Progreso y posibilidades

 
David Anderson evalúa los progresos logrados en la tarea de controlar los productos químicos que ponen en peligro la salud y el medio ambiente y propone prioridades para futuras medidas

Hace casi diez años, en la Cumbre para la Tierra en Río de Janeiro, la comunidad internacional afirmó que no era posible tratar de resolver los problemas ambientales mundiales de forma aislada de los retos del desarrollo.

Los preparativos para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible nos brindan una oportunidad para celebrar los éxitos logrados desde la Cumbre para la Tierra de 1992, así como la obligación de renovar nuestro compromiso para medidas futuras. Uno de los campos en que se ha registrado un progreso importante es la ordenación racional de los productos químicos.

Al recorrer el norte de Canadá, como he hecho en varias ocasiones, el viajero queda embelesado por la belleza y la pureza del paisaje ártico. Pero las apariencias pueden engañar. El Artico ya no es un medio ambiente totalmente prístino. En el curso de las décadas, su ecosistema ha venido acumulando residuos tóxicos de granjas y fábricas a miles de kilómetros de distancia. Estos contaminantes presentan importantes riesgos potenciales para los habitantes y para la fauna silvestre de la región.

Muchas de estas sustancias no son utilizadas o producidas en el norte. Provienen de otras partes del mundo, transportadas por las grandes corrientes de aire que circunvuelan el globo. Y con mayor probabilidad vienen a depositarse en climas más fríos como el Artico, donde se bioacumulan en la cadena alimentaria.

Salud y supervivencia
Los pueblos residentes en el norte dependen de alimentos tradicionales para su salud y su supervivencia cultural – alimentos que ahora contienen contaminantes orgánicos persistentes (COP). Estudios recientes han demostrado, por ejemplo, que en algunas zonas del norte, 40 a 65% de las mujeres tienen niveles de bifenilos policlorados en la sangre de hasta cinco veces más altos que las pautas establecidas por nuestras autoridades sanitarias.

Estos productos químicos no tienen favoritos. Ningún país es inmune contra sus peligros. El hecho de que tanto la salud de los niños que viven cerca de ellos como a muchos kilómetros de distancia puede verse afectada por la misma fuente de las emisiones de COP demuestra la naturaleza insidiosa de estas toxinas. También significa que ningún país que trabaja por sí solo, no importa cuán concienzudos sean sus esfuerzos, puede solucionar su problema de COP. La envergadura del problema y otros retos concernientes a la gestión de los productos químicos demanda soluciones mundiales.
Ningún país que trabaja por sí solo, no importa cuán concienzudos sean sus esfuerzos, puede solucionar su problema de COP
Al aproximarnos a la Cumbre de Johannesburgo, desearía sugerir que la atención mundial en la gestión de los productos químicos debe enfocarse en tres prioridades. Nuestra primera prioridad debe ser asegurar que los acuerdos internacionales sobre productos químicos sean implementados. En segundo lugar, necesitamos hacer avances en la ciencia e incrementar nuestro conocimiento respecto a los impactos que las sustancias químicas ejercen sobre nuestra salud y sobre el medio ambiente a lo largo de todo su ciclo de vida. En tercer lugar, es necesario que traduzcamos el conocimiento a la acción. Y a fin de poder hacer esto, necesitamos formar la capacidad de manejar las amenazas químicas de forma efectiva.

Todos vivimos rodeados de productos químicos, con decenas de miles de ellos actualmente en uso y muchos otros nuevos introducidos cada año. Muchos son cruciales para nuestro bienestar. Ellos han impulsado importantes progresos en la producción agrícola y avances en la cura y prevención de enfermedades. Se han convertido en parte intrínseca de nuestra vida y se utilizan en virtualmente todos los productos de consumo: desde automóviles, papel y artículos textiles hasta materiales de construcción, alimentos y medicinas.

Si bien para nosotros, en muchos casos la amplia variedad de productos químicos que hemos creado ha mejorado la calidad de la vida, en la actualidad existe gran preocupación por la presencia de sustancias químicas en nuestro medio ambiente y sus implicaciones para la salud humana.

