El Poder
de transformar

 
Yoweri Kaguta Museveni
afirma que el comercio justo es esencial para un desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente

Según la historia en la Biblia, había un lugar llamado Babel cuyos habitantes poseían grandes conocimientos y estaban tan avanzados en la ciencia que decidieron desafiar a Dios. “Construiremos una torre tan alta que iremos a visitar a Dios a través de ella.” Empezaron su construcción, pero cuando ya habían elevado muchos pisos, la torre se derrumbó.

Ahora, nuevos pueblos están tratando de construir una nueva “Torre de Babel”, un edificio falso. La naturaleza ha configurado nuestro mundo de manera excelente: las montañas, los ríos, los lagos y las marismas. Si hacemos buen uso de ellos, podrán sostenernos por largo tiempo, pero si tratamos de cambiarlos sin dar seria reflexión a los efectos probables que nuestra acción tendrá para nosotros, para nuestros vecinos y para el universo, los resultados pueden ser catastróficos.

La población de Africa ha aumentado de 118 millones a comienzos del siglo pasado a 778 millones hoy día, poniendo enorme presión sobre los recursos naturales. No cabe duda de que si no nos despertamos a la realidad, nos encontraremos en una gravísima crisis. Como consecuencia de la expansión de la población, unos 500 millones de hectáreas de tierra –60% de ellas tierras laborables– han sido afectadas en mayor o menor grado por la degradación del suelo.

Nuestros recursos hídricos se enfrentan con contaminación. Por ejemplo, los animales acuáticos en el Lago Victoria están siendo privados de oxígeno por las algas que prosperan por consecuencia de los nutrientes arrastrados del suelo a las aguas del lago.

El Continente africano carece de agua segura. No obstante, Uganda está haciendo algún progreso para proporcionarla a nuestro pueblo: alrededor de 54% de nuestros habitantes ahora tienen acceso a agua segura.

Africa –y tal vez todo el mundo en desarrollo– se enfrenta ahora con una nueva forma de agresión. Nuestros socios en el mundo desarrollado tienen un estilo de vida que simplemente no es sostenible. Un estilo de vida que genera contaminantes y gases de efecto invernadero que amenazan con cambiar la naturaleza de nuestra atmósfera y al planeta entero no puede ser sostenible. En la capa de ozono encima del Atlántico se ha desarrollado un agujero, creado por algunos de estos gases, 96% de los cuales fueron producidos por países industrializados.

Esto no es aceptable en esta era de “aldea mundial”. Es necesario detener esta forma de agresión, especialmente si somos gente que cree en Dios, “amando a nuestro vecino como nos amamos a nuestros mismos”. Esto es parte de lo que fue tratado en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo.

¿Cómo podemos salir de estos problemas? No es posible seguir compadeciéndonos. Debemos encontrar una solución y las soluciones están a nuestra disposición, pero el problema consiste en puntos de vista divergentes, normalmente debidos a intereses divergentes, egoístas. Si alguien persigue un interés egoísta, no es fácil que desarrolle un punto de vista convergente con otros. Si queremos obtener soluciones es necesario que armonicemos nuestras ideas.

El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) podría ayudar a financiar programas de reforestación y plantación de árboles y hacer inversiones en fuentes de energía alternativas limpias, en especial energía hidroeléctrica y energía solar. Es necesario poner énfasis en la electricidad que, si se introduce en las partes menos desarrolladas del mundo, sería una de las soluciones para nuestros problemas ambientales. En Uganda, aproximadamente un 94% de toda la energía proviene de biomasa, con la consecuencia de que quemamos unos 18 millones de toneladas de leña anualmente.

¿Cómo podemos proteger con éxito nuestro planeta si lo despojamos a un ritmo tan acelerado? Puesto que no podemos dejar de cocinar, la única opción a nuestra disposición consiste en generar suficiente electricidad de fuentes limpias. Esta es la razón por la cual en Uganda estamos construyendo represas de energía hidroeléctrica sobre el Nilo para generar energía para nuestro pueblo, así como para exportación.

Pero no es posible construir centrales eléctricas en escala bastante grande y suficiente a menos que al mismo tiempo también se produzca un crecimiento económico y una transformación social. De otro modo, la gente no podrá permitirse pagar el precio de la electricidad.

Uno de los estímulos que nos permitirán lograr un crecimiento económico sostenible y una transformación social es el acceso a los ricos mercados de los europeos, norteamericanos y japoneses. La ayuda por sí sola es insignificante y apenas simbólica, y no es capaz de solucionar estos problemas. Es ayuda para estimular la producción y posibilitar un comercio que sea útil. Muchos de los países africanos obtuvieron su independencia hace 40 años y han venido recibiendo ayuda desde entonces, pero no han realizado la transición de países atrasados a naciones modernas. ¿Qué mayor prueba hace falta para demostrar que no es posible transformar a un país simplemente ofreciéndole ayuda? Sin embargo, el comercio es capaz de hacerlo.

