|
||||
| C. Santos/PNUMA/Topham, D.A. Frans/PNUMA/Topham, PNUMA/Topham | J. Sullivan/PNUMA/Topham, K. Tanumitardja/PNUMA/Topham, B. Kreis/PNUMA/Topham, PNUMA/Topham |
|||
Dos de cada cinco personas sobre la Tierra -unos 2.500 millones de habitantes- están obligadas a vivir sin formas modernas de energía, recurriendo en vez de ello a la leña, el carbón vegetal, el estiércol animal y otras formas de "biomasa tradicional" para cocinar sus alimentos y calentar sus viviendas. Por lo general deben quemar este combustible en cocinas y fuegos abiertos, y el humo -un cóctel de sustancias químicas tóxicas- se arremolina alrededor de sus viviendas, trayendo enfermedades consigo. Cada año un millón de niños menores de cinco años de edad mueren a causa de respirar ese humo, lo mismo que muchos niños mayores y adultos. En Tanzania se encontró que es tres veces más probable que niños jóvenes que mueren de una infección respiratoria hayan dormido en una habitación con una cocina abierta que los niños sanos. Además, el uso de leña y estiércol contribuye a la deforestación y quita nutrientes de la tierra, todo lo cual conduce a la erosión del suelo, cosechas malogradas y aumento del hambre. Y sin embargo, cuanto más pobre es un país, tanto más sus habitantes se ven obligados a depender de estos combustibles, y por ende tanto más deben denudar su tierra, y más se enferman y mueren. En el otro lado de la vasta brecha de ingreso del mundo, una quinta parte de sus habitantes están usando y despilfarrando energía en forma tan derrochadora que no sólo están perjudicando su salud a través de la polución que causa enfermedades respiratorias, hasta están cambiando el clima que ha permitido a la humanidad florecer como una especie. La quema de petróleo, gas y carbón -que proveen cuatro quintas partes de la energía utilizada cada año- emite dióxido de carbono, la principal causa del calentamiento de la Tierra. Hay ahora más dióxido de carbono en la atmósfera que en cualquier momento en los últimos 650.000 años. No cabe duda: la Tierra se está calentando. Desde 1990 a esta parte han ocurrido los diez años más calurosos jamás registrados, y 2005 fue el año más caluroso acontecido jamás. En los decenios recientes, el casquete glaciar ártico se ha reducido en más de una cuarta parte y ha perdido la mitad de su grosor, mientras vastas barreras de hielo de la Antártida se han desintegrado, cambiando el perfil del Continente helado. Y hay inquietantes señales de que tanto el manto de hielo de Groenlandia como el de la Antártida Occidental está |
empezando a derretirse, un proceso que podría provocar un alza de los niveles del mar de casi 12 metros en todo el mundo, inundando tierras y ciudades costeras alrededor del globo. Los mares ya están subiendo dos veces más rápidamente que nunca antes en la historia humana, principalmente porque sus aguas están expandiendo en el calor, así como lo hacen los rieles del ferrocarril en verano. A medida que las olas van rompiéndose cada vez más alto en la playa, los habitantes de los atolones bajos en el Pacífico están preparándose para abandonar sus islas para siempre, antes de que se inunden y se tornen inhabitables. Cuando las temperaturas aumentan, así aumenta la cantidad de energía en el sistema meteorológico mundial, generando tormentas cada vez más violentas. El año pasado, la época de los huracanes en el Atlántico marcó un récord: envió tres de las seis tormentas más violentas a los Estados Unidos, entre ellas el Huracán Katrina que inundó la ciudad de Nueva Orleáns. Y a medida que la Tierra se va calentando también aumenta el peligro de un repentino cambio catastrófico, como por ejemplo una alteración de la corriente del Golfo que podría sumergir gran parte de Europa en un clima subártico, mientras el resto del mundo siga calentándose. Como si todo esto no bastara, los niveles en alza del dióxido de carbono emitido por la quema de combustibles fósiles también están envenenando los mares, a través de un proceso totalmente separado. Los océanos están absorbiendo mucho del dióxido de carbono y -por increíble que parezca- están convirtiéndose en ácido carbónico muy diluido. Su química está cambiando en maneras no vistas por 20 millones de años, y esto está matando el plancton, del cual depende toda vida marina. Es lo peor de ambos mundos energéticos. La pobreza energética y la riqueza energética -dos caras de la misma moneda- están causando un daño inmenso tanto a los pueblos como al planeta. Es imprescindible que los ricos reduzcan urgentemente la quema de combustibles fósiles, eliminen los despilfarros y ahorren la energía. Muchos expertos hacen un llamado a cuadruplicar sin demora el rendimiento energético. Es igualmente importante que los pueblos pobres incrementen su uso energético, sin desperdicio, para poder desarrollar el camino de salida de la pobreza. Hace mucho que ha vencido el plazo para una nueva revolución energética equitativa: energía moderna accesible para los pobres, alternativas a los combustibles fósiles para los ricos, y la lucha contra el calentamiento de la Tierra para todos. |
|||
| << Página anterior: Editorial | ||||
| Conexiones relacionadas: PNUMA - Themes: Energy PNUMA - Yearbook 2006 PNUMA - Energy Formato PDF |
||||