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Creemos que hay entre 8 y 50 millones de especies sobre la Tierra. Calculamos que hasta la fecha sólo hemos dado nombre a un 4% aproximadamente. También creemos que estamos matando una especie de planta y 50 especies de animales cada día a medida que vamos destruyendo sus hábitats: esto equivale a entre mil y un millón de veces la tasa de extinción natural. No poseemos cifras exactas. Pero es claro que no sabemos lo que estamos haciendo, sólo que estamos matando muchas de las plantas y los animales del mundo, hasta antes de saber siquiera lo que son. Al hacerlo, estamos alterando los ecosistemas del mundo y perdemos especies con beneficios potenciales incalculables para la humanidad. Esto de veras es alarmante. Y lo que es peor, también ponemos en peligro nuestro suministro de alimentos. Porque la diversidad de las plantas y los animales de la Tierra es un recurso inestimable para la agricultura. Los agricultores mejoran nuestros principales cultivos cruzándolos con sus parientes silvestres, obteniendo genes que son naturalmente resistentes a las enfermedades, plagas de insectos y estreses ambientales, y así los hacen más productivos. Los granjeros en Asia producen un ave de corral cruzando un antepasado del pollo doméstico con sus propias aves de corral. El markhot, una cabra montañesa salvaje, copula con las cabras domésticas, lo que las mantiene sanas y robustas. El cerdo barbudo en el Sudeste de Asia podría utilizarse por su tolerancia al calor y las enfermedades tropicales. Pero estos parientes silvestres se pierden a medida que los hábitats naturales se van destruyendo para crear lugar para el cultivo en gran escala de especies comerciales extranjeras. Y muchas veces los cultivos consisten de una sola variedad, lo cual los hace particularmente vulnerables a brotes masivos de plagas y enfermedades. Una epidemia es capaz de eliminar un cultivo uniforme a través de todo un Continente, dejando a millones de habitantes en la inseguridad alimentaria y hasta la hambruna. En los años 1840, tal hambruna precisamente ocurrió en Irlanda, causando la muerte de millones de personas, cuando una enfermedad llamada añublo afectó a una variedad de patata que cultivaban como el puntal de su dieta. De modo similar, en los años 1960 y 1970, un virus mató a 3 millones de toneladas de la cosecha de arroz de Asia, cantidad suficiente para alimentar a 9 millones de personas durante un año. Los cultivadores recorrieron el mundo en busca de un tipo de arroz silvestre resistente para tratar de detener estragos parecidos en el futuro. Finalmente descubrieron dos semillas mutadas de una variedad en Uttar Pradesh, India: entre cientos de semillas probadas era la única inmune al virus. El gene vital se integró a la variedad de arroz IR36, y aún se encuentra hoy día en todo el arroz de alto rendimiento cultivado ¿Qué podemos hacer nosotros? Podemos proteger la diversidad cultivando una más amplia variedad de especies en los países de donde provienen. El arbusto de la nuez yeheb de Somalia, la zostera marina vallisneria de México, el amaranto de los Andes, todos podrían proporcionar alimentos nutritivos. Algunos -como la habichuela alada de Papua Nueva Guinea, que es 40% proteína- podrían mejorar las dietas en reemplazo de cultivos menos nutritivos. Algunos cultivos nuevos crecen en tierra y condiciones inadecuadas para otra agricultura, y en las condiciones que nuestro medio ambiente cambiante no tardará en traer. Sólo un 8% de la superficie de la Tierra -aproximadamente 11 millones de kilómetros cuadrados- es adecuado para agricultura moderna; y muchos más yacen sin utilizar. Pero hay plantas que pueden vivir en condiciones más húmedas, más frías o más secas que nuestros cultivos actuales, produciendo alimento en tierra no cultivada hasta ahora. Nuevas formas híbridas de sorgo y mijo, por ejemplo, pueden crecer en zonas anteriormente consideradas demasiado cálidas y secas. Y las plantas resistentes a la sal, como el tomate de las Galápagos, pueden crecer en tierras salinizadas, cuyo suelo se ha hecho demasiado salado debido a mala irrigación. A través de los últimos 50 años, la población del mundo ha aumentado en unos 3.000 millones de habitantes. Y sin embargo, usando la ciencia para estimular la agricultura, hemos logrado aumentar la producción para poder alimentar la mayoría de ellos. La biodiversidad puede ayudarnos a satisfacer la necesidad urgente de alimentar a todos los habitantes del mundo. Pero a menos que conservemos esta biodiversidad, resultará mucho más difícil proveer alimento para cualquiera de nosotros en el futuro. ILUSTRACIONES: DEIA SCHLOSBERG/PCI |
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