Los líderes de países desarrollados en Europa, América y Japón son injustos, no sólo para con el resto del mundo, sino también para con su propio pueblo. Yo soy, entre otras cosas, un agricultor que cría ganado vacuno y vendo carne, al precio de 1 dólar el kilo equivalente en chelines locales de Uganda. Los comerciantes que me lo compran cobran 2 dólares por kilo al consumidor. Un kilo de carne vacuna en Londres cuesta 17 dólares, y 200 en Japón. Yo les pregunto a esta gente: “¿Qué clase de carne es la que cuesta 200 dólares el kilo?” Me dicen que ellos lo llaman “carne de Kobe”, y me explican que le hacen escuchar música al animal, le dan de beber alcohol, le dan masajes; creen que esto produce una carne con más vetas de grasa.

El mundo occidental está engañando a su propio pueblo, cobrándole precios excesivos, y reprimiendo nuestro crecimiento negándonos acceso a mercados para vender lo que producimos. Si compraran mi carne a 4 dólares el kilo y la vendieran en Londres a 8 dólares, incluso transporte, etc., ¡sería mucho mejor tanto para los europeos como para nosotros!

El otro estímulo para el crecimiento en esta parte del mundo es el valor agregado. Africa debe dejar de vender materias primas. Tomemos el ejemplo del café: 2,5 kilos de grano de café se vendería a 1,25 dólares al precio de hoy. Una vez convertido en café soluble, lo venden a 70 dólares en Londres ¿Por qué no sería posible mezclar, tostar y moler el café localmente? ¡Es hora de poner fin a esta masiva pérdida de valor!

Deberíamos dejar de echar la culpa a las naciones desarrolladas en lo que respecta al medio ambiente, y en vez de ello tratar de minimizar la contaminación local. Podemos proteger el lecho de los ríos asegurando que no se talen árboles hasta la ribera. Existen leyes para asegurar esto, pero nuestros habitantes no siempre las implementan. Dejando franjas de bosque a lo largo de los ríos, y alrededor de los lagos, podemos evitar que el suelo sea arrastrado al lecho y a los lagos. Podemos plantar árboles en la ladera de las colinas para detener la erosión del suelo, y podemos asegurar en varias maneras muy económicas y rentables que los desechos humanos y industriales no entren a las aguas.

Proteger nuestro medio ambiente está en nuestro propio interés, y es preciso que emprendamos todas las medidas locales necesarias dentro de nuestro alcance para asegurarlo. Sólo entonces podremos pelear justificadamente con los países desarrollados y quejarnos por su exportación de la contaminación, y solicitar ayuda para suplementar nuestro esfuerzo local.

Podemos conservar mucho de nuestra cobertura forestal y al mismo tiempo poner énfasis en árboles de propósito múltiple más bien que en árboles meramente ornamentales. Podemos obtener dinero de la venta de miel, plantando árboles con flores que atraerán a las abejas. Unicamente se alentará a la gente a plantar árboles si se les enseña que poseen valor económico. Diciéndoles que planten árboles para salvaguardar la atmósfera no tiene mucho sentido, sobre todo para nuestra población en su mayoría rural en las naciones en desarrollo.

Si trabajamos juntos está dentro de nuestro alcance promocionar el desarrollo sostenible y tener un mundo que podamos entregar a nuestra posteridad con orgullo


Yoweri Kaguta Museveni es Presidente de la República de Uganda.

FOTO: Willy Mack/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mirando a través de lentes nuevos | Desarrollo con rostro humano | El poder de transformar | Triple ganancia | Gente | Hora de cumplir promesas | Tan precioso como el oro | Expandiendo el círculo | En breve: La globalización, la pobreza, el comercio y el medio ambiente | Haciendo las cosas localmente | La cooperación es contagiosa | Publicaciones y productos | Pasando por el cuello de botella | Inversiones en el medio ambiente | La Plataforma para las Montañas de Bishkek | El dinero no se puede respirar | ¡Lograremos éxito! | ¿Comercio equitativo? Pregunta justa

 
Artículos complementarios:
En el número: Fondo para el Medio Ambiente Mundial, 2002
En el número: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
En el número: Food, 1996
Perspectivas del Medio Ambiente Africano de un vistazo
(Fondo para el Medio Ambiente Mundial) 2002


AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources
Population and Land Use
Population and ecosystems