Seguridad en un mundo
en disminución

 
Su Majestad la Reina Noor de Jordania paz y la seguridad dependen de capacitar a la gente para participar en la conservación de los recursos y el desarrollo sostenible


El presente artículo se ha condensado de la conferencia Pastrana Borrero pronunciada por Su Majestad la Reina Noor en ocasión de la presentación del Premio Sasakawa del Medio Ambiente 2001 del unep en Nueva York el 19 de noviembre de 2001.

En medio de los desastres y conflictos sin precedentes de las últimas semanas, es más crucial que nunca que nos aferremos a la humanidad como el centro de todos nuestros intentos y esfuerzos. Cualquier otro enfoque es perjudicial para los habitantes de la Tierra así como para el medio ambiente del cual todos dependemos.

A medida que las tecnologías y estrategias de mundialización van extendiendo su alcance, las comunidades locales se sienten cada vez más marginadas. Ya sean económicos o ambientales, los programas mundiales se perciben ampliamente como a favor de “los pudientes”, a expensas de “los desposeídos”. Culturas y creencias que son ignoradas se encierran en sí mismas para preservar sus identidades, se radicalizan, y recurren al extremismo y hasta a la violencia para hacer oír su mensaje.

La indiferencia hacia las necesidades locales – ya sea por parte de grandes corporaciones multinacionales o por un desarrollo paternalista planeado centralmente – ha dado lugar a una violenta reacción contra la mundialización, desde los protestadores contra la Organización Mundial del Comercio hasta el número cada vez mayor de grupos separatistas políticos y étnicos, y – cosa más horrenda de todas – de los terroristas. Si bien no es posible aprobar sus métodos, sus motivos a menudo están vinculados a ambientes de desigualdad, alienación y desesperación. Desgraciadamente, sus acciones – y las respuestas que provocan – ponen en peligro a las poblaciones, y con frecuencia al medio ambiente.

El primer monopolio mundial
Los problemas ambientales no conocen fronteras. La naturaleza fue el primer monopolio mundial. La contaminación atmosférica no se detiene en el cerco de la fábrica, y ni hablar en alguna línea trazada en el mapa. El agotamiento del agua no reconoce fronteras políticas, pero – como muy bien sabemos en nuestra región – tiene consecuencias políticas profundas. En ninguna parte es más apto el adagio “pensar mundialmente, actual localmente” que en los asuntos ambientales. Las decisiones en materia de conservación pueden ser cruciales a un nivel mundial, pero están destinadas al fracaso si ignoran intereses locales. Las presas planeadas desde el centro, por ejemplo, han destrozado muchas comunidades locales y desencadenado inquietud. Las cuotas de pesca generalizadas son casi imposibles de hacer cumplir – y hasta pueden ser fuentes de conflicto – si pasan por alto asuntos como la actitud cultural hacia el cumplimiento y el efecto de las reglamentaciones sobre las economías locales.

Para muchas naciones, las preocupaciones de seguridad se centran ahora menos en las fronteras y el poder militar externo que en los crecientes conflictos que arraigan de la pobreza, los pueblos desplazados, la inestabilidad económica y la competencia por recursos compartidos.

Vínculos irrompibles
Los vínculos irrompibles existentes entre el medio ambiente y la seguridad son harto evidentes en Oriente Medio. Las escaseces de agua y tierra cultivable, en particular, causan cada vez más confrontaciones, a veces violentas, tanto entre como dentro de naciones. El medio ambiente es una causa de tensión política en todas partes del mundo y podría convertirse en una importante fuente de conflicto en años por venir. Sin embargo, existe evidencia de que la solución equitativa de las disputas puede ayudar a promover una paz más amplia. La participación en el uso del agua fue una piedra angular en el acuerdo de paz jordano/israelí de 1994: a continuación del tratado, nuestro país pudo lanzar un proyecto encaminado a incrementar la captación del flujo de escorrentía natural del río Yarmouk, la fuente de agua en torno a la cual tropas jordanas e israelíes habían entablado tiroteos.

La gravedad potencial de semejantes conflictos ha motivado a la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) a lanzar una iniciativa mundial de medio ambiente y seguridad, con el propósito de ayudar a esclarecer las causas de tensión y conflicto, e identificar las maneras en que la degradación de los recursos conduce a la inquietud local. Se espera que vinculando esta iniciativa con la seguridad social y económica de los pueblos – y en última instancia a una reducción en el sufrimiento humano – hará posible obtener mayor apoyo de la base para lo que, hasta ahora, con frecuencia se ha percibido como una preocupación en gran parte elitista, ofreciendo así la promesa de convertir la conservación en un asunto relevante para la vida de un público más amplio.

Los ecosistemas y las actividades humanas no son entes separados. Si podemos difundir la idea de que el bienestar social, la estabilidad económica y el medio ambiente natural son interdependientes – y que la degradación de cualquiera de ellos pone en peligro a los tres – hasta aquéllos para quienes el medio ambiente no ha sido una prioridad hasta la fecha podrán ver que ya no podemos seguir usando nuestros recursos en forma excesiva ni despilfarrarlos como hasta ahora. Esta formación de conciencia constituye el eje de la salud medioambiental.

