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Seguro Y SOSTENIBLE |
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esboza una estrategia para encarar los retos enérgicos en un mundo cambiante. |
| La Unión Europea (UE) debe enfrentar numerosos retos en el sector de la energía, entre los cuales el suministro energético sin duda constituye el más importante de todos. A fines del año 2000, la Comisión Europea publicó un Libro Verde sobre el asunto, que fue un peldaño en el camino para un debate franco sobre la política energética. Dicho debate, que aún continúa, implica a todos los actores europeos, no únicamente a los proveedores de la energía y la industria energética, sino igualmente a los consumidores y los sectores no energéticos, tales como los encargados de formular las políticas, ya sean europeos o no.
El Libro Verde parte de una innegable realidad: la UE depende particularmente del exterior para su suministro energético, en una proporción de casi 50%. Por otra parte, los expertos pronostican un aumento de esta dependencia de hasta un 70% para 2020-2030. Y esta situación sería agravada aún más dentro del contexto de la expansión, dado que la UE se verá enfrentada con una creciente demanda, una creciente dependencia en cuanto a los combustibles importados, además de la dificultad de controlar las emisiones de gases de efecto invernadero.
Ante todo, demuestra que un enfoque proactivo hacia la economía energética es la etapa primera y crucial que permitirá desarrollar una política de provisión energética sostenible. En los transportes, que dependen del petróleo en casi un 100%, un mejor control de la demanda puede servir para reducir la dependencia masiva de los combustibles fósiles. Tal como en el caso de los edificios, una utilización más racional y eficiente de la energía llevará a reducciones inmediatas de las emisiones de gas de efecto invernadero. La economía energética es uno de los pilares de un suministro energético sostenible. El segundo pilar se sitúa al nivel de la política europea de apertura de los mercados interiores de energía y gas. La adopción de las directivas para la electricidad y el gas y su implementación dentro de los derechos nacionales han permitido hacer grandes avances en cuanto a la apertura de los mercados a la competencia. No obstante, aún existen ciertos obstáculos y mucho queda por hacer para garantizar el funcionamiento óptimo del mercado único y lograr un mercado armonizado, más bien que la yuxtaposición de 15 mercados liberalizados. Es dentro de estas miras que, en marzo 2001, la Comisión ha propuesto un nuevo paquete de medidas encaminadas al logro del mercado interior de la energía, que prevé abrir el mercado para todos los clientes industriales en 2003 en el sector eléctrico y en 2004 en el sector del gas, y para todos los clientes residenciales en 2005. Mas esta apertura deberá efectuarse dentro de un contexto de competencia regulada. En particular, será cuestión de que los Estados miembro designen un organismo encargado del control activo del mercado, es decir, el equilibrio entre la oferta y la demanda, los pronósticos de evolución, las perspectivas o los trabajos de construcción de capacidades complementarias, y el grado de competencia en el mercado. En efecto, es esencial para nosotros que la liberalización no se realice en detrimento de la seguridad del suministro y del servicio público. El tercer instrumento indispensable para un suministro sostenible de la energía es la tecnología. Hoy día existe toda una gama de tecnologías para una producción energética y una utilización más racional y eficiente de energía. La enorme expansión de la industria de energía eólica europea en el curso de los últimos diez años es un ejemplo prometedor que las otras industrias renovables harían bien en seguir. De igual modo, las empresas europeas son líderes mundiales en las tecnologías menos contaminantes del carbón. Dichas tecnologías pueden reducir en la mitad las emisiones de las centrales que utilizan carbón. La industria en el mundo entero puede beneficiarse con nuestra innovación. En lo que a las tecnologías nucleares se refiere, la UE continuará persiguiendo la investigación tecnológica para proveer las más altas normas de seguridad y la mejor gestión posible de los desechos radioactivos.
Pues a mi parecer, la energía nuclear es indispensable para la seguridad futura del suministro europeo. No sólo constituye un elemento importante para la diversificación de nuestro suministro, sino también nos permite evitar cientos de millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Así pues, a mi modo de ver, para la realización de nuestros objetivos de Kioto resulta esencial mantener abierta esta opción.
Desde nuestra reunión en noviembre 2001 con el Presidente Putin, hemos identificado numerosas medidas específicas a corto plazo e importantes temas que merecen un examen detenido más adelante.
Paralelamente, también esperamos favorecer la colaboración con nuestros socios en el Sur del Mediterráneo, en América Latina, en Africa, en la Región del Mar Caspio y en Asia.
En primer lugar me referiré a los acontecimientos geopolíticos. El 11 de septiembre de 2001 marcó el comienzo de una nueva etapa en las relaciones internacionales. Las incertidumbres debidas al ataque terrorista en los Estados Unidos y la respuesta que siguió al mismo ejercerán un impacto no sólo sobre las regiones afectadas directamente, sino sobre el mundo entero. El impacto sobre los mercados energéticos dista mucho de ser claro, tal como lo demuestran ampliamente las recientes variaciones del precio del petróleo. En segundo lugar, las orientaciones de la demanda energética conllevan consecuencias para todos nosotros. Las presiones mundiales en materia de las reservas globales de combustibles fósiles limitadas arriesgan crear dificultades para las generaciones futuras. Por ejemplo, tomemos la explotación del carbón. En ciertos países, el carbón es el combustible favorito para la producción de electricidad. La tecnología para una utilización más racional del carbón como generador de electricidad ya existe. ¿Acaso estamos dispuestos a efectuar las considerables inversiones necesarias para beneficiarnos de ellas? El cambio climático así lo exige. En cuanto a los recursos de petróleo, el problema no ha cambiado: todos los países demandan un mejor nivel de vida, en el cual el petróleo es cada vez más solicitado, en particular para el transporte y la electricidad. ¿Pero cómo podemos satisfacer las necesidades sin al mismo tiempo acelerar el cambio climático y poner en peligro la seguridad del suministro?
En cuanto concierne a la electricidad, la generación nuclear de poca emisión de gases de efecto invernadero aparentemente es atractiva, pero es necesario que mantenga los más altos niveles en materias de seguridad y gestión de los desechos. Esto es una necesidad urgente.
Cada una de nuestras regiones tiene mucho que ofrecer. Pero el problema energético es un problema mundial que exige respuestas mundiales. Es urgente abordar el debate de frente, cara a cara a las realidades del presente. Más allá de las discusiones regionales, hace falta emprender un diálogo fructífero al nivel mundial. Unicamente semejante diálogo global permitirá mantener un desarrollo sostenible y asegurar a las próximas generaciones un porvenir para nuestro planeta. Loyola de Palacio es Vicepresidenta de la Comisión Europea, a cargo de Transporte y Energía. |
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