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Por un SENDERO EMPINADO |
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traza la historia del interés en torno a las montañas y ofrece perspectivas para su presente y su futuro. |
| Como era apropiado, las montañas y el ecoturismo han recibido la designación de un Año Internacional de las Naciones Unidas. Para ambos, esto representa un importante reto. Para el ecoturismo, señala la urgente necesidad de sensibilizar la industria turística hacia el bienestar de los montañeses y su medio ambiente. Para las montañas, después de haber permanecido entre bastidores con anterioridad a la Cumbre para la Tierra de 1992, representa su transferencia en espacio de apenas una década a primer plano en la agenda política mundial. Esto se refleja en la creciente atención dada por los medios de información, a menudo con énfasis en una nota de crisis y destrucción ecológica.
A medida que las regiones montañesas fueron haciéndose más accesibles, se han visto gradualmente inundadas por el turismo en masa, que se tiene por la industria de más rápido crecimiento en el mundo. El incremento en la cobertura en los medios de los impactos del turismo así como de la creciente difusión de la nueva mundialización de las regiones montañesas más remotas ha resultado en ideas falsas y tergiversaciones de los problemas con que se enfrentan las montañas y sus poblaciones en extremo diversas. El Año Internacional de las Montañas debe aclarar los problemas y establecer los fundamentos para un desarrollo y una conservación más efectivos. El Año Internacional del Ecoturismo debe avanzar hacia un equilibrio más apropiado entre las iniciativas económicas y las aspiraciones de los pueblos predominantemente pobres que habitan las montañas. Las montañas ocupan alrededor del 20% de la superficie de tierra firme del mundo y albergan a alrededor del 10% de sus habitantes. Se elevan en todos los Continentes y se extienden del ecuador casi hasta los polos, desde las costas húmedas hasta el interior seco. Abarcan una amplia gama de microclimas y ecosistemas: selvas pluviales monzónicas, cinturones de bosques templados hasta el límite superior de la vegetación arbórea, praderas, estepas, desiertos, prados alpinos, tundra, roca desnuda, glaciares y las nieves permanentes. Los procesos climáticos mundiales, regionales y locales son influenciados por la altitud. Más de la mitad de nuestra agua dulce tiene su origen en las montañas. Se las ha llamado las torres de agua del mundo. Hasta la última década, con frecuencia se las consideraba como dominio exclusivo de los alpinistas y turistas especialmente los entusiastas de los deportes de invierno y los trekkers en la estación más cálida y de un número relativamente más pequeño de científicos. Los pueblos que vivían y ganaban su sustento en las montañas en general solían ignorarse. Tratemos de imaginar los paisajes montañeses de hace 30 o 40 años. Sus características físicas, junto con su relativa inaccesibilidad y la lejanía de la corriente dominante de la sociedad mundial, evocan visiones de un paisaje indestructible, escarpado, hostil para la mayoría de las actividades humanas, y por ende, un paisaje falto de interés general. Y sin embargo, esas mismas características han conducido a una biodiversidad sin paralelo y una parte correspondientemente grande de la diversidad cultural del mundo. Y la diversidad biológica únicamente puede ser conservada cuando se da la misma atención a la diversidad cultural. Para los años 1970 y 1980 la conciencia estaba aumentando, inicialmente respecto a la preservación de los Alpes y la necesidad de evitar una inminente catástrofe ambiental que enfrentaba al Himalaya. En los Alpes, el crecimiento incontrolado del turismo amenazaba la belleza del paisaje montañés tradicional. En el Himalaya, se asumía que la deforestación masiva era causada por así-llamados agricultores montañeses de subsistencia ignorantes. El rápido aumento de la población (al 2,7% anual en Nepal, por ejemplo) y su dependencia de los bosques para materiales de construcción, combustibles y forraje, así como de más tierras para extender las terrazas agrícolas supuestamente inestables, llevaron a la asunción de que el inminente colapso ecológico percibido se debía enteramente al uso imprudente de la tierra de los pobladores autóctonos. Existía la amplia creencia de que la aceleración de los deslizamientos de tierra y la erosión del suelo, influenciados por gravedad y lluvias monzónicas torrenciales, causaban atarcamientos corriente abajo y un incremento en las inundaciones en la India y Bangladesh, añadiendo el potencial de serios conflictos internacionales a la amenaza ecológica. Ello no obstante, el interés en las montañas, si bien estaba aumentando, continuó siendo muy limitado hasta el año 1992.
