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Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo del PNUMA |
| En este Año Internacional de las Montañas, quisiera compartir con los lectores la notable historia del pueblo autóctono de los Andes que, a través de 3.000 años, ha desarrollado un método de cultivo único que no sólo respeta el medio ambiente pero al mismo tiempo ayuda a producir rendimientos extraordinarios.
A los ojos del mundo desarrollado, el waru-waru un sistema de terrazas, canales y campos elevados podrá aparecer primitivo. Pero ha permitido a los pueblos autóctonos producir papas y quinua a grandes altitudes frente a inundaciones, sequías y severas heladas. Los canales, llenos de agua, permiten que la humedad se filtre a través de los campos. Y durante las inundaciones ayudan a que el exceso de agua se escurra. El agua en los canales absorbe la luz del sol durante el día, de noche irradiándolo de vuelta a los campos elevados para proteger los cultivos de la helada. Los campos pueden ser varios grados más cálidos de noche que la zona alrededor. Entretanto, el sistema mantiene la fertilidad del suelo. Las materias orgánicas, el légamo y las algas se acumulan en los canales y se extraen como fertilizante. Los estudios indican que las papas, cultivadas en este sistema de agricultura tradicional, rinden alrededor de 10 toneladas por hectárea, comparadas con el promedio regional de 1 a 4 toneladas. Esto pone de relieve cómo la humanidad puede desarrollar, y ha desarrollado, una estrecha relación con la naturaleza y, más específicamente, con las montañas del mundo. Lamentablemente, este tipo de armonía, este modelo de desarrollo sostenible, está volviéndose cada vez más raro a medida que la cultura y las pautas de consumo excesivo del mundo desarrollado exterminan antiguas culturas, idiomas, tradiciones, conocimientos y estilos de vida autóctonos.
Mientras tanto, el turismo intenso, la urbanización y la contaminación están haciendo lo suyo para contribuir a esta destrucción. Y en ninguna parte esto es más evidente que en las montañas.
En el Himalaya, temperaturas en alza asociadas con el calentamiento de la Tierra y la quema de combustibles fósiles están derritiendo los glaciares a una velocidad que hace esperar inevitables eventos catastróficos próximos. Estudios llevados a cabo por el PNUMA y diversos científicos con el Centro internacional para la ordenación integrada de las montañas han establecido con exactitud casi 50 lagos glaciales en Nepal y Bhután que están llenándose de agua con tal rapidez que amenazan con desbordar sus riberas dentro de menos de cinco años, enviando millones de galones de crecida a los valles. Inmuebles, solares, instalaciones hidroeléctricas, caminos, senderos y puentes están en peligro, así como vidas humanas. Esto es un ejemplo de las capacidades de alerta temprana y de ciencia desarrolladas por el PNUMA, fundamentales para nuestro trabajo. Pero semejantes valoraciones de nada valen si los gobiernos, la industria y el público general dejan de actuar, tanto para proteger a quienes están en riesgo como decidirse a tratar las causas que se hallan en la raíz de los problemas.
Abusamos de nuestras montañas por nuestra cuenta y riesgo. Las montañas pueden reaccionar a la insensatez humana con horrendas consecuencias. Y a menos que se conserven intactas, arriesgamos sequías y escaseces de agua. Son las torres de agua del mundo de las cuales emanan los ríos y las aguas dulces de las cuales depende la vida humana.
Ciudades como ésta han ayudado a China a crear expansión económica sin un aumento paralelo de emisiones de gases de efecto invernadero. De modo que estamos encantados de estar en China y ver de primera mano cómo su pueblo está esforzándose por alcanzar la meta de un desarrollo sostenible que estará en el meollo de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible a celebrarse en Johannesburgo en septiembre. Diez años después de la Cumbre de Río de Janeiro, es necesario que hagamos un inventario y tracemos un nuevo curso para el planeta Tierra, que respete a los pueblos de todas las culturas y todas las religiones, y que respete al medio ambiente desde las cumbres hasta los mares. Ha llegado la hora de convertir en realidad la promesa de Río de Janeiro, de manera que podamos volver a mirar las montañas con respeto reverencial más bien que con temor e inquietud.
Este número de Nuestro Planeta incluye la participación de Aveda, la empresa mundial de cosméticos, que ha integrado la responsabilidad medioambiental a sus negocios y recientemente hizo una generosa donación de 500.000 dólares para un proyecto apoyado por el PNUMA que vincula la conservación y el turismo en algunos de los ambientes más hermosos, pero frágiles, del mundo. |
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