Haciendo las
cosas localmente

 
Anita Roddick
dice que el auténtico comercio libre sólo puede producirse mediante un proceso de localización

Hace más de una década que The Body Shop estableció su primer contrato comercial comunitario. Para mí, fue una de las cosas más importantes que hemos hecho.

El vínculo para el contrato con la comunidad fueron 30 productores de papel hecho a mano de una aldea en el Valle de Katmandú. Usando materiales locales sostenibles, estos artesanos reavivaron una artesanía tradicional que se remonta al siglo XI.

La fabricación de papel había disminuido en Nepal cuando el gobierno restringió la tala de lokta, tradicionalmente la principal fuente de fibra de papel. Cantidades excesivas de arbustos de lokta habían sido despojados y destruidos, dejando el suelo de las laderas vulnerables a las fuertes lluvias. Nosotros empleamos a un consultor visionario para investigar fuentes alternativas, y acabamos decidiéndonos por los desechos de trapos de algodón.

Nuestra primera línea de papel nepalés hecho a mano se vendió a través de las filiales de The Body Shop durante la Navidad de 1989. Un año más tarde, uno de nuestros diseñadores visitó las Industrias Papeleras Generales en Nepal y durante una semana desarrolló nuevos diseños con los productores. Ofrecimos este tipo de asistencia técnica a todos nuestros socios comerciales siempre que nos fue posible. Esto resultó en productos de excelente calidad para The Body Shop y al mismo tiempo permitió a los productores usar su propia cultura y sus ideas para experimentar con otros nuevos, no sólo para nosotros sino también para otras organizaciones de ideas afines.

El éxito llevó a un extraordinario trabajo comunitario local. Los productores invirtieron parte de sus ganancias en atención de la salud, educación y otros proyectos alternativos de generación de ingreso. En 1993, se entregaron becas de estudio a 90 niñas escolares.

El comercio comunitario exige mucho tiempo, gran devoción y compromiso, y la firme determinación de lograr que toda relación resulte un éxito, no importa cuántas dificultades puedan encontrarse en el camino. Tal vez no sorprenda entonces que sean pocos los minoristas que lo han ensayado. Pero con más de 2.000 tiendas alrededor del mundo, The Body Shop posee inmenso poder adquisitivo, y nosotros deseábamos hacer una doble diferencia con nuestro negocio, no sólo económica, sino mediante inversiones en las comunidades.

Así fue que formamos relaciones comerciales con comunidades pobres –desde Glasgow hasta la India, Africa y las Américas– con el propósito explícito de elevar la calidad de su vida, no disminuirla. Estas iniciativas, por sí mismas, no transformarán la economía mundial, pero han transformado el pensamiento de la empresa respecto a sus responsabilidades. The Body Shop actuaba no sólo como un minorista sino como una ONG, conjuntamente con otras ONG, usando el apalancamiento de un contrato para mejorar la vida de quienes estaban involucrados.

Nosotros no éramos el único minorista en trabajar jamás en sociedad de igualdad con comunidades locales –absteniéndonos de la práctica de hacer participar a nuestros socios con la parte más baja posible de las ganancias– pero éramos uno entre muy pocos.

Estábamos proveyendo medios de vida, y yo estaba orgullosa de lo que estábamos logrando. Mas no obstante, las comunidades seguían dependiendo de nosotros. Si el precio de las acciones de The Body Shop hubiera ido a pique, o nuestros clientes se hubieran declarado en contra de los productos, su corriente de ingreso se hubiera visto seriamente amenazada.

De manera que el comercio comunitario no es suficiente. Por cierto no es, en sí mismo, una solución a los problemas de la mundialización, como en efecto tampoco lo es el comercio mismo. También hace falta que demos seguridad a la gente de modo que puedan satisfacer sus propias necesidades locales.

Las vaguedades del mercado
Las comunidades dependen cada vez más de comerciar en el mercado mundial. Este, a su vez, depende de las vaguedades de Londres y Wall Street y del vasto flujo de 2 billones de dólares de especulación que pasa a través del sistema cada día.

En los países en desarrollo gravemente endeudados, las comunidades con frecuencia se ven forzadas a dedicarse a los cultivos comerciales, como café o tabaco, para pagar a sus acreedores para regímenes anteriores, más bien que cultivar lo que necesitan para satisfacer sus propias necesidades.

Hasta en el Reino Unido, los supermercados venden alimentos traídos de miles de kilómetros de distancia –llevados en camiones a Italia y traídos de vuelta para embalaje y presentación– cuando las mismas manzanas y carne de cordero pueden obtenerse en las granjas a la vuelta de casa. Esto tiene implicaciones para el calentamiento de la Tierra y para la salud de los habitantes, al ser privados de productos frescos cultivados localmente. Y también tiene implicaciones para el futuro económico de Gran Bretaña rural, donde la gente ya no puede permitirse el “lujo” de vivir de sus propias tierras, y amenazan con abandonar la agricultura por completo.

Acuerdos como los acordados sobre aranceles aduaneros y comercio (GATT) amenazan con empujar a las comunidades del mundo aún más a la patética dependencia de las migajas de las poderosas compañías multinacionales, abriendo el agua, la salud y la educación a la competencia con ellas.

