os están bombardeando constantemente con noticias de problemas mundiales a los cuales ha contribuido la humanidad: contaminación, extinción masiva y deforestación, para nombrar sino unos pocos. En el Colegio de Writhlington, mi colegio secundario local en el condado de Somerset en el Reino Unido, hemos decidido emprender medidas, y trabajar con gente autóctona en el noreste de la India para salvar especies amenazadas.

Desde que empecé a asistir al colegio cuatro años atrás soy un ferviente miembro de su club de invernadero. A primera vista, podrá parecer cosa normal que se cultiven plantas en una escuela, pero el invernadero de Writhlington contiene una selección de flora muy especial. Las orquídeas son la más grande familia de plantas florecientes conocida del mundo, con arriba de 25.000 especies clasificadas, y un número similar pronosticado aún por descubrir. Crecen en todos los Continentes, incluso en Antártica, si bien allí sólo prosperan unas pocas.

Durante muchos años, los desvencijados invernaderos de nuestra escuela -un colegio especializado en comercio y empresas situado a las afueras de la antigua ciudad de Bath- contenía nada más que los acostumbrados tomates y cactos, hasta que se hizo cargo Simón Pugh-Jones, un profesor de física. En los próximos dos o tres años, los invernaderos se convirtieron en hogar de un creciente número de plantas de jardín y canastas colgantes, que produjeron un ingreso regular para cubrir los costos de reparación. Finalmente hicieron su aparición las orquídeas, en forma de la donación de unas pocas plantas híbridas del género Cymbidium.

Hoy día, nuestro colegio cultiva una enorme cantidad de orquídeas, de Aerangis a Zygostates, y Angracum a Zygopetalum. Habíamos luchado años para poder llenar los invernaderos, pero ahora nos enfrentamos con problemas para encontrar espacio para todas nuestras plantas, ya que cultivamos todo lo que podemos conseguir.

El Colegio Writhlington se ha convertido en el segundo laboratorio especializado en la propagación de orquídeas más importante en el Reino Unido, que usa una jalea nutriente de agar-agar dentro de un ambiente estéril. Construimos el laboratorio en un lugar poco común: el baño en desuso de las niñas.

Ahora nuestro trabajo está entrando en su etapa más excitante: el establecimiento de vínculos con hábitats botánicamente vitales como Costa Rica -que posee una de las pocas selvas tropicales en el mundo cuyo tamaño está aumentando- y Sikkim, un Estado de la India en el Himalaya oriental. El trabajo en la India se concentra en el Monasterio y la escuela
de Labrang, cerca de la aldea de Tumlong. Está conectado con Mohan Predan, el secretario del grupo regional subcontinental indio de especialistas en orquídeas de la UICN-la Unión Mundial para la Naturaleza.

 

La región alrededor de Tumlong alberga numerosas especies de orquídeas amenazadas, que se encuentran bajo creciente amenaza porque la gente sigue quitándolas de su hábitat silvestre, y no existen proyectos locales para cultivar otras más para reponer y aumentar la provisión.

El plan es que el Señor Predan recolecte semillas silvestres de orquídeas de la zona y las envíe a nuestro colegio para su propagación. Nosotros enviaremos las plántulas resultantes a las escuelas de aldea en Sikkim, que luego las plantarán en macetas, para la venta local de las plantas de orquídeas una vez maduradas. Esperamos que este proyecto logre que la gente deje de recolectarlas de su estado silvestre, al mismo tiempo de motivar a las comunidades a participar en su conservación.

Las orquídeas también se venderán por intermedio de establecimientos y organizaciones de horticultura como el Jardín Botánico de Kew en Londres. Las entradas obtenidas de estas ventas se enviarán a la India para financiar la construcción de un laboratorio, de manera que la gente pueda producir sus propias plántulas. Esperamos difundir este modelo a otras partes del mundo, incluyendo el Brasil, Guatemala y Africa. Nuestra meta es crear docenas de estos laboratorios autosuficientes de propagación de orquídeas para cubrir la necesidad mundial de estas plantas, y conservar estas preciosas flores para los años por venir.

Callum Swift (15 años)
Estudiante de 10mo año Writhlington Business and Enterprise Specialist School

 

 
         
   
      fotos: Writhlington School  
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