Triple
ganancia

 
Supachai Panitchpakdi
describe los desafíos y las oportunidades que se plantean al reconciliar la protección del medio ambiente y la liberalización del comercio

Pobres o ricos, todos estamos preocupados por nuestro medio ambiente. Protegerlo, ya sea local o mundialmente, es un componente esencial del desarrollo sostenible. Además existe una innegable relación entre la lucha contra la pobreza y el mejoramiento del medio ambiente.

Cuando el problema inmediato es el hambre o la enfermedad, resulta más difícil preocuparse por cuestiones más generales, entre las cuales se encuentran algunos de los problemas ambientales mundiales de nuestro tiempo, como el cambio climático.

El año pasado, en Doha, los ministros reafirmaron su compromiso con el objetivo del desarrollo sostenible, enunciado en el propio preámbulo del Acuerdo sobre la Organización Mundial del Comercio (OMC). Es más, encomendaron al Comité de Comercio y Medio Ambiente y al Comité de Comercio y Desarrollo de la OMC que actuaran como foro para identificar y debatir los aspectos de las negociaciones relacionados con el desarrollo y el medio ambiente, a fin de asegurar que las preocupaciones de desarrollo sostenible estuvieran reflejadas en los resultados del Programa de Doha para el Desarrollo. Este mensaje fue reforzado nuevamente en los resultados de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible celebrada el año pasado en Johannesburgo.

Respuesta y responsabilidad
El comercio facilita el crecimiento económico. Y mientras el crecimiento económico en sí no es necesariamente sostenible, unos ingresos más altos son una condición previa para poder actuar. Si la pobreza es parte del problema, el crecimiento económico será parte de la solución. Pero un ingreso más alto tampoco es en sí un remedio para los problemas ambientales. Es necesario que esté acompañado de políticas que canalicen los recursos en consecuencia, de tal forma que se logre una capacidad de respuesta y responsabilidad.

Los gobiernos nacionales juegan un papel clave. Los problemas ambientales son complejos y variados. Como es comprensible, académicos y políticos se pelean por las medidas económicas concretas que han de elegirse para traducir metas políticas en incentivos o desincentivos específicos en cada campo ambiental. Una política de reglamentación apropiada nunca es obvia ni gratuita.

Por paradójico que parezca, la liberalización del comercio no es una cuestión de desregulación. Por el contrario, pone de relieve la necesidad de una reglamentación apropiada, o un buen gobierno, y aumenta la carga de responsabilidad para los gobiernos. Es necesario considerar todo esto a la luz del hecho de que, para empezar, muchos gobiernos podrán tener considerables limitaciones de recursos, u otras prioridades.

La formulación de normas
La OMC es una institución creada para formular normas. Se ocupa de eliminar barreras innecesarias y distorsiones para el comercio y reducir la discriminación injustificada entre sus Miembros. La liberalización del comercio puede ser intrínsecamente positiva para el medio ambiente, en el sentido de que entraña una asignación más eficiente de los recursos mundiales. Por ejemplo, muchos gobiernos arguyen que las subvenciones que estimulan directamente la producción agrícola intensiva tienen efectos ecológicos negativos y ponen en desventaja a otros productores en otras partes del mundo. Otro ejemplo citado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) son las subvenciones que podrían estimular directamente la capacidad excesiva de las flotas pesqueras. Aquí, la liberalización se ha calificado de “triplemente ventajosa”, para el desarrollo, el medio ambiente y el comercio.

No existe un conjunto de normas de la OMC específico para el medio ambiente. Los asuntos y las preocupaciones ecológicas son de naturaleza horizontal. Por ende, gran parte de las discusiones en la OMC giran en torno a si las normas actuales satisfacen los asuntos ambientales de forma adecuada.

Es importante reiterar que la propia OMC no crea normas ambientales. A este respecto, la pericia y el conocimiento técnico corresponden al ámbito de los acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente (AMUMA), cada uno de los cuales es específico para diversos problemas ecológicos mundiales o regionales (por ejemplo, la biodiversidad, los productos químicos, etc.). Entre otras cosas, las negociaciones en curso en la OMC están estudiando ahora la relación entre las normas vigentes de la OMC y las “obligaciones comerciales específicas” contenidas en los AMUMA. Uno de los asuntos clave, que los Miembros vienen debatiendo hace mucho tiempo, es cómo mejor asegurar que los regímenes internacionales de comercio y de medio ambiente se apoyen mutuamente.

¿Qué significa esto? No debería ser posible para un gobierno negociar un conjunto de normas en el contexto de un AMUMA y otro, que esté en conflicto con el primero, en un foro comercial tal como la OMC. Si esto ocurre, y asumiendo –como debo hacerlo– que los gobiernos actúan de buena fe, la falta de comunicación debe ser la esencia del problema. Tal vez no sea de extrañar que exista una creciente necesidad de cooperación y coordinación en un mundo cada vez más interrelacionado.

