Los agricultores africanos están añadiendo una antigua hierba china a su repertorio de cultivos comerciales básicos. A través de Kenia, la República Unida de Tanzania y Uganda, los agricultores están cultivando la Artemisia annua -un ingrediente clave para unas nuevas drogas altamente efectivas contra la malaria- donde de otro modo pudieran haber plantado té, café, trigo o alubias.

Durante la guerra de Viet Nam, los científicos chinos, con el apoyo de su gobierno, desarrollaron una droga antimalarial de la hierba y la suministraron a las fuerzas armadas vietnamesas. Ahora, los funcionarios internacionales de la salud han juzgado que las combinaciones terapéuticas basadas en la Artemisia annua son cruciales en el combate contra la malaria, que mata a más de 800.000 personas cada año en Africa solamente.

Para East African Botanicals, el grupo con el cual una empresa suiza de fabricantes de productos medicinales ha establecido una estrecha asociación para aumentar el cultivo y procesamiento de la Artemisia annua, el reconocimiento internacional del valor medicinal de la hierba ha justificado una lucha de ocho años para cultivarla con poca demanda y pocos recursos.

 

El vínculo entre este grupo de agricultores de Africa Oriental y Novartis ha garantizado un mercado estable para la Artemisia annua, mucho más grande de lo imaginado con anterioridad. La producción está impulsándose de 200 hectáreas a unas 1.500 en 2005 solamente. La asociación también incluye apoyo técnico y financiero no sólo para el cultivo de la planta en Africa Oriental sino también el desarrollo de instalaciones para la extracción y purificación y su capacitación en Kenia.

East African Botanicals

Para un creciente número de agricultores en Africa Oriental, la Artemisia annua ofrece una nueva fuente de ingreso regular muy prometedora ante los precios fluctuantes o en baja para los cultivos comerciales tradicionales, al mismo tiempo de ayudar a combatir la malaria.

De manera que esta pequeña planta de China, semejante a un arbolito de Navidad, y la cooperación Norte-Sur tal vez pueda ofrecer el mejor regalo de todos: una oportunidad de vida para los 210 a 300 millones de habitantes en todo el mundo que quedan infectados cada año, niños en su mayoría.

     

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