El agua y la guerra

 
Steve Lonergan
dice que la tensión sobre el agua aumentará a medida que la escasez aumente, pero que es posible evitar un conflicto abierto

Los propósitos de las Naciones Unidas, según quedan expuestos en la Carta de la ONU, son: mantener la paz y la seguridad internacional; desarrollar relaciones amistosas entre naciones; cooperar en la tarea de solucionar problemas económicos, sociales, culturales y humanitarios internacionales y en promocionar el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales; y ser el centro para la armonización de las acciones emprendidas por las naciones para lograr estos fines. Estos propósitos fueron reforzados en la Declaración de las Naciones Unidas del Milenio de 2000 y aclarados más a fondo. Ahora, tres áreas clave definen las actividades de las Naciones Unidas: Paz y Seguridad, Desarrollo, y Derechos Humanos y Democracia.

Al entrar en el siglo XXI están emergiendo nuevos retos en estas áreas. Nos enfrentamos con amenazas antiguas y nuevas a la paz y la seguridad internacional; la pobreza ha sido reconocida como el más grande de todos los problemas con los que se enfrenta el mundo en el nuevo siglo; y valores fundamentales de libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto por la naturaleza y responsabilidad compartida ahora forman valores comunes a través de los cuales es posible lograr éxitos en las primeras dos categorías. En cada una de estas áreas clave, el medio ambiente y los recursos juegan un papel central. Las amenazas a la seguridad común incluyen ahora las llamadas “amenazas blandas": degradación del medio ambiente, agotamiento de los recursos, enfermedades contagiosas y corrupción, para nombrar sólo unas pocas.

Es un hecho reconocido ahora que la degradación del medio ambiente y tanto la escasez como la abundancia de recursos naturales son fuentes potenciales de conflicto -y cooperación- y que es necesario tratarlos más sistemáticamente dentro de este contexto. El acceso a agua dulce y servicios de saneamiento es una condición previa para alcanzar los demás objetivos aceptados internacionalmente en la Declaración del Milenio.

En ninguna parte este asunto es más importante que en Medio Oriente, donde el agua es considerada un recurso “estratégico” y las tensiones relacionadas con el agua son altas entre los países de la región. Allí se ha convertido en una cuestión política mayor, y todos los diversos acuerdos de paz propuestos o firmados en años recientes incluyen el agua. Esto ha llevado a afirmaciones de varias fuentes -atribuidas (pero no corroboradas) a personas como Boutros Boutros Ghali y el ex Rey Hussein de Jordania- de que “la próxima guerra en Medio Oriente será por el agua”. Esta retórica ha cautivado la imaginación del público y causado gran consternación en las comunidades de inteligencia de diversos países, que se preocupan preguntándose si el agua -o algún otro recurso escaso- podría llegar a ser un futuro punto álgido para conflicto internacional.

En muchos casos, estos comentarios son poco menos que bombo publicitario de los medios de difusión; en otros, tales declaraciones se han hecho por razones políticas. No obstante, sin tener en cuenta su fuente, o las razones, el agua evidentemente es un recurso escaso en algunas regiones. Existen tensiones sobre el uso del agua, la propiedad de agua y los derechos del agua -- y es probable que estas tensiones aumenten en el futuro. El Medio Oriente y Africa tal vez provoquen la preocupación mayor con respecto a la escasez de agua: se anticipa que para 2025, 40 países en las regiones experimentarán escasez o estrés por falta de agua.

La escasez de agua es una función de suministro y demanda. La demanda está aumentando a un ritmo alarmante en algunas regiones, debido al crecimiento de la población y al creciente uso per capita. En muchos países en que el agua es escasa, como Jordania e Israel, no existe manera obvia y económica de aumentar el suministro de agua, y por ende es probable que resulten tensiones entre diferentes usuarios de agua. En otros países, como Egipto, las mejoras en el uso eficiente del agua, el evitar cultivos de alto consumo de agua, o la importación de agua de países cercanos podrían ofrecer soluciones razonables.

La segunda crisis es el deterioro de la calidad del agua. La agricultura es el contaminador más grande: el mayor uso de fertilizantes y pesticidas ha contaminado el agua subterránea así como el suministro de agua de superficie. La contaminación doméstica e industrial también está aumentando, y el problema afecta tanto a países desarrollados como en desarrollo.

Por último, el uso de agua tiene una dimensión geopolítica. El agua corre de los usuarios de corriente arriba a los usuarios corriente abajo, y su retirada y su tipo de uso en una parte puede afectar la cantidad o la calidad de los suministros corriente abajo. Por otra parte, también hay aspectos históricos, culturales, económicos y sociales en el uso del agua. Para algunos, el agua es un regalo de Dios, al cual no debe ponerse precio, mientras que otros, tales como el Banco Mundial, han ejercido presión para poner un precio total al costo marginal sobre el agua.

La falta de un marco legal adecuado para solucionar las disputas internacionales sobre el recurso del agua presenta otro problema más. La soberanía sobre los ríos internacionales generalmente invoca una de cuatro doctrinas, a saber: soberanía territorial absoluta, que implica que los estados ribereños pueden utilizar los recursos hídricos en cualquier manera que deseen, aún en perjuicio de otras naciones; integridad territorial absoluta, que implica que el uso de los ribereños de un río no debe afectar de forma negativa a los países corriente abajo; soberanía territorial limitada, que invoca una combinación de las dos dentro de un marco de uso equitativo por todas las partes; y comunidad de estados coribereños, que promueve una gestión integrada de las cuencas.

