Existe otra
opcion

 
Gerd Leipold
afirma que la elección de una expansión masiva
de energía renovable incrementaría la seguridad,
mitigaría la pobreza, y restauraría la confianza
económica, además de encarar los
cambios climáticos.

Al enfrentarnos con la creciente inseguridad y deceleración de la economía mundial causados por los ataques terroristas del 11 de septiembre, la tarea de encarar el cambio climático podrá parecer una meta separada. No obstante, como ambientalistas, sabemos que todas las cosas están conectadas. Estos problemas están directa y críticamente vinculados entre sí. Si queremos tratar seriamente cualquiera de ellos es necesario que nos ocupemos de todos en conjunto.

El Primer Ministro británico, Tony Blair, recientemente preguntó: “¿Cuál es la lección de los mercados financieros, el cambio climático, el terrorismo internacional, la proliferación nuclear o el comercio mundial?”, y se contestó su pregunta diciendo: “La lección es que nuestro interés propio y nuestros intereses mutuos hoy día están inextricablemente unidos – que el poder, la riqueza y la oportunidad deben estar en manos de muchos, no de unos pocos.”

Si adoptamos un enfoque visionario y robusto para encarar el problema del cambio climático también lograremos verdadera seguridad, y produciremos un estímulo para la economía, además de mitigar la pobreza y contribuir a la creación de un mundo más justo.

La expansión masiva de la energía eólica y solar – y otras fuentes de energía renovable – proporcionaría la seguridad energética que tan urgentemente necesitamos. Es posible reemplazar los combustibles fósiles causantes del cambio climático y los reactores nucleares con su peligroso legado. Y al llevar la energía renovable a los 2.000 millones de habitantes más pobres del mundo mitigaríamos la pobreza, ayudaríamos a combatir enfermedades, facilitaríamos la educación, y daríamos esperanza e independencia – y crearíamos un medio ambiente mejor para todos, en todas partes del planeta.

Políticos, comentaristas y científicos en todas partes del mundo han descrito el cambio climático como el problema ambiental más apremiante hoy día. Pero el problema no se limita meramente a las agendas de los departamentos medioambientales. Por supuesto tiene efectos ambientales – incluso inundaciones, sequías, la muerte de los arrecifes de coral, el derretir de los glaciares árticos y antárticos y el alza del nivel de los mares – que afectarán a pueblos y economías, tanto directa como indirectamente. Pero las causas de este cambio climático se encuentran en el meollo de la sociedad industrial y su suministro de energía, casi enteramente dependiente de combustibles fósiles. Abordar el problema de los cambios climáticos significa la paulatina eliminación de estos combustibles.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático comprometió a los gobiernos a la “estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que prevendría la interferencia antropogénica peligrosa con el sistema climático”. Las Naciones Unidas también identificaron límites ecológicos que ya se están extendiendo, si no rompiendo, con la consecuencia de que muchos ecosistemas están mostrando señales de estrés.

Si hemos de mantenernos dentro de estos límites, será necesario restringir la cantidad de carbono en la atmósfera a largo plazo a un máximo de 400 partículas por millón de dióxido de carbono equivalente. Los estimados actuales – que dependen del número de bosques talados y replantados – nos permiten un presupuesto de carbono de entre 145 y 260.000 millones de toneladas.

El estimado central del “presupuesto de carbono” de 225.000 millones de toneladas representa tan sólo una cuarta parte de las reservas económicas existentes y es una fracción muy pequeña (5%) de la base de recursos estimada de petróleo, carbón y gas.

Otra realidad aún más aleccionadora es que, a la actual tasa de uso de combustible fósil, este presupuesto estará agotado en menos de 40 años. Y si la demanda de energía sigue aumentando al ritmo actual de 2% por año, esto se produciría dentro de mucho menos de tres décadas.

El trato finalizado en Marrakech en noviembre significa que ya no debería haber obstáculos, reales o imaginados, para la ratificación de todas las Partes del Protocolo de Kioto. Todos – incluso los Estados Unidos – deberían hacerlo ahora para poner el Protocolo en vigor para la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible a celebrarse en septiembre 2002. Empero, si bien esto constituye un válido primer paso, el Protocolo sólo llama a una reducción de apenas más de 5% de parte de las naciones industrializadas – y hasta esta provisión deja abiertas a tantas escapatorias que en efecto permite un incremento de las emisiones.

Es necesario acelerar el programa para las negociaciones sobre el segundo período de compromiso y establecer metas para asegurar que los países industrializados tengan una trayectoria de emisiones fija que les haría reducir las emisiones en por lo menos 80% para el año 2050.

La lógica científica de lo que debemos emprender para lograr esto es incuestionable. Debemos iniciar una rápida reducción del uso de combustibles fósiles, que conduzca a una supresión progresiva dentro del espacio de una generación. Esto significa que las necesidades energéticas del mundo deberán satisfacerse de fuentes renovables y limpias.