En el curso de los últimos diez años hemos hecho importantes avances en tratar el problema de los productos químicos mediante diversos acuerdos intergubernamentales, incluso la Convención de Estocolmo sobre los COP, el Convenio de Rotterdam para el procedimiento de consentimiento fundamentado previo (PIC) aplicable a ciertos plaguicidas y productos químicos peligrosos objeto de comercio internacional, el Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación, y el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono. La comunidad internacional ha perseguido estos acuerdos impulsada por el reconocimiento compartido de la naturaleza auténticamente mundial de la amenaza que estas sustancias químicas plantean tanto para la salud de los seres humanos como para el medio ambiente, en un compromiso compartido para emprender medidas enérgicas, y la convicción compartida de que hace falta asistencia financiera y técnica para ayudar a los países en desarrollo y países con economías en transición a fortalecer su capacidad para ordenar los productos químicos. Necesitamos continuar nuestros esfuerzos de colaboración para implementar estos acuerdos. Necesitamos enfoques hacia el gobierno medioambiental que aseguren un mayor cumplimiento y una mayor atención de las necesidades de formación de capacidades en los países en desarrollo.

Compromisos financieros y tecnológicos
De enorme importancia son los compromisos financieros y tecnológicos contraídos a través del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y por donantes individuales para asegurar que los países en desarrollo y países con economías en transición puedan obtener la asistencia que requieren para ayudarles a comprometerse a obligaciones respecto a los productos químicos y llevarlas a la práctica. Cada vez más, como una comunidad internacional, comprendemos que esto es fundamental para el progreso.

Toda acción internacional efectiva necesita una sólida base científica, y el compromiso a expandir nuestro entendimiento científico de los efectos de los productos químicos debe ser una prioridad. A medida que nos enteramos de las cantidades y características de las sustancias químicas en nuestro medio ambiente, los riesgos que presentan y para quiénes, lo que reconocemos más y más es la inmensidad de nuestra ignorancia sobre el tema. Es muy poco lo que sabemos sobre los efectos de la exposición de bajo nivel a largo plazo a ciertos productos químicos, así como sobre la forma en que interactúan entre sí en nuestro medio ambiente y en nuestro organismo. Los niños, por ejemplo, son particularmente vulnerables debido a su tamaño y peso relativo, sus sistemas inmunes inmaduros, y su mayor riesgo de exposición vitalicia acumulada. Los niños respiran más, beben más y comen más alimentos por peso que los adultos. Su inmadurez fisiológica puede tornar menos efectivos sus sistemas para eliminar sustancias químicas tóxicas y más susceptibles a absorberlos. El rápido desarrollo de su cerebro los hace especialmente sensibles a ciertos productos químicos y al riesgo de daño permanente. Los niños están más expuestos a una cantidad de contaminantes simplemente debido a su proximidad al suelo en que pueden encontrarse muchas sustancias perjudiciales, tales como plomo, y debido a su tendencia de llevar a la boca los dedos y las cosas con que juegan.

Es necesario que nos comprometamos a aumentar nuestra comprensión de los efectos ejercidos por los productos químicos. Y también debemos asegurar que se dé amplia difusión a los nuevos conocimientos.

A medida que los científicos continúan desentrañando los misterios de la manera en que las sustancias químicas impactan nuestro medio ambiente y nuestra salud, este conocimiento debe traducirse en acción. Las medidas mundiales deben estar acompañadas por medidas a los niveles regional y local. Y nuestra capacidad de emprender acción para encarar los retos planteados por amenazas ecológicas tales como los productos químicos se basan, en gran parte, sobre nuestra capacidad de construir puentes entre diversos sectores y trabajar juntos de una manera más efectiva.

Las recientes discusiones en torno al fortalecimiento de la ordenación y la gobernancia ambiental han puesto de relieve la necesidad de aprovecharse mejor de las sinergías, cruzar los conductos sectorales que a menudo existen y realzar la cooperación – entre gobiernos, entre organizaciones de las Naciones Unidas, y entre la comunidad académica – a fin de asegurar la toma de decisiones integradas y una acción coordinada.