Asistencia técnica
Antes que nada, esto exige coherencia interna en la política comercial y ambiental dentro del gobierno nacional. Nosotros, en la Secretaría de la OMC, podemos organizar actividades de asistencia técnica y creación de capacidad con nuestros colegas de otras secretarías tales como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el PNUMA y los AMUMA, pero a fin de cuentas son los gobiernos nacionales quienes negociarán las normas de apoyo mutuo sobre las cuales se basan tanto los AMUMA como la OMC. De hecho, es probable que una mejor interacción entre los funcionarios encargados del medio ambiente y del comercio forme parte de la solución para las negociaciones comerciales y ambientales actualmente en curso.

Debemos acoger como un acontecimiento significativo el compromiso contraído en Doha de negociar sobre el comercio y el medio ambiente. Es importante para el sistema de comercio seguir avanzando en el entendimiento de los complejos vínculos entre las políticas de ambos campos. A través de estas negociaciones, los organismos ambientales y comerciales están reconociendo cada vez más que existen sinergias positivas entre las disciplinas comerciales y los objetivos ambientales.

La relación OMC/AMUMA es una parte importante del debate sobre comercio y medio ambiente en la OMC, pero sin encontrarse en su centro. Muchos países Miembros comparten la preocupación fundamental de que la protección del medio ambiente podría usarse demasiado fácilmente para propósitos comerciales proteccionistas, lo cual podría resultar en discriminación arbitraria o injustificable, o en una restricción encubierta del comercio internacional. Desde luego, nadie pone en duda la importancia de la protección del medio ambiente. No se impide a ningún Miembro de la OMC adoptar medidas para proteger la vida o la salud de las personas y los animales o para preservar la vida vegetal o el medio ambiente.

Comprensión y cooperación
El quid de la cuestión reside en traducir un objetivo político en una medida que afecta al comercio. Esto puede ser una fuente de fricción, pero no es necesario que así sea, siempre que exista una mejor comprensión y cooperación entre todas las partes.

Cumplir con reglamentaciones y requisitos medioambientales puede ser costoso para los países en desarrollo. Muchas veces, las cosas son empeoradas por el hecho de que tales requisitos varían considerablemente entre los mercados de exportación. Si esto lleva a una reducción del acceso a los mercados tal vez no sea en el interés del desarrollo sostenible. Muchos países en desarrollo sienten que existe una falta de reconocimiento de sus propios métodos de producción tradicionales, que tal vez reflejen sus propias prioridades y nivel de desarrollo.

El mayor reto
En esto reside el mayor reto: reconociendo la legitimidad de las medidas y las normas ambientales, ¿de qué forma convendría configurar estas medidas y reglamentos para tener en cuenta los intereses de los países en desarrollo cuyas exportaciones y cuyo comercio son vitales para su desarrollo? En la OMC hemos hecho un llamado a medidas más “positivas”, tales como la creación de capacidad y la transferencia de tecnología. Nosotros estamos haciendo todo cuanto obra en nuestro poder, a través de nuestras actividades de cooperación técnica, para ayudar a los países en desarrollo a crear la capacidad institucional necesaria para aplicar las normas comerciales. Los organismos medioambientales, junto con otros interlocutores pertinentes, pueden hacer otro tanto en sus respectivas áreas de competencia para ayudar a los países en desarrollo a avanzar hacia formas de producción ecológicamente más limpias y más sostenibles.

Abordar los problemas medioambientales es un componente esencial del desarrollo sostenible, pero mitigar la pobreza es una condición previa. Nunca se insistirá demasiado en la importancia del acceso a los mercados, en particular para los productos cuya exportación interesa a los países en desarrollo. Las oportunidades comerciales serán esenciales si se ha de lograr el desarrollo sostenible


El Dr. Supachai Panitchpakdi es Director General de la Organización Mundial del Comercio,.

FOTO: Chris Cypert/www.chriscypert.com


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mirando a través de lentes nuevos | Desarrollo con rostro humano | El poder de transformar | Triple ganancia | Gente | Hora de cumplir promesas | Tan precioso como el oro | Expandiendo el círculo | En breve: La globalización, la pobreza, el comercio y el medio ambiente | Haciendo las cosas localmente | La cooperación es contagiosa | Publicaciones y productos | Pasando por el cuello de botella | Inversiones en el medio ambiente | La Plataforma para las Montañas de Bishkek | El dinero no se puede respirar | ¡Lograremos éxito! | ¿Comercio equitativo? Pregunta justa

 
Artículos complementarios:
En el número: Production and Consumption, 1996
En el número: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
José María Figueres Olsen: A climate of change (Beyond 2000) 2000
Ricardo A. Navarro: Unfair trade (Beyond 2000) 2000


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