Es necesario ver la seguridad medioambiental como un interés mundial vital. No puede existir sin la pacífica cooperación entre los Estados, mas esta paz misma puede verse amenazada por la desigualdad en los recursos. Los Estados deben reconocer que, sin seguridad medioambiental, jamás podremos asegurar la estabilidad política y económica.

Esta no es tarea fácil. La riqueza engendra indiferencia. La pobreza engendra desesperación. En el Norte desarrollado, la abundancia de dinero y recursos naturales aisla a los habitantes de las consecuencias del derroche. En el Sur en proceso de desarrollo – donde ocurren las mayores escaseces naturales – la pobreza da prioridad a la supervivencia y empuja la conservación a los márgenes.

El derecho del pueblo
Los programas de éxito colocan a la población local en el centro de la adopción de decisiones y la implementación, en lo que Misael Pastrana Borrero, el fallecido ex-Presidente de Colombia, llamó “la propiedad del medio ambiente de la comunidad”. Estos programas reconocen el derecho fundamental del pueblo a sus medios de sustento y al uso de sus propios recursos, y dependen de la educación y la participación para demostrar que las metas medioambientales son compatibles con ello.

Dos conceptos de la UICN, en particular, ahora forman el meollo de las estrategias de protección ecológica y desarrollo económico en muchos países: en primer lugar, que el uso de los recursos por las poblaciones locales no sólo es inevitable sino legítimo, siempre y cuando es ecológicamente racional; y en segundo lugar, que la conservación y el desarrollo están inextricablemente vinculados el uno con el otro. La síntesis de estos dos principios ha resultado en unos enfoques intrépidos e innovadores para fusionar el desarrollo económico y la protección del medio ambiente en una dinámica singular. Jordania se encuentra entre otros muchos países que se han beneficiado de semejante asistencia técnica, primero en desarrollar nuestras redes de reservas nacionales y más tarde en la formulación de una estrategia ambiental nacional a largo plazo, la primera en el Medio Oriente. Nuestra experiencia fue un catalizador para establecer otros programas entre los Estados árabes y ayudó a promocionar el monitoreo coordinado de las tendencias medioambientales regionales.

Por ejemplo, en las reservas naturales en Dana y Wadi Rum, en el Sur de Jordania, los esfuerzos de conservación se han vinculado al turismo y han revitalizado la producción local, incrementando el empleo y los ingresos. Una vez que los habitantes disfrutan una mejor calidad de vida tienen mayor interés en preservar la belleza natural y la biodiversidad. En todas partes de nuestro país, así como en muchos otros, la conservación de la naturaleza está demostrando ser un camino efectivo hacia el desarrollo socioeconómico nacional.

Las mujeres, la columna vertebral de las comunidades locales – con un interés en preservar el futuro de sus hijos – pueden ser de inestimable valor en tales esfuerzos de conservación. Pero también pueden abusar del medio ambiente, por ejemplo con la utilización derrochadora de leña en ciertas regiones de Africa, o mediante el uso de productos químicos en los hogares en ambientes más desarrollados.

La clave para el éxito
La educación y la formación de conciencia y conocimiento son la clave para el éxito en muchos de los esfuerzos medioambientales. El programa “La Mujer en el Medio Ambiente” del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), por ejemplo, procura integrar la conservación de la naturaleza y el desarrollo comunitario en las zonas alrededor de los Parques Nacionales en Bután a través de educación no-formal, actividades alternativas de generación de ingreso, microcréditos y ahorros, y creación de la conciencia ambiental y de desarrollo. Al ofrecer medios de sustento alternativos se ayuda a reducir la presión sobre los recursos naturales.

De modo similar, los programas del WWF en Fijí que fomentan la utilización y la conservación de la planta de kuta como un material para técnicas de tejeduría tradicionales están ayudando a las mujeres locales al mismo tiempo que a los pantanos donde la planta crece. Involucrar a las comunidades locales estrechamente en el planeamiento y las actividades que benefician tanto a ellas mismas como al medio ambiente es la forma más efectiva – y tal vez la única forma – de mantener a ambas.

El trabajo de Huey Johnson, ganador del Premio Sasakawa 2001 para el Medio Ambiente del unep, ejemplifica estos principios. Su interés seminal en culturas e historias locales en todas partes del mundo y su labor pionera en la implementación de proyectos que benefician a los residentes locales al mismo tiempo que al medio ambiente local, son amplia prueba del éxito de este enfoque. Su trabajo demuestra que cualquier plan de conservación verdaderamente mundial debe formarse de abajo arriba. Debe tener su fundamento en los intereses del pueblo. Debe incluir enfoques exhaustivos hacia el problema cada vez más grande de la pobreza humana, uno de los principales contribuyentes del daño ocasionado al medio ambiente. Y debe reconocer que las diferencias en los recursos requieren contribuciones diferentes.

