Los logros de las personas que actualmente detentan el poder no son suficientes. Han ayudado a convertir el ambientalismo y la preocupación por la pobreza mundial en una fuerza global. Han creado revoluciones sociales, económicas y tecnológicas, y han luchado contra el racismo y el sexismo. Pero la gente en el mundo desarrollado -y la gente acomodada en el mundo en desarrollo- se acostumbró demasiado a su cómodo modo de vivir, demasiado apegados a la buena vida y a su propia condición, como para crear el cambio hacia un desarrollo sostenible que tan desesperadamente necesita el mundo.

No tenemos más que mirar a nuestro alrededor. Casi la mitad de los habitantes del mundo todavía tienen que vivir con menos de 2 dólares por día. Más de 2 millones de personas mueren cada año porque no pueden conseguir agua limpia. Más de 1 millón de niños menores de cinco años mueren porque tienen que respirar el humo de la quema de leña y estiércol porque su familia no tiene acceso a formas de energía limpia. Casi una cuarta parte de la tierra agrícola del mundo ha sido degradada. Las especies son empujadas a la extinción a un ritmo alarmante. Y el calentamiento de la Tierra está acelerando, derritiendo los glaciares y las plataformas de hielo, trastornando y alterando las cosechas y amenazando con catástrofes.

¿Acaso podemos aceptar un futuro de pobreza cada vez mayor en un medio ambiente mundial en proceso de desintegración, y la violencia y los conflictos que serán su inevitable resultado?

Debemos actuar, y actuar ahora mismo. No tenemos poder político, pero no somos impotentes. Las grandes empresas gastan miles de millones en publicidad dirigida a nosotros. Los políticos tratan de obtener nuestro voto. Deberíamos pensar y comprar lo que necesitamos, pero únicamente productos fabricados con buen cuidado para el medio ambiente. Y quienes pueden votar deberían apoyar a gente que realmente trabaja en pro del desarrollo sostenible.

Como informa esta revista (página 11), los jóvenes reunidos en Dubna, cerca de Moscú, Rusia, elaboraron diez promesas prácticas que proporcionan una guía para la acción. Y como muestran otras páginas en la revista, tal acción puede tener un efecto espectacular. Muchas otras medidas importantes se han tomado porque la gente fue convencida por sus hijos.

Ante todo, no debemos permitir que nuestro radicalismo juvenil se convierta gradualmente en complacencia de edad madura. Debemos andar con pisadas ligeras sobre nuestro planeta - manteniendo sostenible nuestro consumo - al mismo tiempo que aplastar las prácticas que lo ponen en peligro.

   
   
 
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