Los problemas de escasez de agua y contaminación del agua afectan a la salud humana así como a la del ecosistema, y obstaculizan el desarrollo económico y agrícola. Los problemas locales y regionales, a su vez, pueden afectar al resto del mundo al amenazar los suministros de alimentos y el desarrollo económico mundial. La Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible concluye que estos problemas podrían resultar en una serie de crisis de agua locales y regionales, con serias implicaciones mundiales.

¿Acaso es probable que se produzca un conflicto violento por el agua en el futuro? La experiencia del pasado sugiere que esto es poco probable. No obstante, muchos aseguran que la probabilidad de conflicto está aumentando. La base para la mayoría de las proyecciones para futuros conflictos es que, con el aumento de la demanda, la disminución de la disponibilidad de agua dulce (por minería y contaminación de agua subterránea), y los efectos adversos sobre la salud debidos al agua de mala calidad, la escasez resultará en violencia y guerras por el agua. Sin embargo, luchar por el agua tiene poco sentido económica y políticamente.
“Si existe voluntad para la paz, el agua no será un impedimento. Si se desean razones para luchar, el agua ofrecerá amplias oportunidades”
Hay poca duda de que la escasez de agua constituirá un problema en algunas regiones en el futuro. Es probable que el calentamiento de la Tierra altere las pautas de las precipitaciones y los regímenes de evapo-transpiración en muchas regiones, y el planeamiento a largo plazo para el suministro de agua debe tener esto en cuenta. Tampoco se duda que haya la posibilidad de que el agua encarezca a medida que se vaya haciendo más escasa. Esto requerirá que se introduzcan mejoras en la eficiencia del uso del agua -- y posiblemente la reestructuración de economías lejos de los sectores de alto consumo de agua.

Las mejoras más importantes pueden hacerse en la agricultura, ya que aquí la irrigación representa casi un 70 por ciento del uso de agua mundialmente. Con el aumento del precio del agua están entrando en operación distintos sistemas de distribución: agua transportada por camiones cisterna, por conductos a larga distancia y hasta en bolsas de plástico. También podrá haber un mayor uso de la tecnología de desalinización, si bien hasta la fecha su costo ha sido prohibitivo, y las operaciones se limitan primordialmente a países con excedentes de suministro de energía. Importar agua -como en Singapur- podría convertirse en una opción más normal.

Otros dos factores pueden desempeñar un rol en la tensión relacionada con el agua. En primer lugar, las importaciones de alimentos pueden ser impulsadas por una escasez de agua. Dentro de poco, la mitad de la población del mundo dependerá del mercado mundial de alimentos para su seguridad alimentaria. La manera en que los países pobres, con escasez de agua, financiarán estas importaciones de alimentos bien podría convertirse en un problema importante a tener en cuenta. En segundo lugar, se anticipa una mayor competencia para el agua: entre poblaciones urbanas y rurales; entre la agricultura y los sectores domésticos; y entre países. Esto puede verse exacerbado por una urbanización acelerada. No obstante, muchos de los problemas relacionados con el suministro de agua en el futuro pueden solucionarse mediante acuerdos cooperativos y cierto grado de inversión económica. Tales acuerdos y diplomacia preventiva sobre suministros de agua compartidos continuarán dominando la situación.

Históricamente, hay pocas pruebas de que la escasez de agua haya causado conflictos violentos, aunque es cierto que, en muchos casos, el agua se ha usado como un objetivo o una meta estratégica, como parte de actividades militares. Sin embargo, ya hubo muchas disputas sobre el agua dentro de naciones: es posible que la probabilidad de conflicto violento por el agua varíe inversamente al tamaño (y tipo) de los órganos políticos involucrados.

Pero la seguridad de agua figurará en un lugar prominente en la agenda internacional durante décadas por venir. En algunos casos, el agua hasta podría ser un factor contribuyente en un conflicto internacional. El Profesor de Hidrología Uri Shamir, uno de los miembros del equipo de negociación israelí del Proceso para la Paz en Medio Oriente, observó cierta vez: “Si existe voluntad para la paz, el agua no será un impedimento. Si se desean razones para luchar, el agua ofrecerá amplias oportunidades” 


Steve Lonergan es Director del Departamento de Alerta Temprana y Evaluación en el PNUMA y coautor, con David Brooks, de Watershed: The Role of Freshwater in the Israeli-Palenstinian Conflict (IDRC Books, 1994).

Foto: PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Despertando a la realidad | Plantando la seguridad | Paz natural | Gente | No podemos andarnos con dilaciones | Atrayendo la inversión privada | Remodelando el debate sobre energia y seguridad | De un vistazo: La seguridad del medio ambiente | Perfil estelar: Salman Ahmad | ¿Cuántas tierras harían falta? | Cascos verdes | Publicaciones y productos | Una iniciativa para el cambio | Seguridad en medio de turbulencia | El agua y la guerra | Venciendo la “maldición de los recursos” | Una paz verde | ¡Es un problema de pobreza, tonto!

Artículos complementarios:
Agua dulce, 2003