La diversidad biológica es compleja y hasta el momento demasiado difícil de medir en su integridad. En vez de ello, medimos partes de ella y usamos indicadores para hacer un resumen de lo que conocemos.
Algunos combinan los trozos de datos en tendencias generales, más bien como los indicadores económicos y de mercado de valores. El Índice del Planeta Vivo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) -que combina tendencias en las poblaciones de especies para dar una visión global del estado de toda la biodiversidad- es un ejemplo: es un enfoque útil, pero depende de buenos datos. Otros indicadores se centran en componentes particulares de la biodiversidad, como por ejemplo la población de peces en un determinado lago o mar.
Sólo unos pocos, tales como el Índice del Planeta Vivo, son ampliamente aceptados, y aún éstos no pueden aplicarse universalmente, debido a que:
- Diferentes aspectos de la diversidad biológica son importantes para diferentes pueblos. Algunos dependen de especies de flora y fauna silvestres para su alimento, otros valoran la belleza de la naturaleza, y otros aun dan valor primordialmente al agua dulce proporcionada por ecosistemas intactos.
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- Los datos sobre los componentes de la biodiversidad son escasos y variables: todavía no se han llevado a cabo estudios sistemáticos y monitoreos de rutina de muchos de los aspectos más importantes.
Las cosas están mejorando a medida que se van generando datos y vamos comprendiendo nuestras prioridades con claridad. Un proyecto llamado "Indicadores de Biodiversidad para Uso Nacional" -que incluyó a Ecuador, Filipinas, Kenia y Ucrania- demostró que muchos países ya poseen información capaz de proporcionar indicadores útiles. Pero mucho queda por hacer para encontrar el mejor uso para dicha información y establecer medidas significativas y posibles de repetir.
Val Kapos |