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HUMO y fuego |
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evalúa los devastadores efectos del humo de las cocinas sobre la salud de la gente pobre en los países en desarrollo. |
| Las concentraciones de contaminantes atmosféricos perjudiciales para la salud tienden a ser más altas en lugares cerrados en los países en desarrollo, contrario a la creencia común de que esto es ante todo un fenómeno urbano asociado con los vehículos motorizados y las industrias. Una gran proporción de los hogares en países en desarrollo dependen de combustibles de biomasa leña, estiércol y residuos de sus cultivos para cocinar y calentar sus viviendas. Como resultado, unos 3.500 millones de personas, en su mayoría residentes en zonas rurales, están expuestas a altos niveles de contaminantes atmosféricos en sus casas. El Banco Mundial ha designado esto como uno de los cuatro problemas ambientales más críticos de los países en desarrollo.
A medida que las sociedades van modernizándose, los hogares suben un peldaño en la escalera energética a los combustibles líquidos o gaseosos más limpios y, en algunos casos, la electricidad para cocinar. Se proyecta que el uso de los combustibles de biomasa irá disminuyendo lentamente en general, pero continuarán siendo la primera fuente de energía doméstica en gran parte del mundo en desarrollo durante el futuro previsible: según algunos estimados, en algunas regiones pobres, la dependencia de estos combustibles en efecto podría haber aumentado en fecha reciente. Los ambientes dedicados a cocinar tienden a estar mal ventilados en muchas viviendas de los países en desarrollo, que en su mayoría no tienen una cocina separada. La vida se desarrolla en torno al lugar en que se cocinan las comidas, y las mujeres pasan gran parte de su tiempo allí. Las cocinas en su mayoría son muy primitivas con frecuencia nada más que un hoyo o tres ladrillos y queman los biocombustibles de manera ineficiente. Así, los habitantes, y las mujeres y los niños pequeños en especial, tienden a estar expuestos a altos niveles de humo de cocinas, que exceden con mucho los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
Este humo de biomasa contiene muchos componentes nocivos, incluso partículas respirables en suspensión, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, formaldehido, e hidrocarburos poliaromáticos tales como benzo(a)pirina. Altas exposiciones a estos componentes pueden afectar el sistema respiratorio, los ojos, y las respuestas del sistema inmune, y aumentar la susceptibilidad a las infecciones y las enfermedades. Se los ha vinculado con serios problemas de salud, incluso tuberculosis, infecciones respiratorias agudas, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cor pulmonale, y cáncer del pulmón y se asocian con asma, ceguera, anemia, y resultados adversos del embarazo como peso bajo al nacer y mortalidad perinatal.
Hay suficientes pruebas que sugieren que el humo de cocina ejerce muchos efectos sobre la salud, aún si su rol en la transición epidemiológica no se comprende totalmente. Según un estimado reciente, la quema de combustibles domésticos sólidos da cuenta de unos 2,5 millones de muertes prematuras cada año alrededor de 6-7% de la carga mundial de enfermedad, y considerablemente más que la proporción debida a la contaminación atmosférica ambiental urbana. En general, se ha estimado que 25-33% de la carga mundial de enfermedad puede atribuirse a factores de peligro ambiental. Un estudio reciente coloca el uso de combustibles sólidos sin procesar para cocinar y calentar las viviendas en el tercer lugar más importante entre estos factores, después de la desnutrición y del agua/higiene/saneamiento, causante de discapacidad y muerte en los países en desarrollo. La opción es clara. Es posible salvar millones de vidas humanas y evitar gran cantidad de mala salud en los países mediante la reducción de los niveles de contaminación en lugares cerrados del humo causado por cocinas y estufas. Tal vez la opción política a largo plazo más obvia consiste en promocionar un cambio de los combustibles de biomasa a los combustibles más limpios. Otras incluyen fomentar viviendas mejores y cambiar la conducta mediante programas de educación sobre los efectos adversos de la exposición al humo de las cocinas. Empero, a corto plazo, la falta de disponibilidad de infraestructura y combustibles alternativos y de la capacidad de la gente para pagarlos podría hacer imposible un cambio de los biocombustibles. Una política más práctica consistiría en promocionar cocinas mejoradas. Hace falta proveer cocinas y estufas de bajo costo que queman biomasa de bajo consumo de combustible, producen menos humo, provistas de tiros o campanas diseñadas para evitar el escape de contaminantes al interior de la habitación. Pero será necesario adoptar un enfoque asequible y sostenible que dé alta prioridad a las necesidades locales y a la participación comunitaria si semejante programa ha de resultar efectivo. El Dr. Vinod Mishra es Líder del Area de Temática de Conducta y Salud, y Miembro del Cuerpo Docente, Estudios de Población y Salud, East-West Center, Honolulu, Hawaii. |
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