A través de 30 años, Greenpeace ha venido diseminando la visión de un mundo pacífico y seguro. Esto es más necesario que nunca hoy día para alejar al mundo del terror y de la guerra, y guiarlo hacia una seguridad proveniente de la liberación del hambre, de la pobreza y de la enfermedad de todos los habitantes – un mundo en que todos tendrán agua limpia para beber, aire puro para respirar, alimentos no contaminados para comer y libertad para vivir una vida sin miedo. Suplicamos por una nueva clase de paz, una paz basada en proporcionar a la gente las seguridades básicas de la vida de tal manera que el terrorismo no pueda ejercer dominio, y una paz que trate de construir un mundo en que interdependencia significa necesidad productiva mutua, en lugar de aprensión y temor.

Es necesario que descartemos tecnologías peligrosas tales como la energía nuclear y la producción de materiales tóxicos. Debemos abolir todas las armas biológicas, químicas y nucleares. Entretanto, un masivo incremento en las fuentes de energía renovable contrarrestaría la desigualdad creada por la extrema indigencia.

Más de 2.000 millones de habitantes del mundo carecen de electricidad fiable. Millones más viven en pobreza y miseria. Los impactos del cambio climático identificados en el Tercer Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos plantean un grave riesgo para el desarrollo, particularmente en las zonas más pobres del mundo. Es dable esperar que derechos fundamentales como el acceso fiable a alimento, agua y atención de la salud irán tornándose más precarios a medida que acelera el calentamiento de la Tierra. Eventos meteorológicos extremos ya están matando, o dejando desamparados, a decenas de miles de personas todos los años.

Por otra parte, nuestra dependencia de combustible fósil también está perpetuando conflictos en torno a recursos. La continua y creciente dependencia de fuentes de energía destructoras del medio ambiente no hace sino aumentar el poder de los pocos sobre los muchos, incrementando con ello la inestabilidad. Es preciso que rompamos el poder que los actuales proveedores de energía detentan sobre la sociedad.

El Grupo de Trabajo G8 sobre Energía Renovable demostró en su reciente informe que los obstáculos para un interés de gran escala en las fuentes de energía renovable no son tecnológicos sino financieros y políticos. El principal hallazgo del Grupo fue que “los recursos de energía renovable pueden ahora reducir considerablemente los impactos medioambientales locales, regionales y mundiales, así como los riesgos de seguridad energética, y, en ciertas circunstancias, pueden bajar el costo para el consumidor”.

El informe concluyó que una inversión de 250.000 millones de dólares a través de diez años proporcionaría energía renovable a 1.000 millones de personas – 200 millones en los países de la OCDE y 800 millones de los habitantes más pobres del mundo.

Del mismo modo, The Solar Generation (La Generación Solar), un nuevo informe de Greenpeace y la Asociación Europea de la Industria Fotovoltaica, predice que, dado el suficiente apoyo gubernamental e industrial, para 2020 la energía solar podría proveer 2,3 millones de empleos mundialmente, y proveer energía a 1.000 millones de personas en todo el mundo. Una campaña mundial para convertir nuestras economías energéticas en renovables crearía empleos y, con ellos, la confianza que está faltando cada vez más en la economía mundial.

Necesitamos una intervención política mundial para luchar contra el cambio climático, a la par con el mismo compromiso masivo y rápido de recursos y priorización que el mundo ha visto recientemente en respuesta a actos de terrorismo.

El 11 de septiembre marcó un momento para elegir. ¿Acaso nos ocuparemos de la inestabilidad y la inseguridad surgida de la desigualdad, o continuaremos por la senda de cada vez más dolor y sufrimiento?

La sabiduría convencional dicta que no hay otra opción que continuar nuestra dependencia de los combustibles fósiles, con toda la inestabilidad y el daño que traen consigo.

Empero, existe otra opción. El cambio hacia la energía renovable ocasionaría un importante cambio en el poder, crearía millones de empleos, disminuiría el miedo y mitigaría la ansiedad de millones de seres humanos – y combatiría de forma efectiva el cambio climático, la mayor amenaza singular para el planeta


Gerd Leipold is Executive Director de Greenpeace International.

Foto: Mario Infante/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Seguro y sostenible | Impulsando el multilateralismo | Satisfaciendo necesidades crecientes | Abran paso al coche cero-litro | Poder compartido | El petróleo y las aguas | Retos energéticos | En breve: Energía | Concurso | Potencia para la gente | Informe especial sobre China: Reducción del carbón | Viento de cambio | Existe otra opción | La promesa del sol | Oleadas de energía | Menos energía, más riqueza

 

Artículos complementarios:
En el número: Climate and Action December 1998
En el número: Climate change December 1997
Gerhard Berz: Insuring against catastrophe (Disasters) January 2001
Pier Vellinga: Flip-flop to catastrophe (Disasters) January 2001
Jan Pronk: Nature’s warnings (Disasters) January 2001

Atlas Of Population And Environment De La AAAS:
Energy
Climate change
Air pollution