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Aún hoy, estos nogales son los árboles más altos en la selva, con frecuencia más altos que las ruinas de la antigua civilización. Pero en cierto momento después del colapso de la sociedad maya, la gente olvidó las nueces que cada año solían formar una alfombra en el tapiz vegetal, y sólo recurrían a ellas en tiempos de hambruna. En vez de ello cortaron los árboles para dar lugar a maizales, que producían mucho menos alimento en el mismo espacio de tierra. Pero ahora las nueces al fin están volviendo a ganar popularidad entre los modernos descendientes de los mayas, ofreciéndoles alimento y relativa prosperidad, al mismo tiempo de conservar el bosque. Todo empezó cuando una bióloga norteamericana, Erika Vohman, estaba trabajando con un habitante autóctono, recogiendo las nueces para los loros y monos de una organización de rescate de animales en Guatemala. Su acompañante le contó que sus antepasados solían comerlas y le preparó una deliciosa sopa de nueces. Al volver a su patria Erika Vohman descubrió que las nueces contienen más proteína y otros nutrientes que el maíz, el trigo o el arroz, y quedó "convencida de que debía volver e informar a los habitantes que viven en la selva de lo que se estaban privando". Erika Vohman comenzó su misión cinco años atrás en una aldea llamada La Bendición, llena de refugiados que no tenían alimentos ni cultivos. Una vez que les había explicado el valor de las nueces vivieron de ellas durante meses. Todas las familias en la aldea todavía las comen. Han plantado árboles nuevos y enseñaron a la gente de otras aldeas -principalmente mujeres- la manera de usar este valioso recurso. |
La mayoría de los árboles no talados se encuentran en las zonas más remotas, donde el hambre es mayor entre la gente. Producen nueces en tal abundancia que en apenas dos semanas, una familia fácilmente puede juntar una cantidad suficiente para sobrevivir un año entero. "Las mujeres quedaron estupefactas al descubrir que pueden comer algo que siempre habían considerado sólo como el suelo sobre el cual caminaban," dice Erika Vohman. "Recolectan las nueces para cocinarlas como las encuentran, o las secan y las muelen para hacer harina. En algunas partes ahora producen y venden productos de nuez ramón, como por ejemplo galletas." Erika Vohman calcula que el uso de la nuez ha sido introducido ahora entre los habitantes de más de 400 aldeas en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y México, pero encuentra "difícil mantener las cifras al día" ya que los aldeanos ahora están difundiendo sus conocimientos espontáneamente a otros. Muchos han establecido pequeños negocios para comercializar las nueces, ganando así algún dinero que les ayuda a aliviar su pobreza. El árbol no necesita plaguicidas ni fertilizantes, y además proporciona alimento para animales como cabras y ganado. Y dado que la gente poco a poco empieza a comprender su valor, ya no lo cortan, impidiendo con ello la deforestación y protegiendo el suelo y el agua. "Cabe esperar", dice Erika Vohman -quien ganó el Premio St Andrews 2006 para ampliar su trabajo- "que hemos redescubierto el árbol de la nuez ramón justo a tiempo." |
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