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En total, el 80% de la contaminación marina proviene de la tierra. La mayor parte procede del efluente sin tratar, o sólo ligeramente tratado, de las cloacas, aumentado por desechos humanos -con bacterias y virus nocivos- y polución debida a la industria y la agricultura intensiva. Las aguas residuales humanas, los fertilizantes agrícolas y otros nutrientes estimulan grandes floraciones de algas. A veces éstas contaminan los mariscos con peligrosos venenos. Siempre aspiran oxígeno del agua, a menudo asfixiando peces y otra vida marina. Esto contribuye a la expansión de "zonas muertas" en los mares y los océanos. El PNUMA ha identificado 146 de estas zonas (ver mapa): desde los años 1960 su número ha doblado en cada década. Dos de las más grandes -de alrededor de 70.000 kilómetros cuadrados- se encuentran en el Golfo de México y en el Mar Báltico. Entretanto, productos químicos como los bifenilos policlorados (BPC) van acumulándose en los peces. Aproximadamente el 95% de la pesca del mundo proviene precisamente de las aguas costeras en las que vertemos nuestros residuos. En total, las aguas litorales contaminadas cuestan 12.800 millones de dólares al año a la economía mundial en muertes y enfermedades. |
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