Hace casi 70 años, un joven velocista afroamericano llamado Jesse Owens atrajo atención mundial por sus proezas en los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín, estableciendo tres récords olímpicos y ganando cuatro medallas de oro. Por primera vez en la historia, y gracias a la influencia del cine y la radio, su hazaña llegó a un público mundial y Owens se convirtió en un símbolo del poder del deporte para trascender barreras.

En los días desde que Owens tomó al mundo del atletismo por asalto, la televisión y el Internet han continuado revolucionando la manera en que nos comunicamos, y el deporte se ha convertido en un negocio que toca la vida de prácticamente todos los habitantes sobre el planeta. Eventos como las Olimpíadas o la Copa Mundial de Fútbol se ven en todas partes alrededor del globo, mientras compañías como Nike, Reebok y Adidas son nombres familiares conocidos en el mundo entero.

Durante el mismo período, la población humana del mundo casi ha triplicado y se han operado profundos cambios en el medio ambiente mundial. El cambio del clima, la contaminación atmosférica, la degradación de la tierra, la escasez de agua y la pérdida de diversidad biológica son ahora problemas de importancia global.

La tarea de invertir la declinación medioambiental no es una cuestión para los políticos únicamente. Es algo que demanda la acción de todos nosotros. Esto, por ejemplo, es porque el movimiento olímpico ha incorporado el medio ambiente en su Carta, reconociéndolo como uno de los tres pilares del movimiento olímpico junto con el deporte y la cultura.

Muchos asuntos vinculan el deporte y el medio ambiente. Por un lado, un medio ambiente degradado es perjudicial para nuestra salud y nuestro desempeño deportivo. Por el otro, la industria mundial multibillonaria del deporte es una importante consumidora de recursos naturales.

Es precisamente la naturaleza intercultural del deporte lo que lo convierte en una influencia potencialmente tan importante para el bien o para el mal. La forma en que se operan los eventos deportivos, la forma en que la industria del deporte conduce sus negocios, y la manera en que se comportan las estrellas del deporte —tanto dentro como fuera del campo de juego— pueden tener efectos de gran alcance.

Este número de Tunza presenta las voces de hombres y mujeres deportistas que hablan en defensa del medio ambiente. También reporta ejemplos prácticos de cómo los eventos deportivos, la industria del deporte y los consumidores como nosotros pueden actuar en maneras más favorables al medio ambiente.

El deporte significa el reto de superarse. Como Jesse Owens dijera alguna vez: "la única victoria que cuenta es la victoria sobre uno mismo". El objetivo es mejorar constantemente el propio desempeño. El desafío para nuestra generación consiste en mejorar nuestro propio desempeño como los administradores de este planeta, nuestro único hogar, de tal manera que los niños que crezcan de aquí a 70 años puedan disfrutar de su deporte en un medio ambiente limpio y sano.

ILUSTRACION: DEIA SCHLOSBERG/PCI

 
   
   
 

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