Satisfaciendo
necesidades crecientes

 
François Roussely
hace un llamado a una estrategia a
largo plazo en el interés público.

La energía es uno de los problemas fundamentales del siglo xxi. Es imprescindible que encontremos una manera de satisfacer las crecientes necesidades de los habitantes del mundo, la mayoría de los cuales aún viven en la pobreza, y hacerlo sin saquear los recursos que habrán de necesitar las generaciones futuras, sin contaminar nuestros ecosistemas o perturbar la biosfera, y sin ejercer excesiva presión sobre las regiones del mundo ricas en energía.

El primer problema con el cual nos enfrentamos es la explosión en la demanda, debida al enorme incremento de la población así como a los esfuerzos de algunas de las regiones más densamente pobladas del mundo para desarrollar sus economías. En tan sólo una generación, la población mundial aumentó en casi 2.000 millones de habitantes – un incremento de 33%. Esto ha ocurrido principalmente en países en desarrollo, donde el consumo de energía asciende al equivalente de 0,8 toneladas de petróleo per capita, comparado con 4,8 en naciones industrializadas. Más de 2.000 millones de seres humanos aún carecen de acceso a energía comercial.

El Consejo Mundial de la Energía pronostica que, a menos que se produzca un dramático aumento en la pobreza, el consumo energético mundial subirá en 50% entre 1990 y 2020 – en otras palabras, se espera que el consumo de electricidad doblará. Y esto no será más que una reducción parcial de la brecha entre el uso energético del mundo en desarrollo y el mundo industrializado.

Por fortuna existen abundantes recursos de energía inmediatos: 250 años de reservas de carbón, 40 años de petróleo, 70 de gas. Los problemas residen principalmente en las opciones energéticas que hacen caso omiso del futuro del planeta y sus habitantes. Todos sabemos que quemar combustibles fósiles conduce a masivas emisiones de gases de efecto invernadero, que amenazan con trastornar el clima. Sabemos que hasta si los recursos de energía son abundantes, cada partícula de petróleo, gas o carbón consumida hoy, mañana faltará. Podemos ver que la distribución desigual de recursos de hidrocarburo alrededor del mundo ya es una causa de conflicto mundial.

No obstante, todavía se utilizan combustibles fósiles para la mayoría de las necesidades de transporte y otras necesidades, incluso más de 60% de la generación mundial de energía. Desde 1992 (año de la Cumbre de Río de Janeiro), las emisiones de dióxido de carbono han aumentado en un promedio de 100 millones de toneladas por año. Esto presenta enormes retos para el mundo. Mas pese a ello, no nos damos por vencidos, y sabemos qué hace falta emprender para asegurar un desarrollo sostenible.

La experiencia en los países industrializados nos ha enseñado que ofrecer servicios de energía “verde” a familias y empresas que satisfacen exigentes criterios medioambientales se ha convertido en un valor comercial, tanto en el sector residencial como en el sector de las empresas, donde el uso eficiente de energía constituye un asunto de enorme importancia.

Los países en desarrollo podrían saltearse la etapa que nosotros atravesamos durante varias décadas, durante la cual el crecimiento de la producción industrial iba de la mano con un incremento de la contaminación, siempre y cuando podamos asegurar la transferencia de tecnologías eficientes a esas naciones. El “Proyecto Azul” de Beijing en el cual está involucrado el grupo EDF (Electricité de France) está planeando el reemplazo de las viejas calderas de la capital operadas a carbón con usinas eléctricas de ciclo combinado a gas natural, reduciendo así enormemente la contaminación local y las emisiones de efecto invernadero. En Malí, donde estamos electrificando varias aldeas, también estamos distribuyendo lámparas de bajo consumo energético. El acceso a energía requiere acceso a tecnologías de utilización energética eficiente.

Será necesario utilizar combustibles fósiles durante largo tiempo en el futuro – su consumo continuará subiendo aún si logramos reducir su relativa proporción en la mezcla de combustibles del mundo. Esta es una de las razones para canalizar el consumo de petróleo hacia usos específicos, y para confinar la generación de energía al gas (que es más limpio) y, ante todo, hacia el carbón, cuya abundancia y distribución evita problemas geoestratégicos. El desarrollo de tecnologías “limpias”, tales como lechos fluidizados o gasificación reduciría el impacto ejercido sobre el medio ambiente por el carbón.

Los renovables
Al mismo tiempo, deberíamos desarrollar energías renovables, especialmente la primera y más poderosa entre ellas – el agua. El potencial de energía hidroeléctrica está lejos de ser plenamente explotado.

