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La tala de árboles es un acto de autodestrucción. Dado que ellos regulan el clima y el suministro de agua, los árboles son absolutamente esenciales para el bienestar humano - ¡hasta para su supervivencia! Y sin embargo se encontraron entre las primeras víctimas de la civilización: más de 3.000 años atrás, los pueblos de una de sus cunas, Mesopotamia, cortaron sus árboles y la tierra no tardó en convertirse en un desierto. Hoy día, las naciones desarrolladas han perdido sus bosques en gran parte. A excepción de Rusia, apenas el 1% de la cobertura forestal de Europa sobrevive. Y el 95% de los bosques de la superficie continental de los Estados Unidos ha sido talado desde que los Europeos comenzaron a asentarse allí. Ahora, muchos países en desarrollo han sido despojados en forma similar. Países de Bangladesh a Haití, de Nigeria a Filipinas, de Tailandia a Côte d'Ivoire han perdido casi la totalidad de sus bosques. Y actualmente el desmonte está sucediendo más aceleradamente en los trópicos, donde se halla situada la mayor parte de los países en desarrollo. Y sin embargo, tenemos necesidad de los árboles hoy más que nunca. Más de 2.000 millones de habitantes hoy día dependen de cuencas boscosas para su agua potable. Los árboles regulan eficazmente su suministro, interceptando las lluvias y permitiendo que el agua se filtre a las aguas subterráneas y alimente a ríos y arroyos. También unen el suelo a la tierra. Cuando se cortan, la tierra queda expuesta y es barrida de las colinas por la lluvia. El rendimiento de los cultivos disminuye. Y en vez de ser almacenada y soltada regularmente, el agua se precipita en torrente por las laderas desnudas, causando inundaciones seguidas por escasez. La capa arable erosionada del suelo cubre el lecho de los ríos, aumentando la posibilidad de que los torrentes causen su desbordamiento. El nivel del Río Amarillo de China subió de esta manera a tal punto que ahora fluye 3 a 10 metros por encima de las tierras circundantes a medida que se va acercando al mar. El cieno también se amontona detrás de los diques, lo cual acorta drásticamente su vida útil. Y más importante aún, los bosques constituyen un freno vital para el calentamiento de la Tierra: se cree que absorben un tercio de todas las emisiones de dióxido de carbono de la humanidad, la principal causa del cambio climático. Al cortarlos para aprovechar su madera se suelta el freno. Quemarlos equivale a poner el pie sobre el acelerador, liberando así aún mayores cantidades del gas a la atmósfera. Podemos reducir estos efectos plantando árboles, práctica que está aumentando alrededor del mundo. Cada año se están reforestando alrededor de 57.000 kilómetros cuadrados en esta forma, lo cual reduce la pérdida total a 73.000 kilómetros cuadrados, equivalente al tamaño de Sierra Leona o Panamá. Mas por lo general el replante de bosques no reemplaza igual por igual. Lo que se corta normalmente es bosque rico, antiguo, que en todas partes del mundo es hábitat de más de la mitad de las especies sobre la Tierra. Un mero trozo de bosque de lluvia tropical de 1.000 hectáreas, por ejemplo, podría contener hasta 1.500 especies de plantas de floración, 740 tipos de árboles, 400 clases de aves, 100 de reptiles, 60 tipos de anfibios y 150 tipos de mariposas. Los insectos en general son demasiado numerosos para poder contarlos. Esta impresionante diversidad por lo general es reemplazada por vastos tractos regimentados de una o dos especies de árboles, y poca fauna y flora silvestres. El efecto es incalculable, sobre la red de vida del mundo, sobre la desaparición de especies que hubieran podido proveer importantes alimentos y medicinas nuevas, y el efecto sobre los habitantes locales, que dependen de la riqueza de los bosques para más de una quinta parte de su escaso ingreso. Es mucho mejor dejar el antiguo bosque sin tocar. Un país, el pequeño reino de Bhután en el Himalaya, ha mostrado el camino. Midiendo su éxito por "Felicidad Nacional Bruta" más bien que por "Producto Nacional Bruto" decidió, hace más de 30 años atrás, que el 60% de su superficie siempre debería quedar cubierto de bosques. En efecto, actualmente el 74% del país está cubierto de árboles, lo cual lo convierte en el último trozo verde en esta cadena de montañas cada vez más yerma. Es un ejemplo para inspirar -y avergonzar- al resto del mundo. |
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| J. Burton/PNUMA/Topham | ||||
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