IZQ: MONIR BU GHANEM
ABAJO: INFORMANDO A UNA JOVEN INVESTIGADORA SOBRE EL CEDRO MÁS VIEJO EN LA RESERVA

Victoria Finley, de la Alianza de las Religiones y la Conservación (Alliance of Religions and Conservation, ARC), nos cuenta cómo cinco estudiantes se reunieron para volver a plantar un bosque devastado por el incendio: sembrando las semillas de lo que habría de convertirse en un grupo de acción juvenil para el medio ambiente de escala nacional.

El incendio destruyó la mayor parte del
bosque alrededor de una pequeña aldea en el
centro del Líbano. Las llamas se apagaron
dentro de pocos días. Pero 11 años después
todavía están teniendo un impacto -esta vez
un impacto bueno- sobre todo este lado del
Mediterráneo.

"El incendio fue algo espantoso", recuerda
Monir Bu Ghanem, un estudiante de
administración de negocios de 23 años
cuando ocurrió el incendio. "Pero en vez de
aceptarlo como una cosa del destino,
decidimos hacer algo para remediarlo." Monir
y cuatro amigos de la aldea de Ramlieh -a
una hora en coche de Beirut- inmediatamente
formaron un grupo de acción.

"En primer lugar, queríamos aprender cómo luchar contra los incendios y evitar que volvieran a ocurrir. En segundo lugar, queríamos plantar árboles nuevos y recuperar nuestro bosque", dice. Uno de los amigos tenía un tío quien les prestó una parcela de tierra; los chicos la transformaron en un vivero y plantaron 10.000 árboles jóvenes. Como éstos eran más de lo que necesitaban localmente, también enviaron árboles a otras partes del país.

Al principio mantuvieron el grupo de decisión limitado a cinco miembros "porque ése era el máximo que cabían en el auto, el lugar donde celebrábamos nuestras reuniones", explicó Monir. Pero lo que había comenzado como un plan de aldea no tardó en convertirse en un grupo de acción juvenil de escala nacional.

Los amigos formaron una organización benéfica, la Asociación para Desarrollo Forestal y Conservación (ADFC), y empezaron a trabajar en proyectos que se extendían mucho más allá de Ramlieh. En los diez años transcurridos desde el incendio han plantado 250.000 árboles a través de todo el Líbano, y el vivero original se ha ampliado para incluir un centro para ecoturismo y reuniones medioambientales.

Los primeros planes de la ADFC comprendieron trabajo conjunto con la Reserva de Cedros Al Shouf, en el centro del país. Los cedros -los árboles fragantes que son el emblema del país- antaño cubrían todo el Monte Líbano y más allá, pero hoy día sus números son escasos. Diez años atrás, la reserva aún contaba con unos pocos árboles muy antiguos, pero las 50.000 cabras que pastaban en la zona se comieron los árboles jóvenes, sin darles prácticamente oportunidad de crecer.

Monir y sus amigos trabajaron con los pastores para persuadirlos de mantener a sus animales fuera de la reserva. A cambio, la ADFC compra conservas, miel y otros productos locales, los vende y entrega el ingreso a los habitantes de las aldeas.

Actualmente, la reserva contiene por lo menos 250 especies de plantas y unas 100 especies de aves migratorias visitan la zona. Cada año, más de 20.000 turistas visitan la reserva, y ven lo que es posible lograr con la fe y la determinación de un puñado de gente joven.

Los miembros de la ADFC son drusos, cristianos, musulmanes chiítas, y seculares: trabajan juntos, sin tener en cuenta religión o secta, en un país que estuvo sacudido por una guerra civil interreligiosa durante casi 20 años. La guerra oscureció la infancia de todos ellos, pero también los hizo más decididos y empeñados. "El Líbano se encuentra muy retrasado en comparación con el resto del mundo en lo que se refiere a cuidar nuestro medio ambiente natural. Perdimos mucho tiempo durante la guerra. Nada ocurrió en ese tiempo", dice Monir.

La organización benéfica también protege la Selva de Harissa, que cubre las empinadas laderas detrás de Beirut y su ciudad vecina de Jounieh, y ha sido nombrada una de las selvas más importantes del Mediterráneo por el WWF-Fondo Mundial para la Naturaleza. Cinco años atrás estuvo en peligro de ser arrasada para construir hoteles. Pero la ADFC -con el apoyo de ARC- se puso en contacto con el Patriarca de la Iglesia Maronita, dueña de la mayor parte de la selva. El Patriarca dio su consentimiento de convertirla en una zona sagrada y protegida. Siguiendo este ejemplo, el municipio de Jounieh está comprando ahora parte de la selva para dedicarla al ecoturismo, y varios de los propietarios privados asimismo dieron su promesa de proteger sus tierra

Para mayor información visita:
www.afdc.org.lb
www.arcworld.org

FOTOS: VICTORIA FINLAY

       
 
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