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corta de miras |
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Christopher Weeramantry esboza deficiencias en los sistemas legales modernos a la luz del desarrollo sostenible y hace un llamamiento a los jueces a que introduzcan perspectivas más amplias en los tribunales |
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El desarrollo sostenible es uno de los tópicos más vibrantes, tanto en la ley doméstica como en el derecho internacional. Como custodios de la ley, los jueces tienen la fundamental obligación mayor de aportar perspectivas que de otro modo podrían pasar desapercibidas.
La brecha entre los ricos y los pobres del mundo -que la tecnología moderna debería ser capaz de reducir- desgraciadamente continúa ensanchándose. El desarrollo es el puente mediante el cual podemos cruzarla. Lamentablemente, tendemos a construir este puente con materiales robados a las futuras generaciones. De modo similar, el desarrollo en todas partes del mundo tiene lugar sin tener en cuenta consideraciones ambientales. Esto daña a dos grupos en particular -- los urbanos y los pobres. Ni uno ni otro es capaz de hacer valer sus derechos. Ni uno ni otro tiene voz suficiente para hacerse oír. Cabe a la judicatura mantener el equilibrio entre poderosos intereses por un lado y los que carecen de voz por el otro. Esto impone un enorme rol de fideicomiso sobre la judicatura, que debe emplear un enfoque delicado: sostener en equilibrio los derechos y las necesidades de las poblaciones que viven actualmente y los de las generaciones futuras.
La sabiduría tradicional africana nos enseña que la comunidad humana es tripartita: compuesta de los que vivieron antes, los que viven aquí y ahora, y los que aún están por venir. Ningún problema humano puede considerarse en su integridad sin referencia a todos estos tres. Sin embargo, tendemos a ver los asuntos medioambientales con anteojeras. No tenemos en cuenta las tradiciones que nos han sido transmitidas del pasado. No tenemos en cuenta a los habitantes que se verán privados en el futuro. Simplemente nos concentramos en el presente. La ley moderna es corta de miras ¿Quién sino la judicatura se encuentra en mejor posición para proveer las rectificaciones necesarias?
La humanidad ha vivido con su medio ambiente durante miles de años. De esta cohabitación han evolucionado principios, que se han arraigado en las tradiciones de muchas culturas y civilizaciones a través del tiempo. La ley que los jueces administren debe ser constituida por un conjunto multicultural de la sabiduría del mundo. Si estudiamos la sabiduría de China, Japón, de Europa misma antes de la revolución industrial, de las civilizaciones islámicas, la India, Sri Lanka, Africa y sus notables ejemplos de conservación medioambiental, Australia, los indios americanos, etc., aprenderemos el respeto por un medio ambiente común que todos habitamos. La ley moderna tiende a perder de vista tal sabiduría antigua -- y corresponde a la judicatura jugar un papel invalorable en introducirla al discurso judicial moderno. Sri Lanka fue convertida al budismo, hace 23 siglos, a través de la misión del hijo del Emperador Asoka, que vino a Sri Lanka como un monje y abordó al rey cuando se hallaba en una expedición de caza. ¿Qué estáis haciendo? preguntó. Estáis cazando estos pobres animales y comportándoos como si fuerais el dueño de esta tierra. Vosotros no sois el dueño de esta tierra. Sólo sois el administrador, no lo olvidéis. Y la mantenéis en fideicomiso para todas las criaturas vivas que tienen derecho a usarla. Este es el primer principio de la moderna ley medioambiental. El principio de fideicomiso es tan antiguo como la humanidad, tan antiguo como los seres humanos que viven juntos sobre el planeta en el seno de un medio ambiente común.
Es necesario que nosotros elaboremos conceptos similares, y los procedimientos para tratarlos, porque no sólo estamos interesados en el desarrollo sino en hacer cumplir la ley medioambiental. Uno de los conceptos es continuous mandamus, la cuestión de representación, o standing. ¿Cómo pueden aparecer ante un tribunal y exponer su caso las generaciones aún por nacer? ¿Quién las representa y defiende? Debemos desarrollar ese concepto. Debemos elaborar procedimientos de valoración de impacto. Debemos desarrollar el principio de precaución. Y también debemos considerar algunas de las deficiencias de nuestros modernos sistemas legales.
También se pone demasiado énfasis en la letra de la ley, particularmente bajo la influencia del positivismo del siglo XIX. Sin embargo, todas nuestras grandes tradiciones dicen que la letra de la ley no es tan importante como los principios en los que se basa. Muchos tienden a ver los derechos contractuales como derechos con los cuales otra gente, los Tribunales, el Estado, etc. no pueden interferir porque emanan de un arreglo entre dos partes. Sin embargo, este arreglo puede incumbir a la comunidad entera. Si alguien vende o arrienda su tierra a otra persona, esa persona no puede usarla como un artículo de bienes muebles para hacer con ella lo que quiera. Ciertas obligaciones hacia la comunidad se desprenden de la propiedad de la tierra.
La ley se concentra demasiado en la generación actual más vale que, no en las generaciones aún por venir. También pensamos en nosotros mismos, los seres humanos, como si fuéramos las únicas entidades que tienen derechos sobre en este planeta. Y pese a que la ley tiende a no tener fronteras culturales, nosotros todavía no nos consideramos multiculturales. Todo esto ha llevado a una miopía, una falta de visión de futuro y a problemas medioambientales.
Los jueces no podrán lograr competencia en su labor elegida a menos que se mantengan al corriente de los desarrollos en la ley. No pueden mantenerse al tanto de estos desarrollos cambios a menos que ellos mismos se interesen en las leyes internacionales y en las grandes preocupaciones del pensamiento vivo dentro de la esfera internacional. Es necesario sensibilizar a los jueces acerca del problema, alertarlos de sus responsabilidades, y proveerles los instrumentos conceptuales y de procedimiento que les permitan cumplir esta tarea de tan capital importancia
Juez Christopher Weeramantry es un ex-Vicepresidente del Tribunal Internacional de Justicia. Foto: Erna Lammers/PNUMA/Topham |
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