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Confiriendo poder A LOS POBRES |
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describe el trabajo de la Convención de las Naciones Unidas para combatir la desertificación para tratar una de las serias amenazas con que se enfrentan algunos de los pueblos más pobres del mundo, a través de un instrumento legal internacional. |
| La desertificación -la degradación del suelo a condiciones desérticas- amenaza reducir las tierras cultivables en una quinta parte en América del Sur, un tercio en Asia y dos tercios en Africa. Muchos de los habitantes más pobres de estos tres Continentes se enfrentarán con aún mayor inseguridad alimentaria, más desnutrición y enfermedades, hasta verse forzados a abandonar sus hogares para sobrevivir.
La pobreza es una de las causas centrales de la desertificación, ya que obliga a la gente a explotar excesivamente la tierra para obtener alimentos, energía, vivienda y algún ingreso. Las prácticas insostenibles de uso de la tierra han perturbado enormemente el ciclo vital de autorestauración de las tierras secas del mundo.
La Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación (UNCCD), que entró en vigor en 1996, es el único instrumento legal internacional que se ocupa específicamente de esta amenaza. Promueve un enfoque holístico, teniendo en cuenta todos los intrincados aspectos sociales y económicos del proceso.
En octubre de 2002, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) designó la degradación de la tierra como su quinto campo fundamental a fin de asegurar que los Programas de Acción contasen con recursos suficientes. Esto dará un impulso crítico al desarrollo rural sostenible -- la implementación de la Convención se ha visto obstaculizada y retrasada durante muchos años por la falta de recursos financieros previsibles. Por otra parte, los países industrializados proveerán recursos financieros sustanciales y otras formas de apoyo, incluso subvenciones y préstamos con descuento, tanto a través de canales bilaterales como multilaterales. Al mismo tiempo, los países en desarrollo afectados adjudicarán recursos adecuados a estas actividades, según sus circunstancias y capacidades.
La Convención sólo puede ponerse en práctica -y beneficiar a los más pobres- si es basada en el principio de colaboración. Por lo tanto, aboga por el espíritu de una colaboración de ambas partes entre todos los interesados. Unicamente será posible ganar la lucha contra la desertificación si los países en desarrollo afectados y la comunidad donante unen esfuerzos y se respetan unos a otros como aliados. Por ende, será preciso definir los programas y las prioridades conjuntamente, a fin de asegurar una coordinación eficiente, más equitativa y democrática -- y para evitar duplicación.
Hama Arba Diallo es Secretario Ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación. |
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