Como parte de este esfuerzo para mejorar la colaboración y la comprensión, dos importantes eventos se llevarán a cabo durante el año 2002 en los preparativos para Johannesburgo. El primero de ellos es la reunión de Ministros para Salud y Medio Ambiente de las Américas, a celebrarse en Canadá en marzo. El segundo es una reunión similar de Ministros para Salud y Medio Ambiente de Africa planeada para el mes de abril. Al reunir los asuntos de salud y medio ambiente al nivel político se extenderán nuevos puentes y se establecerán nuevos entendimientos. Esto sin duda mejorará la capacidad de los jefes de estado y los gobiernos para llevar a cabo un programa de salud y medio ambiente como seguimiento clave de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible.

Comprender la interconexión entre nuestra salud y la salud del medio ambiente que nos sostiene es central para un desarrollo sostenible de nuestro mundo. Cuando el plomo contenido en nuestro entorno disminuye la aptitud de los niños para aprender, cuando el agotamiento del ozono nos vuelve vulnerables a los rayos UVb, cuando el smog – la niebla tóxica – agrava el asma y cuando el cambio climático aumenta los peligros de incursiones de virus y pestes así como los eventos meteorológicos extremos, nuestro potencial humano se ve comprometido y nuestras perspectivas de desarrollo son reducidas.

Costos humanos y ambientales
Sabemos que la gente que vive en la pobreza también puede verse afectada de forma desproporcionada por la exposición a peligros químicos. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, “los insecticidas elegidos con preferencia en el mundo en desarrollo a menudo son compuestos de espectro más amplio pertenecientes a (...) familias de productos químicos conocidos por su aguda toxicidad.” Por lo general estos productos son más accesibles porque suelen ser más baratos. No obstante, conllevan costos humanos y ambientales indirectos. Hasta en naciones desarrolladas, los vecindarios de familias de bajo ingreso con frecuencia son los que se encuentran más cercanos a vertederos e industrias urbanas, muchas veces fuentes de exposición a sustancias químicas. La gestión racional de los productos químicos también requiere recursos adecuados para asegurar la elección más segura, además de prácticas adecuadas de manejo, almacenamiento y eliminación.

Es evidente que la provisión de una protección efectiva para nuestros entornos y para los habitantes que viven en ellos requerirá la innovación del diseño y la operación de nuestras minas, nuestras granjas, fábricas, refinerías, nuestros sistemas de transporte, nuestros parques y otras amenidades potencialmente capaces de crear desechos y contaminación. Requiere una ordenación efectiva del ciclo de vida de los productos, desde el momento en que son extraídas del medio ambiente en estado virgen hasta el momento en que son devueltas por algún medio de eliminación.

Y sería de beneficio para todos si cada uno de nosotros diese seria consideración a determinar qué productos químicos en efecto contribuyen a la calidad de nuestra de vida y de cuáles entre la amplia variedad y volumen de sustancias producidas hoy día en el mundo podríamos prescindir.

Aplaudo a todos quienes en el curso de la última década han llevado el programa de las sustancias químicas al punto en que hoy se encuentra. Insto a la continuación de este esfuerzo. Como declaró el Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan: "Nuestro mayor reto en este nuevo siglo es tomar una idea al parecer abstracta – un desarrollo sostenible – y convertirla en una realidad cotidiana para todos los pueblos del mundo." La próxima Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible brinda a la comunidad internacional una oportunidad crucial para hacer progresos en las dimensiones medioambientales de esta meta. Aprovechémosla para formar alianzas y asociaciones para la acción necesaria internacionalmente así como en nuestras mismas puertas para alcanzar nuestra meta compartida de crear pueblos sanos y prósperos, que puedan vivir dentro de un medio ambiente sano


David Anderson, P.C., M.P. es Ministro para el Medio Ambiente de Canadá.

Foto: Natalia C. Mazzuchelli/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Puertas abiertas | Progreso y posibilidades | Un paso más adelante | Enfrentando el reto | Una llamada para despertar al mundo | Seguridad en un mundo en disminución | Premio Sasakawa 2001 para el medio ambiente | Concurso | Economía doméstica mundial | Trastornando los mensajes de la vida | Ubicuos y peligrosos | Mucho ya hecho – y mucho por hacer | Controlando los COP | Una primera línea de defensa | Invirtiendo la carga de las pruebas

Artículos complementarios:
En el número: Chemicals 1997
En el número: Hazardous Waste 1994
AAAS Atlas of Population and Environment:
Population, waste and chemicals