Impulsando
el multilateralismo

 
Bagher Asadi
dice que un enfoque internacional puede solucionar las diferencias entre países desarrollados y en desarrollo en torno a la energía, los cambios climáticos y el desarrollo sostenible, y construir un futuro sostenible.

El rol de la energía en la vida económica de las sociedades, particularmente en tiempos modernos, se halla establecido más allá de cualquier discusión, ya sea académica o de otra índole. En nuestro tiempo, la energía ocupa un rol central en casi todas las actividades económicas en todas las sociedades, si bien es cierto en diversos grados, según el nivel de industrialización y sofisticación tecnológica. Aparte del atractivo de sentimientos puramente nostálgicos por los fáciles y simples modos de vida de un pasado pre-moderno, nosotros – no importa en cuál extremo de la división de desarrollo nos encontremos – consideramos la energía como un ingrediente irreemplazable para las actividades económicas/industriales de nuestras sociedades. En el mundo desarrollado, es necesaria para mantener funcionando el complejo industrial/tecnológico, y para mantener y seguir fomentando el avance del modo de vida ya alcanzado. En el mundo en desarrollo, la historia es muy diferente.

El rol primordial de la energía en la vida económica de las sociedades no es más que un aspecto – si bien importante – de un panorama mucho más vasto. Unas pocas décadas atrás, las economías energéticas únicamente se ocupaban de conceptos fundamentales como precios competitivos, suministro y demanda y, en general, asuntos relacionados con el mercado. Como estudiante graduado en economía en una universidad norteamericana a mediados de los años 1970, no recuerdo haber oído las palabras “medio ambiente” siquiera una sola vez dentro de un contexto de energía.

Un cambio sustancial
Hoy día, las cosas son muy diferentes. El paradigma ha cambiado, y el cambio es sustancial. La cuestión que ahora nos confronta no es meramente que la producción y el uso de energía ejercen impactos medioambientales. Esto va sin decir. En vez de ello, el problema – así como en otros asuntos de importancia e impacto mundial – ha asumido dimensiones más complejas. Las actuales pautas de producción y uso de energía, en particular de los combustibles fósiles – considerados como altamente contaminantes – se caracterizan como perjudiciales para el medio ambiente, poco saludables, y por ende insostenibles. Este tipo de mensaje es escuchado por una importante parte del mundo industrial, desarrollado. Dados sus medios económicos/industriales y su habilidad política, sin mencionar su influencia internacional/multilateral, ha logrado bastante éxito en avanzar sus ideas verdes limpias y en colocarlos efectivamente en la agenda mundial. Me apresuro a destacar que nada hay de malo en esto per se.
Esta incidencia negativa no debe ser a costa del mundo en desarrollo
Por el otro lado, para el mundo en desarrollo la energía es ante todo una cuestión de “desarrollo”. Constituye un asunto fundamental para el desarrollo económico y social. Personalmente, me inclino a pensar que debería ahora ser bastante axiomático que el desarrollo se produce a través de la expansión, la cual a su vez depende de un nivel más alto de actividad económica y por consiguiente de un inevitable incremento en el uso de energía.

Por lo tanto, la energía es fundamental para el crecimiento económico y el desarrollo, y para la perspectiva de una vida mejor para los ciudadanos de las sociedades en desarrollo. Al propio tiempo, sin embargo, se lo considera perjudicial para el medio ambiente y para un desarrollo sostenible del planeta. Representa un verdadero aprieto para estos países, que abarcan casi dos tercios de la población total del mundo. Y, como nos recuerdan las estadísticas, 2.000 millones de habitantes, principalmente en sociedades en desarrollo, actualmente carecen de acceso a servicios energéticos modernos, sobre todo electricidad. Desde luego, esto es sino una medida de la falta de desarrollo, o subdesarrollo, en la mayor parte de la comunidad mundial.

Hechos y cifras
Esa dicotomía es uno de los aspectos del panorama energético. Otro, igualmente importante, se relaciona con hechos y cifras, e incluye investigación científica y datos concretos. La ciencia y los pronósticos económicos nos dicen mucho sobre los parámetros del panorama energético y sobre cómo ha venido desarrollando, y continuará desarrollando, a una escala mundial, incluso en el mundo desarrollado y en desarrollo. En un nivel, debemos contar con el hecho de que el uso de energía da cuenta de más de dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero que fueran tema del Protocolo de Kioto. Y en otro, como destaca el Tercer Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos, las tasas anuales de incremento del uso de energía primaria fueron de 1,6% para los países desarrollados entre 1990 y 1998, y 2,3 a 5,5% para los países en desarrollo. Todo indica que la demanda de energía en los países en desarrollo seguirá aumentando y que los combustibles fósiles con probabilidad serán los medios principales para satisfacer sus necesidades. El mismo Informe también revela que los países desarrollados fueron responsables de más del 50% de las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con la energía en 1998, clara medida de sus pautas insostenibles de producción, consumo y distribución de energía.

