Invirtiendo la carga de las pruebas

 
Margot Wallström

Los productos químicos ofrecen muchos importantes beneficios para la sociedad. Las medicinas y productos farmacéuticos combaten la enfermedad y el sufrimiento y los plásticos proveen una amplia variedad de productos para el estilo de vida del siglo xxi. Por otra parte, la industria química emplea 1,7 millones de personas directamente en Europa, y otros 3 a 4 millones de empleos dependen de ella.

Sin embargo, existe creciente evidencia de problemas de salud asociados con nuestra exposición a ciertos productos químicos, incluso alergias y condiciones relacionadas con el asma. Según revelaron los datos científicos recientes, más de 350 productos químicos sintéticos fueron encontrados en seres humanos.

Por lo tanto, el reto es encontrar el justo equilibrio entre los beneficios y los riesgos e impactos inaceptables sobre la salud humana y el medio ambiente.

La vasta mayoría de los 100.000 productos químicos potencialmente producidos y usados en la Unión Europea (UE) fueron lanzados al mercado antes de que los nuevos procedimientos de evaluación de la UE entraran en vigor en 1981. Esto significa que las autoridades no poseen información suficiente sobre los riesgos que estas sustancias podrían plantear para la salud humana y el medio ambiente.

Los actuales procedimientos de valoración para esos productos químicos denominados “existentes” son demasiado engorrosos y lentos. El sistema legislativo actual también merece crítica por ser demasiado lento y demasiado burocrático. Así, el sistema ha desalentado involuntariamente la innovación y producción de sustitutos para los productos químicos perjudiciales.

En la actualidad, la carga de probar que un producto químico es peligroso recae en las autoridades. Es necesario invertir esto, de modo que los productores, los fabricantes y los usuarios secundarios sean los responsables de probar la seguridad de los productos químicos que lanzan al mercado.

La Comisión Europea señaló una importante revisión política en febrero de 2001 con la publicación de un Libro blanco en el cual se consignó la política gubernamental sobre una Estrategia para la futura política en materia de sustancias y preparados químicos de la UE. Este Libro Blanco tiene el doble propósito de lograr un alto nivel de protección para el medio ambiente y la salud y promocionar la competencia de la industria química europea, a modo de metas de apoyo mutuo.

La primera prioridad es cerrar la brecha de conocimiento respecto a los riesgos asociados con los 30.000 productos químicos existentes, 1 tonelada o más de los cuales se estima es producida por cada fabricante cada año. Para ello será necesario crear un sistema singular aplicable a las sustancias existentes – y en su mayoría no probados – y las sustancias nuevas que llegaron al mercado después de 1981, un sistema que ofrezca incentivos a la industria para recolectar datos y, de hacer falta, probar sustancias, usando métodos de ensayo no animales de ser posible.

También hará falta tomar decisiones pragmáticas, y la aplicación sensata del principio de precaución. En casos en que el conocimiento científico y técnico sólo ofrece información limitada sobre alguna sustancia, pero los impactos potenciales podrían ser importantes, convendrá que pequemos por exceso de precaución y limitemos o prohibamos su uso hasta tanto sus riesgos se hayan establecido adecuadamente.

El umbral no significa que las sustancias producidas o importadas en cantidades inferiores a 1 tonelada “escaparán” al control. La industria tendrá que asumir responsabilidad y deberá exigírsele evaluar los riesgos de cada sustancia y proporcionar información a los usuarios en forma de etiquetas y hojas de datos/certificados de seguridad.

Algunos fabricantes de productos químicos y asociaciones nacionales de productos químicos pretenden que la nueva estrategia de la UE pondrá en peligro el empleo en Europa y aumentará los costos para la industria. Aún no he visto cifras reales que prueben que tal será el caso, y personalmente encuentro poco convincentes estas afirmaciones.

Por el contrario, aplicada correctamente, la nueva estrategia debería asegurar los empleos existentes y hasta crear empleos y mercados nuevos. La estrategia promociona productos innovadores y responde a los deseos del consumidor de poder obtener productos químicos seguros para nuestra salud a la vez que para el medio ambiente. Esto dará a la industria europea una ventaja competitiva en el mercado mundial.

Estoy convencida de que el enfoque presentado en el Libro Blanco es equilibrado, y significa el progreso en el camino hacia un desarrollo sostenible. Todos saldremos ganando con la estrategia: consumidores, empleados en la industria, operadores comerciales, el medio ambiente y las generaciones futuras por igual


Margot Wallström es Comisionada Europea para el Medio Ambiente

Foto: Chi Wai Leung/PNUMA/Topham


Este número:
Indice | Editorial K. Toepfer | Puertas abiertas | Progreso y posibilidades | Un paso más adelante | Enfrentando el reto | Una llamada para despertar al mundo | Seguridad en un mundo en disminución | Premio Sasakawa 2001 para el medio ambiente | Concurso | Economía doméstica mundial | Trastornando los mensajes de la vida | Ubicuos y peligrosos | Mucho ya hecho – y mucho por hacer | Controlando los COP | Una primera línea de defensa | Invirtiendo la carga de las pruebas

Artículos complementarios:
En el número Food and Sustainable Development 1996, incluso
Oscar Zamora: The real roots of security
Abdou-Salam Ouedraogo and Ruth Raymond: Woodman, spare those genes!
Tewolde Egziabher: Safety Denied (Looking Forward) 1999
Gurdial Nijar: Elephants, mouse-deer and genetic modification (Looking Forward) 1999
L. Val Giddings: A new green revolution (Looking Forward) 1999