Cuando clavamos piquetas en un acantilado, cuando se realizan carreras de botes cruzando el océano y cuando molestamos los arrecifes de coral buceando, estamos causando daño al mundo natural con los deportes. Y un daño aún mayor es el causado por el espacio que ocupan los deportes a medida que cada vez más personas los juegan o participan en ellos como espectadores.

La propagación de los campos de golf, por ejemplo, ha generado el Movimiento Anti-Golf Mundial, que llama a una moratoria para nuevos desarrollos. Bosques, manglares, y otros hábitats naturales son destruidos para construir los campos. Las enormes cantidades de agua necesarias para mantenerlos verdes dejan secas a otras zonas. Un campo de golf de 18 hoyos necesita 2,4 millones de litros de agua por día como promedio, y no obstante existen muchos campos verdes en países donde el agua escasea. Además, los fertilizantes y plaguicidas usados para mantenerlos ocasionan aún mayor daño.

Las estaciones de esquí también cobran sus víctimas: las laderas se talan para construir pistas, los esquiadores dañan la flora de las laderas, y el ruido y la actividad molestan la vida animal.

 

La construcción de estadios, campos y pistas utiliza enormes cantidades de energía y recursos, y más recursos aún son necesarios para mantener, calentar, refrigerar y alumbrarlos. Hasta el transporte de los jugadores y aficionados a los eventos deportivos causa contaminación. Las carreras de coches podrán ser un evidente caso en cuestión, pero también es necesario considerar el manejo de deportes aparentemente inofensivos como el fútbol.

No obstante, también se han construido ya muchos lugares y centros deportivos teniendo en cuenta la naturaleza, mejorando la tierra que ocupan. El Club de Golf Phuket en Tailandia fue construido en el sitio de una antigua mina de estaño; el campo de golf Old Works Golf Course en Anaconda, Estados Unidos, ocupa el lugar de una fundación de cobre en desuso. Ambos han atraído fauna. "¡Vaya, tenemos garzas en el agua y ciervos que se comen las manzanas!," dice Derf Soller, el supervisor del campo de golf de Old Works. "Antes no se veía tal cosa."

El estadio Seven Bridges Ice Arena en Chicago, uno de los estadios de hielo más grandes en los Estados Unidos, usa el calor y la energía de desecho de la refrigeración de las pistas de hielo para calentar y condicionar el aire del enorme edificio, disminuyendo con ello la cuenta de energía por la mitad. En Australia, el centro deportivo SuperDome de Sydney opera con un sistema de energía solar en el techo, ahorrando 85 toneladas de gases de efecto invernadero por año.

 
         
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