Tareas y retos
Estos hechos y cifras señalan claramente hacia pautas y tendencias mundiales insostenibles que evidentemente no pronostican un futuro color rosa. Pero esta incidencia negativa contra una situación futura bastante sombría no debe ser a costa del mundo en desarrollo. No sería razonable esperar que sus países renuncien a un muy necesario desarrollo económico y un desarrollo largamente esperado debido a los peligros planteados por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Lo que deben tratar estas sociedades – y, más exactamente, en sus políticas – es mucho más inmediato y más cercano. Las demandas en constante aumento de poblaciones aparentemente difíciles de controlar, con todas sus inherentes ramificaciones socio-políticas, plantean tareas y retos inmediatos mucho más formidables dentro de los países mismos. Frente a la dura realidad del subdesarrollo – y todos sus males asociados, especialmente la deshumanizante miseria –, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para muchos dentro de una sociedad en desarrollo podría parecer un lujo más que una necesidad apremiante.
2.000 millones de habitantes actualmente carecen de acceso a servicios energéticos modernos
Se trata de una dicotomía seria, y aparentemente irreconciliable. Sin embargo, considerando la situación después de la COP-7 en Marrakech – y celebrando que el Protocolo finalmente es ratificable – me inclino a creer que existe una verdadera posibilidad de un enfoque bastante equilibrado hacia las cuestiones de la energía y los cambios climáticos, y más generalmente, hacia un desarrollo sostenible. Existe un importante mensaje en el mero hecho de que, gracias a una estrecha colaboración entre el mundo en desarrollo (G-77) y la Unión Europea, la comunidad internacional pudiera superar todas las fastidiosas dificultades y ponerse de acuerdo sobre una amplia gama de decisiones, medidas y mecanismos para lograr que el discutido instrumento finalmente fuera ratificable. El multilateralismo y la cooperación internacional logran resultados positivos.

Lo mismo es cierto para la energía y su relación a largo plazo con el desarrollo sostenible, y su impacto sobre el mismo. Sería posible alcanzar el objetivo de “energía para un desarrollo sostenible” mediante una auténtica cooperación internacional, que tomara en debida consideración tanto los requisitos de los países en desarrollo para un progreso a largo plazo, como la exigencia de luchar contra las consecuencias de los cambios medioambientales y climáticos. Esto requiere el uso de una combinación de fuentes y opciones energéticas, incluso el desarrollo de energías renovables y el mejoramiento del uso eficiente de la energía. La tarea de desarrollar tecnologías avanzadas para combustibles fósiles en general – y asegurar su accesibilidad para los países en desarrollo en particular – debe constituir un ingrediente importante de este enfoque general y esta política.

En último análisis, los objetivos estrechamente relacionados de poner a disposición fuentes de energía, haciéndolos accesibles y asequibles para los países en desarrollo, dependen de otros elementos y condiciones necesarios, a saber: la provisión de recursos financieros, la formación de capacidad, y la transferencia de tecnologías energéticas ambientalmente racionales y económicamente viables.

Estos objetivos pueden y deben perseguirse tanto al nivel regional como al internacional. Convendrá utilizar para ello diversos foros y canales existentes – incluso el continuo diálogo internacional entre productores y consumidores de energía – dentro del marco general de cooperación internacional.

Estoy convencido de que un auténtico enfoque multilateral hacia el problema de la energía y el cambio climático puede ser capaz, a largo plazo, de encararlo en todos sus diversos y múltiples aspectos y dimensiones, y desarrollar políticas y medidas deseables, al tiempo que viables, aceptables tanto para las naciones desarrolladas como para los países en desarrollo


El Embajador Bagher Asadi de la República Islámica de Irán es Presidente del Grupo de 77.

Foto: M.E.P. Pena/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Seguro y sostenible | Impulsando el multilateralismo | Satisfaciendo necesidades crecientes | Abran paso al coche cero-litro | Poder compartido | El petróleo y las aguas | Retos energéticos | En breve: Energía | Concurso | Potencia para la gente | Informe especial sobre China: Reducción del carbón | Viento de cambio | Existe otra opción | La promesa del sol | Oleadas de energía | Menos energía, más riqueza

 

Artículos complementarios:
En el número: Climate and Action December 1998
En el número: Climate change December 1997
Gerhard Berz: Insuring against catastrophe (Disasters) January 2001
Pier Vellinga: Flip-flop to catastrophe (Disasters) January 2001
Fazlun Khalid: Guardians of the natural order (Culture) August 1996

Atlas Of Population And Environment De La AAAS:
Energy
Climate change
Air pollution