
¿Cuál es el consumo promedio de energía por persona en un país "desarrollado" y cómo se compara esto con el promedio en un país en desarrollo?
Cada persona en las 22 naciones
más ricas del mundo consume, como promedio, casi mil veces la cantidad de energía de la que consume una persona en los países menos desarrollados. En efecto, 1.600 millones de habitantes carecen de acceso a electricidad y 2.500 millones no pueden obtener combustibles modernos para cocinar y calefacción. Posibilitar a los pobres obtener la energía que necesitan -y superar en cierta medida la injusta brecha energética-
es esencial si hemos de erradicar la pobreza extrema y alcanzar las metas de desarrollo sostenible.
Si la energía renovable es la manera mejor y más efectiva de vivir sosteniblemente, ¿por qué es tan costosa?
La energía renovable proviene de fuentes reabastecidas naturalmente -lo cual sin duda es bueno para el bienestar de la Tierra- pero aprovecharla requiere innovación, que siempre resulta costosa. Por contraste, la tecnología para obtener nuestra energía de combustibles fósiles es relativamente simple, y nuestros sistemas para explotarlos están bien establecidos.
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Pero también es cierto que la energía renovable se volverá más barata a medida que vayamos aumentando las inversiones en ella e intensifiquemos la investigación y el desarrollo a largo plazo de nuevas tecnologías.
Dada la probabilidad de que los combustibles fósiles se agotarán y las naciones inevitablemente competirán por las últimas gotas, ¿qué planes se
han establecido para asegurar una transferencia estable a la economía de hidrógeno solar?
¡No estamos solamente compitiendo por los recursos de la Tierra, sino explotándolos implacablemente! De modo que también deberíamos preguntar si estamos compitiendo con el planeta mismo para nuestra supervivencia.
Es probable que una economía de hidrógeno solar sea más limpia, pero recién se encuentra en las etapas de desarrollo más tempranas. Es necesario que intensifiquemos y aumentemos el uso de recursos energéticos renovables como la energía solar, eólica, geotérmica y de biomasa, todas ellas menos contaminantes. Poco a poco el cambio se está produciendo, pero el ritmo y la dirección de la transición serán determinados no sólo por desarrollos tecnológicos sino por la manera en que las industrias, los gobiernos y la gente respondan a ellos. Entretanto, es necesario que todos hagamos los mayores esfuerzos posibles para usar menos energía y así mantener y mejorar los estilos de vida para todos.
¿Acaso las grandes empresas petroleras actualmente forman parte del problema o parte de la solución de la crisis energética?
Señalar con el dedo por cierto no ayuda; pero con los altos precios sin precedentes del petróleo, cabe esperar que las compañías energéticas están reinvirtiendo sus mayores ganancias en la búsqueda de nuevas tecnologías de energía renovable. Algunas de ellas en efecto están haciendo substanciales inversiones en la investigación y el desarrollo de fuentes renovables, desde el biogás, a través de la energía solar al hidrógeno. Esto tiene sentido, ya que de otro modo ellas a su vez sufrirán cuando el petróleo y el gas empiecen a agotarse. Por otra parte, los consumidores y los gobiernos también deben apoyar las políticas y las industrias que dedican sus recursos, su voluntad y su habilidad empresarial a tales inversiones.
El masivo crecimiento de algunos países asiáticos y otros en las dos últimas décadas ha aumentado la demanda de petróleo y otros combustibles fósiles. ¿Cómo pueden los países sopesar la sostenibilidad medioambiental y el imperativo de reducir
la pobreza mediante el crecimiento económico?
El acceso a energía no sólo ayuda al crecimiento económico y reduce la pobreza sino también es fundamental para lograr la educación universal, para habilitar a la mujer, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, y combatir enfermedades. Las economías de desarrollo acelerado con grandes poblaciones proveen un imperativo así como una gran oportunidad para buscar soluciones. Necesitamos un pacto de responsabilidad entre el mundo en desarrollo y el mundo desarrollado, para compartir y aprovechar la información, los conocimientos y las tecnologías disponibles, y crear iniciativas para oportunidades dirigidas hacia los renovables y hacer inversiones en tales iniciativas.
En algunos lugares, la gente usa aceite vegetal en vez de petróleo para cargar sus automóviles. Si este proceso está exento de emisiones, ¿por qué más gente no hace lo mismo? ¿Acaso hay algunas consecuencias negativas? ¿Sería posible cultivar suficiente maíz y otros cultivos para abastecer el mundo con la energía necesaria para el transporte?
El aceite vegetal es considerado como una opción alternativa más limpia, más segura y menos costosa que el petróleo. Emite menos dióxido de carbono y reduce las emisiones de dióxido de azufre -causa primordial de la lluvia ácida- en por lo menos la mitad. En efecto, el PNUMA y
la empresa DaimlerChrysler tienen un programa conjunto para desarrollar su uso como un combustible.
No obstante, no existe un solo combustible perfecto. El cultivo de una mayor cantidad de plantas para combustible puede interferir en las cosechas comerciales y de sustento para personas y ganado, creando una competencia intensa para las tierras cultivables. Y convertir tierra virgen en plantaciones puede causar serio daño a la biodiversidad. La verdad es que todos estamos aproximándonos a una era en la cual nuestras necesidades de combustible provendrán de una variedad de fuentes, desde los biocombustibles hasta la energía eólica
y de las olas, hasta la energía solar y de hidrógeno. |