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Como muchos millones de familias a través del mundo en desarrollo, no había servicios básicos en la casa. "No teníamos electricidad ni agua corriente," recuerda. "De modo que debíamos ir al río más cercano, que quedaba a unos 3 kilómetros de distancia. Salíamos temprano por la mañana para poder llegar al agua cuando estaba más limpia. Esta era nuestra oportunidad de lavar la ropa, beber y recolectar agua para la casa. La excursión a menudo llevaba tres horas." Luego se aprestaba para ir, descalzo a la escuela, que empezaba a las 8 de la mañana. "La escuela quedaba a más de 10 kilómetros de casa, y teníamos que abrirnos camino a través de bosques, desfiladeros, caminos de barro y un río. Fue gracias a esta caminata que empecé a correr." Su madre, "una mujer maravillosa" que insistió en que todos sus nueve hijos obtuvieran educación, murió de cáncer cuando Haile tenía siete años. Su padre tenía menos interés en que sus hijos fueran a la escuela, pues quería que trabajaran con él en los campos - y se opuso a la ambición de Haile de ser un corredor. "Siempre le dije a mi padre que quería ser un corredor, pero él quería que fuese agricultor", dice. "Yo sentía que estaba perdiendo mi tiempo. Recién cuando me convertí en campeón mundial de los 10.000 metros en 1993 finalmente quedó convencido." Durante los próximos ocho años Haile Gebreselassie permaneció invicto en esa distancia, igualando y rompiendo no menos de 15 récords mundiales, y ganando Medallas de Oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta y Sydney. También ha establecido récords mundiales para 5 mil y 1.500 metros. Todavía detenta el récord de 10 mil metros y ha sido campeón mundial cuatro veces para esa distancia. Ahora, como uno de los más grandes atletas mundiales de todos los tiempos, podría haber elegido vivir con todo lujo en cualquier parte. "Podría vivir una vida muy confortable en cualquier lugar del mundo," dice. "Pero elegí quedarme en mi patria porque aquí puedo hacer una diferencia." Del mismo modo, ha invertido todas sus ganancias en Etiopía. "Es muy difícil vivir entre tanta gente pobre," explicó. "Siempre estaba pensando: ¿qué puedo hacer yo? ¿Cómo puedo contribuir algo a esta gente?" "Desde el principio decidí que, en vez de dejar mi dinero en Europa debería invertirlo aquí. Todo el dinero que tengo, lo gasto en mi país. ¿Por qué no? Aquí es donde nací. Aquí es donde moriré. Estoy orgulloso de este país. Estoy orgulloso de este pueblo." De manera que fundó un negocio, que ahora emplea a 250 personas. "Eso me hace feliz. La cosa más importante es crear empleos para esta gente." También hace campaña para crear conciencia del flagelo del VIH/SIDA, que personas "muy allegadas a él" han contraído. Y se preocupa de los problemas de la pobreza y el hambre en su país. "La pobreza y el VIH/SIDA son la prioridad," afirma. "El mundo exterior conoce a Etiopía simplemente como un país muy pobre," agrega. "Pero todos estos problemas no son otorgados por gracia divina. Sólo pueden solucionarse mediante nuestros propios esfuerzos." "Todas las naciones desarrolladas del mundo que nosotros tanto admiramos hoy en un momento u otro han pasado por los mismos tiempos duros que nuestro país está viviendo hoy día. Hemos visto ciertos cambios en nuestro país durante los últimos años, pero nos queda mucho camino por andar." |
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