Menos energía,
más riqueza

 
Ernst von Weizsäcker

El consumo de energía incrementó de la mano con el crecimiento económico durante la época de industrialización. Esto no puede continuar para siempre. Después de todo, la energía es un recurso limitado, mientras que la expansión económica, en teoría, puede continuar indefinidamente.

Los combustibles fósiles podrían durar por otros 200 años, y su uso causa el calentamiento de la Tierra. Aún quedan tan solo algo más de 150 años para el uranio, y la energía nuclear tropieza con resistencia sin fin. La factibilidad de la energía de fusión sigue siendo dudosa, y los flujos masivos de neutrón y tritio la convierten en incómodo vecino de la fisión nuclear. Los renovables irán aumentando, pero al mismo tiempo podrían tropezar con conflictos ambientales en el proceso: basta pensar en la controversia que rodea a la construcción de grandes represas, los monocultivos para leña o las protestas contra los “parques” de energía eólica.

Por otra parte, el consumo energético también plantea riesgos políticos. Consideremos los gastos militares que los Estados Unidos y otros países incurren para “asegurar” su acceso a los recursos de petróleo de Medio Oriente y del Mar Caspio. Y pensemos en la vulnerabilidad de las grandes plantas energéticas y todo el “ciclo” del combustible nuclear al terrorismo y la guerra.

Por fortuna, somos menos dependientes de la energía de lo que imaginamos. Es posible aumentar por lo menos diez veces la productividad energética – la cantidad de riqueza que podemos extraer de un barril de petróleo o de 1 kilovatio-hora. Esto podrá parecer una afirmación temeraria, pero considérese lo siguiente: un solo kilovatio-hora es suficiente, en teoría, para subir una mochila de 15 kilogramos desde el nivel del mar a la cumbre del Everest – dos veces.

La productividad energética es alta técnica, es moderna, y por lo general conviene. Un libro del cual fui autor con Amory y Hunter Lovins (Factor Four: Doubling Wealth, Halving Resource Use, Earthscan, 1997) ilustra 20 ejemplos de casos en que se ha cuadruplicado la productividad energética.

Uno de ellos es el “hypercar” de Amory Lovins, que se espera necesitará sólo 1,6 litros de combustible por cada 100 kilómetros. Otros ejemplos son edificios que requieren una cuarta parte o tan sólo una décima parte de la energía de las normas actuales para calentar y enfriarlos. También se incluyen aparatos domésticos, bombillas, acondicionadores de aire, sistemas de bombeo, equipo de oficina y alimentos.

Lo que podrá haber parecido algo descabellado, cuando el libro fue escrito, ahora ha llegado al mercado. Los edificios de uso energético eficiente ahora son estándar en países con precios de energía razonablemente altos, mientras que la industria automotriz hoy día muestra interés mucho mayor en los automóviles que usan la energía de forma eficiente.

Posiblemente el logro más alentador es el éxito de China de reducir sus emisiones totales anuales de dióxido de carbono (CO2) durante tres años consecutivos, a pesar de sus tasas de crecimiento económico de 7%, principalmente gracias a haber cerrado fábricas altamente derrochadoras de energía, reemplazándolas por otras de uso energético eficiente. Bajo las condiciones actuales en China, se estima que la reducción de cada tonelada de emisiones de CO2 mediante el incremento de la eficiencia energética representa un ahorro de 10 dólares, mientras que hacerlo mediante la sustitución de energía renovable por carbón podría costar 10 dólares.

Cuando el Director Ejecutivo del PNUMA, Klaus Toepfer, era Ministro alemán para el Medio Ambiente, el país introdujo poderosos incentivos para la generación de energía eólica, pequeñas usinas hidroeléctricas, de biomasa y tecnología fotovoltaica. Se obligó a las empresas de servicios públicos a compensar a los pequeños proveedores de electricidad a precios que cubrían total o parcialmente el costo de producción. Después de las elecciones de 1998, los incentivos fueron reforzados por el Gobierno rojo-verde. Hoy día, Alemania es la principal productora de energía eólica del mundo y uno de los principales protagonistas en materia de energía fotovoltaica (que recibió un aliciente adicional en forma de un programa de 100.000 techos subsidiado por el Estado).

Hace mucho que Suecia viene aplicando códigos de construcción para oficinas y edificios domésticos con ambiciosas metas de uso energético eficiente. Los fabricantes cooperan con las autoridades públicas en los estándares de eficiencia para aparatos domésticos.

Aunque lejos de ser populares, se han introducido “impuestos verdes” en la mayoría de los países de la Unión Europea. En el plano internacional, el desarrollo más significante es el comienzo de un sistema de compraventa de derechos de emisiones de CO2, si bien es demasiado temprano para juzgar su impacto.

A nosotros en el Instituto de Wuppertal nos gusta comparar el desarrollo actual y futuro de la productividad energética con el desarrollo de la productividad laboral durante la Revolución Industrial. Cuando la máquina a vapor de James Watt anunció la Revolución Industrial, la productividad era deplorablemente baja, pero incrementó 20 veces en el curso de dos siglos. Hoy día, el recurso realmente escaso no es la mano de obra, el trabajo, sino la naturaleza. Sería sabia medida – si no ineludible – concentrarnos ahora en incrementar los recursos, especialmente la productividad energética. Y tal vez, dentro de 200 años se reportarán éxitos similares en este fascinante campo del progreso tecnológico


Ernst von Weizsäcker fue Presidente fundador del Instituto de Wuppertal para Clima, Medio Ambiente y Energía, y es Presidente del Comité Selecto del Bundestag para Mundialización Económica.

Foto: D Riva/UNEP/Still Pictures


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Seguro y sostenible | Impulsando el multilateralismo | Satisfaciendo necesidades crecientes | Abran paso al coche cero-litro | Poder compartido | El petróleo y las aguas | Retos energéticos | En breve: Energía | Concurso | Potencia para la gente | Informe especial sobre China: Reducción del carbón | Viento de cambio | Existe otra opción | La promesa del sol | Oleadas de energía | Menos energía, más riqueza

 

Artículos complementarios:
Pier Vellinga: Flip-flop to catastrophe (Disasters) January 2001
Jan Pronk: Nature’s warnings (Disasters) January 2001
Claude Martin: FOCUS: Millennial warning (Looking Forward) 1999
Ernst Ulrich von Weizsäcker and Hermann E. Ott:
Tax bads, not goods (Climate and Action) December 1998
Tony Blair: Opportunity, not obstacle (Climate and Action) December 1998
Jan F. Feenstra: Time to adapt (Climate and Action) December 1998
Robert Watson: The heat is on (Climate change) December 1997
John Browne: A new partnership to make a difference (Climate change) 1997
Christiana Figueres and Anne Hambleton: Carbon for sale! (Climate change) 1997