Podrá haber parecido extraño que ya abogara por la localización, al mismo tiempo de formar un negocio minorista internacional con puntos de venta en 49 países. Pero personalmente no creo que exista contradicción alguna entre localización y comercio. Cuando los defensores del comercio libre del siglo XIX comenzaron a entretejer sus creencias políticas imaginaron el derecho crucial de seres humanos libres de negociar unos con otros sobre una base de igualdad. Para Cobden y Bright, comercio libre significaba exactamente la antítesis de esclavitud.

Mas con el correr de las generaciones, su llamado a la concentración ha sido distorsionado en algo muy diferente. Para ellos, comercio libre jamás significó el derecho de los ricos y prodigiosamente poderosos a tratar sin consideración e ignorar a los más pobres y desprovistos de poder. Nunca significó encarcelar a los campesinos indios por infringir las patentes de corporaciones que son propietarios de las semillas genéticamente modificadas llevadas por el viento. O cobrar un precio por el agua en Filipinas, de manera que una base militar extranjera reciba un suministro ilimitado mientras los aldeanos locales apenas pueden permitirse pagarla. Y por cierto jamás significó abrir las comunidades más pobres del mundo a la competencia para sus servicios de escolaridad y salud con las ricas empresas gigantes del mundo. Esto no es comercio libre. Es comercio forzoso.

Ante esta realidad, ¿qué podemos hacer nosotros en los países desarrollados? Podemos alentar el resurgimiento del interés en la localización en nuestro mismo umbral: los mercados de granjeros, las excepciones meticulosamente ganadas de las normas de comercio de la Unión Europea que al parecer proscriben la compra local por las autoridades. Podemos comprar productos frescos localmente.

Podemos asegurar que los productos usados para los almuerzos en las escuelas, las comidas en los hospitales, los suministros del ayuntamiento, son cultivados y producidos localmente. Podemos leer la etiqueta de los productos y comprar de acuerdo.

Y podemos extender el derecho de producir una diversidad de alimentos locales al mundo en desarrollo, porque los reglamentos del comercio mundial tienden a imponerse más rigurosamente a los pobres que a los ricos.

Y sobre todo, podemos cambiar el peso del reglamento y del subsidio que demanda que las comunidades del mundo comercien unas con otras, no importa si poseen los medios para hacerlo o no. Podemos cambiar el proceso que está minando su capacidad de satisfacer sus propias necesidades obligándoles a subcontratar, a negociar, a cambiar diversidad probada por monoculturas y la desesperada búsqueda de clientela.

Este proceso insidioso socava la legitimidad y la igualdad del comercio. Lo convierte en un instrumento de esclavitud más vale que un instrumento para el mejoramiento. Y recuerda el horror puritánico ante pueblos y comunidades que no necesitan trabajar tan arduamente como nuestros amos creen que deberíamos hacerlo.

Una generación atrás, el antropólogo Marshall Sahlins describió cómo las sociedades primitivas aún gozaban de relativa abundancia, satisfaciendo todas sus necesidades materiales trabajando entre tres y cinco horas por día. Este tipo de independencia siempre ha horrorizado a las personas que conducen el mundo.

Su determinación de socavarlo es justificado por la persecución de la “eficiencia”. Y no obstante, una versión estrecha de esta idea tan frecuentemente abusada –el simple dinero– se está usando para visitar una terrible ineficiencia sobre el mundo. Habitantes, campiñas, habilidades: a todos ellos se permite desmoronarse poco a poco, mientras transportamos alimentos para quienes pueden permitirse pagarlos al otro lado del mundo.

Esto podrá ser muchas cosas, mas por cierto no es eficiente. Y sin embargo, la ideología actual nos enceguece para ver el terrible desperdicio de recursos prodigados por Dios todo alrededor. Localización significa hacer menos dependiente a la gente ayudándoles a hacer uso de sus habilidades y sus recursos. Nos queda mucho que andar para hacerlo posible, pero vale la pena intentarlo


Anita Roddick OBE es fundadora de The Body Shop.

FOTO: Lee Kim Shi/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Mirando a través de lentes nuevos | Desarrollo con rostro humano | El poder de transformar | Triple ganancia | Gente | Hora de cumplir promesas | Tan precioso como el oro | Expandiendo el círculo | En breve: La globalización, la pobreza, el comercio y el medio ambiente | Haciendo las cosas localmente | La cooperación es contagiosa | Publicaciones y productos | Pasando por el cuello de botella | Inversiones en el medio ambiente | La Plataforma para las Montañas de Bishkek | El dinero no se puede respirar | ¡Lograremos éxito! | ¿Comercio equitativo? Pregunta justa

 
Artículos complementarios:
Anita Roddick: Multi-local business (Beyond 2000) 2000
En el número: La pobreza, la salud y el medio ambiente, 2001
En el número: Production and Consumption, 1996
En el número: Cumbre Mundial sobre el Desarrollo, 2002
En el número: Fondo para el Medio Ambiente Mundial, 2002


AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and natural resources
Population and Land Use