Desafíos compartidos
Es injusto colocar el peso mayor de la carga de la preservación ecológica precisamente sobre los países que ya viven agobiados por las extremas escaseces de recursos, educación, infraestructura y dinero. Quienes usan la mayor parte de los recursos del mundo deben compartirlos con quienes tienen menos. Deben compartir no sólo sus recursos sino también su pericia, y su comprensión de que los desafíos con que se enfrentan los pueblos en otras partes del mundo también deben ser reconocidos como los suyos propios.

Tales desafíos requieren esfuerzo. Requieren crear la conciencia de individuos y comunidades y equiparlos con los elementos prácticos que les permitan utilizar los recursos sabiamente. Requieren el desarrollo de conocimiento y pericia, la experimentación con nuevos enfoques para la gestión ecológica y la aplicación de estos enfoques en otras regiones. Requieren dinero para respaldar tales experimentos y mantener en su lugar estas prácticas de gestión mejoradas. Y por último, necesitan gente.

Es necesario capacitar a la gente para participar en las decisiones que afectan a sus necesidades más fundamentales. Cuando se ofrece un interés a la gente en su propio futuro – en particular a las mujeres, quienes son absolutamente capitales en este proceso -, asumirán la responsabilidad y harán lo necesario, introduciendo cambios que sería imposible imponer por una autoridad superior.

La conservación debe asumir un lenguaje que la gente pueda entender. Debe comenzar en el corazón y empezar temprano. Debe estar basada a la vez en la sabiduría tradicional y la pericia moderna. Debemos alentar a las escuelas y las universidades en cada país a incluir la formación de conciencia en sus planes de estudio y promocionar programas encaminados a transformar todas las personas en guardianes, más bien que saqueadores, de la diversidad biológica.

Los gobiernos locales y nacionales – y los institutos financieros internacionales tales como la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial – deberían establecer iniciativas para la conservación basadas en los valores económicos, ecológicos, culturales e intrínsecos de los ecosistemas locales. Grupos y organizaciones no gubernamentales basados en la comunidad, con el necesario apoyo gubernamental, deben formar y fortalecer la educación y las comunicaciones involucrando a la gente en el proceso de la gestión participatoria, equitativa y responsable de los recursos.

Los recursos ambientales de nuestro planeta están disminuyendo aún más rápidamente de lo que la mundialización está disminuyendo y empequeñeciendo nuestro mundo. Estamos destruyendo las cosas mismas que nos mantienen, desde el agua que brinda la vida hasta los paisajes que nutren nuestra alma, hasta especies enteras de plantas y animales que tal vez contengan la clave para algunas de las más grandes amenazas para nuestra salud, hasta toda la red de recursos biológicos que soportan la vida misma. Una vez idos, han desaparecido para siempre. No podemos volver a crear nuestro mundo – sólo podemos conservar lo que el Creador nos ha dado. Cualquier otro curso roba a nuestros hijos, y sus hijos, el regalo que nosotros hemos recibido y derrochado.

Si nuestro mundo ha de tener un futuro, la conservación es crucial. Pero la gente, los seres humanos, son el recurso más importante del mundo. La preservación ecológica debe ser parte de un esfuerzo más grande para preservar la especie humana, no sólo colectivamente sino cada precioso individuo. Preservar el medio ambiente y proteger al hombre no deben ser metas conflictivas. En efecto, cada una de ellas es imposible sin la otra.

Una meta más alta
El Profeta Mahoma ha dicho: “El mundo es verde y hermoso y Dios os ha designado como sus administradores para vigilarlo”. La santidad de la vida, y lo maravilloso de la Tierra que es su cuna y su sostén son fundamentales para todas nuestras creencias. Mientras todas las voces sean escuchadas y oídas, mientras aseguremos que los intereses de nadie sean excluidos, estas creencias pueden reunirnos, en cooperación y entendimiento, unidos hacia el logro de una meta más alta.

Tal como creía el Presidente Pastrana, paz significa gente que vive en armonía unos con otros, y con la naturaleza. Esto es más que un sueño. Es una meta que debemos alcanzar a toda costa


Su Majestad la Reina Noor de Jordania es Patrona de la UICN, la Unión Mundial para la Naturaleza, y de la RSCN, la Sociedad Real para la Conservación de la Naturaleza de Jordania, miembro de la Junta Internacional de Fiduciarios del WWF, y Presidenta Honoraria de Birdlife International.

Foto: Hong Lui/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Puertas abiertas | Progreso y posibilidades | Un paso más adelante | Enfrentando el reto | Una llamada para despertar al mundo | Seguridad en un mundo en disminución | Premio Sasakawa 2001 para el medio ambiente | Concurso | Economía doméstica mundial | Trastornando los mensajes de la vida | Ubicuos y peligrosos | Mucho ya hecho – y mucho por hacer | Controlando los COP | Una primera línea de defensa | Invirtiendo la carga de las pruebas

Artículos complementarios:
Su Majestad la Reina Noor de Jordania: The right to diversity
(The Environment Millennium) 2000
En el número: Biodiversity 2000
Elizabeth Halpenny and Nicole R. Otte:
Not just nature (Tourism) 1999
Fazlun Khalid: Guardians of the natural order
(Culture, values and the environment) 1996
AAAS Atlas of Population and Environment:
Population and biodiversity