lantas y animales, por supuesto, ¿pero cuántas veces pensamos en los bosques como hábitats para seres humanos? Sin embargo, millones de personas alrededor del mundo viven en bosques, con estilos de vida inextricablemente unidos con su medio ambiente. En efecto, se cree que muchas comunidades forestales en América Latina todavía no han tenido contacto alguno con el mundo exterior.

La mayoría de los pueblos de la selva son minorías autóctonas que viven en pequeñas comunidades muy unidas, y tienen mucho que enseñar al resto del mundo.

En el centro está el respeto. El pueblo bambuti del Congo se refiere al bosque como "madre" o "padre", y lo consideran sagrado: una deidad a la cual se recurre para pedir ayuda y para dar gracias. Los yanomami de Venezuela y Brasil creen que el mundo natural y el mundo espiritual son uno: los destinos de todos los pueblos y del medio ambiente están inexorablemente unidos. De manera que cuando la gente destruye el medio ambiente, la humanidad lentamente está cometiendo suicidio.

Las comunidades usan el bosque con restricción porque les proporciona lo que necesitan para satisfacer sus necesidades básicas: alimento, refugio, agua, medicinas, combustible y vestimenta. En Borneo, los penan cosechan la palmera de sagú, un árbol de crecimiento rápido cuyo tronco medular contiene gran cantidad de fécula para hacer harina. Unicamente se cortan los troncos más grandes; los retoños más pequeños se preservan cuidadosamente para cosechas futuras. En el idioma penan esto se llama molong, palabra que significa "nunca tomar más de lo necesario".

Cuando los pueblos haida de Canadá cortan un cedro colorado, la corteza se convierte en un material textil para confeccionar vestimenta, cuerdas y velas, y la madera se usa para fabricar piraguas, máscaras ceremoniales y cajas, y como material de construcción para construir casas comunales. Las ramas más pequeñas se usan para ahumar salmón.

Todo esto no es nada nuevo. Los descubrimientos arqueológicos demuestran que existía una población haida en Haida Gwai (las Islas Reina Carlota) a la costa occidental de Canadá 5.000 años atrás. Los archivos egipcios contienen referencias a pueblos que habitaban los bosques del Congo hace 4.500 años. Y los científicos hoy día sugieren que por lo menos un 10% de lo que con frecuencia se cree es selva amazónica pluvial virgen en efecto fue un bosque cuidadosamente plantado. Los pueblos que solían vivir en la región se habían concentrado en establecer un surtido diverso de árboles: para obtener frutos, nueces y palmas.

Pasar información es la clave para el éxito de un estilo de vida en el bosque. Tanto los pueblos bambuti y los bagyeli del Camerún dan la mayor importancia al relato de historias, la música, la danza y la pantomima para transmitir conocimientos culturales. Todos estos ofrecen oportunidades para enseñar a la próxima generación las maneras de los antepasados, mostrando a los niños cómo ellos hacían las cosas y cómo se hacen hoy día.

Muchos pueblos forestales nunca estuvieron totalmente aislados, y muchos de los que antaño solían estarlo ahora interactúan con el mundo exterior. La mayoría de los habitantes penan se han mudado a casas junto a los ríos, pero retornan regularmente al bosque para cazar. Los bambuti viven en el bosque pero comercian con las aldeas: proveyendo carne de animales forestales y miel, comprando mandioca y otros productos. Las relaciones entre la comunidad haida y el Gobierno canadiense se hallan afianzadas en el Acuerdo Haida, que autoriza al Consejo de la Nación Haida a representar a su pueblo al negociar con gobiernos provinciales y el gobierno federal en asuntos de tierras y recursos.

Pero, a fin de cuentas, es su aislamiento, su estado separado -espiritual, si no físico- lo que los hace más valiosos para el mundo.

 
      C.B. Hansen/PNUMA/Topham  
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