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Los beduinos en el Medio Oriente y el Norte de Africa, por ejemplo, migran de oasis en oasis para hacer pastar a sus animales, permitiendo que cada zona pastoreada pueda reponerse, y usando su aguda comprensión de las pautas meteorológicas para ir a los lugares donde ha caído lluvia. Sus animales proveen alimento, vestido, y hasta refugio: se usan pelos de cabra para tejer tiendas o toldas impermeables. Su vestimenta tradicional -generalmente una larga túnica blanca, una capa sin mangas y paño para cubrir la cabeza- protegen su piel del sol e impiden su deshidratación por la evaporación del sudor. |
De modo parecido, los aborígenes en el árido corazón de Australia deben ser expertos para poder sobrevivir en su duro entorno. Conocen las raíces y los árboles que producen agua, saben cómo cosechar el rocío, y hasta obtienen refresco de unas ranas que retienen agua. En la misma forma, pueden cazar siguiendo las más leves pisadas, imitando los movimientos de los animales. Y los bosquimanos o Bushmen del desierto de Kalahari -que se alimentan principalmente de frutas, nueces y raíces- también obtienen agua del tronco de los árboles y la arrancan de las plantas. Del otro lado del mundo, el pueblo de los hopi en el sudoeste de los Estados Unidos vive en casas duraderas y frescas especialmente construidas de piedra y ladrillos de barro secados al sol. Pero los pueblos del desierto están cada vez más amenazados, a medida que la "civilización" va invadiendo sus tierras, y el desarrollo y los estilos de vida modernos van tomando la delantera a las culturas tradicionales. Corremos peligro de perder sus invalorables lecciones antes de que podamos aprenderlas. |
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| Fotos: PNUMA | ||||
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