promover con ello enfoques coherentes y consistentes hacia los retos de pobreza y medio ambiente. Es nuestra ambición que esta alianza ayude a nuestros países socios a asumir la responsabilidad para diseñar sus propios planes de acción ecológica y a incorporarlos en sus estrategias nacionales para la mitigación de la pobreza.

Pero antes, nosotros los países ricos debemos jugar nuestra parte. Cuando lo hagamos –no si lo hacemos– y cumplamos nuestras promesas de Monterrey y de proteger el medio ambiente, tal vez sea el momento oportuno para hacer un nuevo trato, otro acuerdo con nuestros países-socios. Cuando asumamos nuestra plena parte de la responsabilidad, podremos pedir a nuestros países-socios que asuman la suya. Entonces, un mundo más sostenible se habrá convertido en una posibilidad


Hilde Johnson es Ministra para Desarrollo Internacional de Noruega.

FOTO: Duan xing-yun/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mirando a través de lentes nuevos | Desarrollo con rostro humano | El poder de transformar | Triple ganancia | Gente | Hora de cumplir promesas | Tan precioso como el oro | Expandiendo el círculo | En breve: La globalización, la pobreza, el comercio y el medio ambiente | Haciendo las cosas localmente | La cooperación es contagiosa | Publicaciones y productos | Pasando por el cuello de botella | Inversiones en el medio ambiente | La Plataforma para las Montañas de Bishkek | El dinero no se puede respirar | ¡Lograremos éxito! | ¿Comercio equitativo? Pregunta justa

 
Artículos complementarios:
En el número: Fondo para el Medio Ambiente Mundial, 2002
En el número: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
En el número: La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
Børge Brende: Hacia el equilibrio (Las montañas y el ecoturismo) 2002


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