¿Por qué, hace tan sólo 10 a 20 años atrás, no se les concedió un lugar más prominente a las montañas en la agenda política mundial? La desertificación, la invasión de las selvas tropicales en el Amazonas, en Africa Occidental y Asia Sudoriental, los océanos, las zonas húmedas amenazadas, la Antártica todos tenían sus activistas empeñados. Por otra parte, también se desarrolló preocupación respecto a la contaminación atmosférica, los agujeros en el ozono, el calentamiento del clima, el alza de los niveles del mar todos ellos amenazas para la civilización occidental.
El establecimiento de MAB-6 fue un momento crucial. Condujo al proyecto de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) sobre Sistemas Interactivos Tierras Altas-Tierras Bajas (1978), la fundación de la Sociedad Montañesa Internacional (1980), la revista trimestral Mountain Research and Development (1981), y el establecimiento del Centro internacional para la ordenación integrada de las montañas (ICIMOD) en Katmandú (1983). Gradualmente, el trabajo de la UNU sobre las montañas demostró la excesiva simplificación y hasta los peligros de la opinión popular de la catástrofe ambiental y sus causas en el Himalaya. Poco a poco fue reconociéndose que los pueblos montañeses minoritarios no eran el problema, sino una parte esencial de la solución o las soluciones. También se reconoció que la mayoría de los agricultores en el Himalaya eran mujeres y que era necesario no ahorrar esfuerzos para incluirlas en la adopción de decisiones.
¿Cuáles son los problemas con que se enfrentan las montañas del mundo? El uso excesivo o el despilfarro de los recursos naturales agua, bosques, praderas y minerales puede llevar a la erosión de los suelos, contaminación del agua y del aire, y a daños aguas abajo. Esto es especialmente serio en las escarpadas laderas de los paisajes montañosos. El turismo masiva no regulado también puede llevar a degradación ambiental, pérdida de biodiversidad, disrupción de las culturas montañesas, y un mayor sentido de privación entre muchos pueblos montañeses pobres. Estos temas aparecen en los titulares de la prensa, pero a menudo se presentan con exagerado dramatismo. Con harta frecuencia, como en el caso del Himalaya, las causas se interpretan mal, se simplifican en exceso o hasta se falsifican.
Todo el complejo de los problemas en torno a las montañas se ha visto exacerbado aún por la aparente falta de voluntad al menos hasta hace poco, especialmente después del 11 de septiembre de 2001 de dar publicidad al proceso singular más devastador que está ocurriendo en las montañas: la guerra en todas sus formas conflicto armado convencional, insurgencias guerrilleras, guerras de las drogas, terrorismo. El maltrato de los pueblos montañeses ha aumentado de forma considerable el número de refugiados internos e internacionales. Jacques Diouf, el Director General de la FAO, ha destacado que de las 27 guerras actuales, 23 se desarrollan en regiones montañosas. Esta carga desproporcionada soportada por las montañas y sus habitantes señala un desastre real y sin precedentes: humano, económico, ambiental, y político. Con frecuencia, los gobiernos centrales victimizan a los pueblos montañeses, por lo general minorías étnicas. A menudo se los culpa de degradación catastrófica, y las burocracias de los países bajos imponen reglamentaciones tales como la prohibición de tala. Esto no puede llevar a soluciones exitosas, y podría agravar la pobreza de los pueblos montañeses y generar aún mayor descontento.
Hace falta examinar cada uno de los numerosos problemas, sus causas, y sus soluciones potenciales, cordillera por cordillera, valle por valle. Este enfoque podrá parecer demasiado académico e imparcial, sobre todo para las grandes burocracias donantes. Pero la alternativa la búsqueda de una panacea simple, típica de tantos esfuerzos anteriores podría ser mucho más costosa, y probablemente contraproducente.
El Profesor Jack D. Ives es Consejero Superior sobre Montañas para la Universidad de las Naciones Unidas y Profesor Honorario de Investigaciones, Carlton University, Ottawa, Canadá. |
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