Los experimentos llevados a cabo por el grupo EDF con energía eólica en Italia, el Caribe y Marruecos, con energía solar en Alemania, Francia, Malí y Brasil, con energía geotérmica en Guadalupe y con biomasa en Francia y Réunion, demuestran la viabilidad económica de estas soluciones bajo ciertas condiciones.

Mas es preciso reconocer que la energía nuclear y las usinas hidroeléctricas de gran escala son las únicas alternativas de los combustibles fósiles para producir cantidades masivas de electricidad barata, sin emisiones de gases de efecto invernadero. A mi parecer, los países industrializados tienen la obligación de usarlas y mejorar la tecnología y los procesos de gestión de residuos a fin de permitir a los países en desarrollo ganar acceso a técnicas de generación de energía más fáciles de implementar. La energía nuclear sigue siendo el principal método de generación de energía eléctrica en Europa, donde representa el 35% de la producción total.

El mundo construirá tantas centrales eléctricas en los próximos 20 años como durante todo el siglo xx. Es una buena oportunidad para hacer las decisiones de inversión correctas.

Si bien ya existen los recursos y la tecnología necesarios, es preciso que aseguremos que todos puedan obtener beneficio de ellos. La mundialización del comercio está alentando a los grandes grupos energéticos a hacer inversiones en los países en desarrollo. Formulas tales como los contratos “BOT” (build, operate, transfer: construcción, operación, transferencia) permiten a un país abrir sus puertas a inversores que se comprometen a entregar las centrales eléctricas después de operarlas por espacio de 15 a 20 años. Varias de nuestras instalaciones alrededor del mundo están basadas en este tipo de contratos. Pero las serias escaseces de energía en el Brasil y California demuestran que hasta zonas de fuerte expansión están encontrando difícil lograr el nivel de inversión necesario.

La tarea de ofrecer acceso a energía a los habitantes más pobres del mundo requiere soluciones apropiadas. Nosotros estamos desarrollando estas soluciones tanto en Francia como en los distritos urbanos desaventajados de Sudáfrica y América Latina, proveyendo un servicio de calidad al mismo tiempo que rentable. Asimismo, hemos demostrado que es posible electrificar aldeas remotas usando sistemas descentralizados, si bien el pago era efectuado por empresas locales de acuerdo a la cantidad de consumo.

Riesgo de miopía
Empero, estas soluciones no son automáticas. Su éxito no proviene simplemente de fuerzas de mercado. La feroz competencia puede llevar a cierta miopía, y las empresas comerciales con frecuencia se ven forzadas a tratar de obtener un rápido rendimiento de sus inversiones. Esto se inclina a favor de las inversiones en centrales de energía térmica más bien que en usinas hidroeléctricas, y, en efecto, favorece la inversión en otras cosas aparte de la energía.

Hasta hubo un movimiento a favor de dividir grandes grupos de energía, con el objeto de alentar la competencia. Esto obstaculizó la eficiencia económica, y limitó la capacidad para la investigación y el desarrollo, tan vitales para abrir nuevos enfoques, por ejemplo el uso de hidrógeno o la pila-combustible.

La experiencia nos ha enseñado que el éxito de los contratos BOT o las soluciones energéticas para clientes empobrecidos requiere la cooperación entre el proveedor, las autoridades y las asociaciones comunitarias. La política energética no debe depender únicamente de contratos privados. Es incumbencia de toda la comunidad.

Hace falta un ambiente institucional dispuesto, estable, justo y democrático para garantizar una política a largo plazo en el interés público. Es necesario fortalecer los sistemas de desarrollo internacional e introducir regulaciones y normas encaminadas a favorecer energías que ahorran recursos fósiles.

La industria de la energía demanda mucho espacio para considerar el interés público, y oportunidad para el debate


François Roussely es Presidente de Electricité de France.

Foto: P. Gleizes/UNEP/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Seguro y sostenible | Impulsando el multilateralismo | Satisfaciendo necesidades crecientes | Abran paso al coche cero-litro | Poder compartido | El petróleo y las aguas | Retos energéticos | En breve: Energía | Concurso | Potencia para la gente | Informe especial sobre China: Reducción del carbón | Viento de cambio | Existe otra opción | La promesa del sol | Oleadas de energía | Menos energía, más riqueza

 

Artículos complementarios:
En el número: Climate and Action December 1998
En el número: Climate change December 1997

Atlas Of Population And Environment De La AAAS:
Energy
Climate change
Air pollution